- Deportes
- /
- Zapatismo y Mundial 2026: ¿Habrá pasamontañas en las tribunas mexicanas?
Zapatismo y Mundial 2026: ¿Habrá pasamontañas en las tribunas mexicanas?
A las puertas de una nueva Copa del Mundo con México como una de las sedes, surge la duda: ¿tendrá el Ejército Zapatista voz en los estadios? Lejos de ser el "opio de los pueblos", para el EZLN el fútbol es organización y resistencia. Desde la histórica sintonía con el Inter de Milán y Javier Zanetti, hasta los torneos en el barro de Chiapas.
- abril 19, 2026
- Lectura: 7 minutos
Compartir:
- abril 19, 2026
- Lectura: 7 minutos
Compartir:
¿Habrá alguien que rinda homenaje a Emiliano Zapata en las tribunas de los estadios de México donde se disputen los partidos del Mundial 2026? ¿Irá algún zapatista? No se sabe aún. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) no emitió ningún comunicado al respecto. Pero en la Copa Africana de Naciones un hombre se vistió del líder revolucionario de la República Democrática del Congo, Patrice Lumumba, para homenajearlo durante varios partidos del torneo. ¿Qué dicen?
Si nos adentramos un poco en la historia, encontramos que la relación entre el zapatismo y el fútbol es más estrecha de lo que parece. El subcomandante Marcos escribió, un 11 de enero de 2013, una posdata en la que se mofaba del discurso ridículo de gran parte de las izquierdas y los progresismos sobre el balompié: “Sí, ya sé que van a decir que es el opio de los pueblos y que por qué promuevo la enajenación, la incultura, bla, bla”.
En la posdata de una carta citada como “Cultura deportiva general”, Marcos se despacha sobre el fútbol de la época: “Lionel Messi, cuando no hace comerciales de pan de marca, es sospechoso de tener un chicle en el botín. Cristiano Ronaldo, cuando no está haciendo comerciales de desodorantes, hace buenos goles”. Acá agrego al Diego (Maradona), quien en un programa de televisión de archivo con invitados, ante la pregunta sobre Cristiano Ronaldo y los goles, dijo: “Ronaldo hace un gol y no lo grita. Se queda mirando a la cámara, se acomoda el pelo y te vende un champú”.
Conocedor y practicante como pocos de los relatos y formatos de comunicación en los 90, Marcos recomienda leer al escritor uruguayo Eduardo Galeano para tener más información “sobre el fútbol como negocio y como alegría”, y luego señala que amar el fútbol y ser zapatista no es ninguna contradicción. Hasta se confiesa hincha de los Jaguares de Chiapas, en México; y del Inter de Milán, en Italia.
Y va más allá demostrando su conocimiento del tema: “Los zapatistas nos mantenemos firmes, somos como los verdaderos aficionados de Pumas, que están con el equipo gane o pierda; o como los aficionados del América que, cuando les dicen que son odiosos, responden ‘ódiame más’; o como los de la Máquina Azul, que se ponen bolsas en la cabeza como señal de vergüenza, pero no dejan de apoyar a su equipo; o como los que le van al Atlas, que siguen ahí manque no obste para que conste”.
Dicen los “zapatólogos” que para el EZLN el deporte no es solo recreación: es organización comunitaria y resistencia. En los territorios zapatistas se organizan torneos y seminarios de fútbol, a la vez que reconocen y utilizan la capacidad del deporte para convertirse en territorio de disputa simbólica donde se cruzan identidad, poder y resistencia.
En el primer Encuentro Internacional Deportivo de Mujeres que Luchan en Morelia, Chiapas, se realizó un partido de fútbol inaugural entre “Arcoiris Rebelde”, del caracol de La Realidad, contra “Jóvenas Rebeldes”, de Oventic. Jugaron con atuendos típicos y, por cada gol, anotaban una frase del encuentro en un pizarrón: “Que lleva una pelota bajo el brazo y una revolución en el pecho”.
Cuenta el periodista Javier “Vasco” Aguirre que en 1999 jugó un partido de fútbol contra ellos y tuvo que prestarles calzado porque los zapatistas llegaron con botas militares y no se quitaron el pasamontañas a lo largo del encuentro.
Para los zapatistas el deporte no es solo recreación: es organización comunitaria y resistencia. En sus territorios se organizan torneos y seminarios de fútbol, a la vez que reconocen y utilizan la capacidad del deporte para convertirse en territorio de disputa simbólica donde se cruzan identidad, poder y resistencia.
Algunos también recuerdan el vínculo del EZLN con el Inter de Milán. Corría mediados de la década del 2000; el fútbol ya era el artefacto global de la industria cultural por excelencia y uno de los negocios más rentables del mundo. En ese marco, el club milanés desarrollaba su programa social Inter Campus, orientado a utilizar el deporte como herramienta de inclusión en comunidades vulnerables.
Fue entonces cuando una delegación visitó Chiapas, una de las regiones más postergadas de México y bastión histórico del zapatismo. El vínculo derivó en una propuesta que desbordaba lo deportivo. El subcomandante Marcos envió una invitación formal al club italiano para disputar un partido. Era un encuentro pensado como un gesto político-cultural, una puesta en escena donde el fútbol funcionaba como lenguaje común entre mundos opuestos.
La lista de árbitros propuesta reforzaba ese carácter: Maradona como juez principal, acompañado por figuras como Jorge Valdano, Javier Aguirre y Sócrates, todos referentes del pensamiento crítico dentro del fútbol. El Inter aceptó. De alguna manera, el club italiano validaba simbólicamente un diálogo con un movimiento insurgente que cuestionaba de raíz el orden político y económico dominante.
En ese gesto tuvo peso la figura de Javier Zanetti, entonces capitán del equipo, quien había manifestado públicamente su interés por las causas sociales y su cercanía con los valores de inclusión que el zapatismo representaba.
Sin embargo, lo que parecía una postal histórica comenzó a chocar con la realidad. La logística de trasladar al plantel profesional, la complejidad política de organizar un evento con el EZLN, las tensiones diplomáticas implícitas y la dificultad de garantizar seguridad y viabilidad institucional terminaron por enfriar la iniciativa. El partido quedó atrapado entre la voluntad simbólica y los límites concretos del poder.
Nunca hubo fecha ni cancha. Maradona jamás ofició de árbitro, aunque su sola mención terminó de convertir la historia en leyenda. El episodio quedó relegado a cartas, comunicados y recuerdos fragmentarios, pero persistió como un momento en el que el fútbol pareció dispuesto a salirse de su guión habitual y dialogar, aunque fuera por un instante, con una de las experiencias políticas más singulares de América Latina.
A pesar de ello, el Inter de Milán continúa con sus proyectos sociales en Chiapas. Llevó entrenadores para trabajar con niños y niñas tzeltales, tzotziles y tojolabales, y mantiene sus donaciones de dinero, vehículos, ropa deportiva y pelotas.
En fin, volviendo al principio, sería valioso que hubiera alguna voz zapatista en el mundial. Proponemos cuatro razones:
- Desde 1994 vienen construyendo autonomía, salud, educación y gobierno propio sin pedir permiso al Estado. Tener presencia en el Mundial quizás sirva para comunicar su proyecto de «lo común y la no propiedad» frente a un público que normalmente no llega a Chiapas.
- En México hay colectivos convocando a un boicot al Mundial por los desplazamientos y aumentos del 155% en los alquileres. El lema es “No al Mundial del Despojo”. Los zapatistas son símbolo de resistencia indígena y lucha por la tierra. Su participación ayudaría a este movimiento a amplificar su mensaje frente al gobierno y la FIFA. Las organizaciones que impulsan el boicot dicen que el evento “representa una oportunidad para acelerar el despojo y la limpieza social”.
- El EZLN ya anunció el Encuentro Mundial de Resistencias y Rebeldías bajo la consigna “Organizarse o Resignarse”. La idea es mostrar experiencias de organización frente a la “tormenta”. Ir al Mundial sería una forma de difundir su encuentro y no resignarse a que el fútbol sea solo un negocio de miles de millones de dólares, sino disputar el espacio. El fútbol, entre otras cosas, es una diferencia que une.
- El capo de la FIFA Gianni Infantino dice estar “muy tranquilo” con México como sede pese a la violencia del narcotráfico, y la presidenta Claudia Sheinbaum promete “todas las garantías”. La presencia zapatista recordaría que existe otra realidad en México, con pueblos originarios que llevan 32 años construyendo sin el Estado.
En palabras zapatistas: la organización colectiva es de los únicos actos de rebeldía que el sistema no puede cooptar, porque no les pide nada.
4Palabras
Compartir:
Temas relacionados
Comentarios Cancelar la respuesta
Más leídas
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad
Suscríbete a nuestro boletín para mantenerte actualizado
Más información
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad



