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Anticipo exclusivo del libro “Pararse en la dignidad” de Soledad Iparraguirre

En esta obra, la reconocida periodista reconstruye la lucha de las madres de Ituzaingó Anexo, provincia de Córdoba, contra los agrotóxicos y para defender el derecho a la vida. Fue publicada por CFP24 ediciones.

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Imagen ilustrativa de del libro “Pararse en la dignidad” de Soledad Iparraguirre

“Malvinas se ha convertido en un pueblo guerrero. Porque acá es el pueblo el que manda. Ellos tuvieron aval nacional, provincial y municipal. Pero el pueblo pudo parar a una de las multinacionales más grandes del mundo. Unido. Salió gente de todos los lugares. Yo no soy de Malvinas, pero estoy acá porque me mataron a mi hija. Tengo a mis hijos con agroquímicos. Permitir que Monsanto se instalara era ver a todo el país enfermo”. Sofía Gatica 

2016 marcó uno de los mayores triunfos en la lucha de los pueblos contra el modelo extractivista: la multinacional Monsanto se vio obligada a emprender su retirada de tierra serrana luego de tres años de bloqueo ininterrumpido en el predio en que se proyectaba construir la mayor planta procesadora de maíz transgénico de Sud América, que sería emplazada en las afueras de la localidad cordobesa de Malvinas Argentinas, a tan solo diez kilómetros de barrio Ituzaingó. En las condiciones más adversas, el colectivo de Madres –liderado por Sofía Gatica y María Godoy– y la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida, sostuvieron un bloqueo/acampe a fuerza de unión, compromiso y tenacidad. En la más absoluta soledad, a la vera de la ruta 88 dejaron cuerpo y alma en una batalla tan cruenta como desigual. Soportaron el intento de compra de voluntades, una feroz represión policial que dejó compañeros heridos –algunos de ellos hospitalizados– los golpes de las patotas de la UOCRA, el destrozo de una carpa enviada solidariamente por los vecinos de Famatina (colectivo riojano que expulsó cuatro proyectos de minería a cielo abierto), como también sucesivas inundaciones y las más crudas noches en invierno. Lograron mantenerse en pie y cada septiembre celebraron los festivales Primavera Sin Monsanto. Darío Ávila, letrado de las madres y Carlos “Chuzo” González Quintana acompañaron la lucha desde los comienzos. Con su presencia, sostén y a través de presentaciones judiciales cada vez que la empresa plasmó toda su artillería de artilugios jurídicos con el fin de desarticular el bloqueo.

El libro “Pararse en la dignidad” se presentará el martes 16 de junio, a las 17h, en el aula C-133 en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata. Junto a la autora Sol Iparraguirre, estarán presentes Marcela De Luca, Verónica Pohl Schnake y Joaquín Benavídez.

Aquella burla del destino que parecía ser la noticia del arribo de Monsanto a Malvinas corrió como reguero de pólvora en la comunidad y aunó las protestas vecinales mientras la corporación daba inicio a las tareas preliminares para la preparación del predio. Un grupo autoconvocado, parido de esa misma indignación gestó la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida. Elecinda, Ely Leira tiene agroquímicos en su sangre. Hacia 2007 empezó con los primeros síntomas: vómitos, dolor en los huesos y decaimiento generalizado. Consultó a distintos médicos. Uno de sus vecinos recolectaba bidones de pesticidas que cortaba y revendía para reciclaje. En 2008, el servicio de Toxicología del Hospital de Urgencias de Córdoba confirmó sus sospechas de contaminación. Fue de las últimas en dejar el bloqueo, donde pasó decenas de días a la vera de la ruta, junto a sus compañeros, a veces sola. “Empecé a enfermarme, tenía vómitos, diarreas, cefaleas, me desmayaba, bajé de 52 a 39 kilos. No encontraban qué tenía, hasta que me investigaron y descubrieron agroquímicos en sangre. Diez veces más que lo tolerable. Hoy tendría que estar dopada para poder funcionar al 100%, pero decidí no empastillarme. No sabía qué era todo esto de Monsanto. Cuando supe, me vine al acampe. Y me quedé acá para estar segura de que no se queden ellos. Ese fue mi remedio. Lo importante es cómo se ha ganado. La población ha visto que teníamos razón. Esta lucha no se ha hecho en ninguna parte del mundo. Sin la gente que vino de afuera a ayudar, no hubiéramos podido”, dijo en notas a la prensa.                                                                  

(…) 

Paralelamente, Monsanto recrudeció el amedrentamiento judicial a algunos de los referentes más visibles. Eduardo Quispe y Sofía Gatica fueron los destinatarios de la nueva embestida de la firma, intimados a través de cartas documentos en las que se los instaba a levantar el bloqueo y se los acusaba de los delitos de usurpación y entorpecimiento de los medios de transporte, con una pena de hasta tres años de prisión. Acaso por ser mujer, acaso por haberse convertido sin ningún manual a mano en una referencia clara que irrumpía más allá de las calles de su barrio, Sofía llevó la peor parte y fue, además, víctima de distintos ataques. El 22 de noviembre y mientras esperaba el colectivo, un hombre la golpeó en plena vía pública. Poco antes, viajando de Alta Gracia a Córdoba capital, otro hombre que viajó a su lado la amenazó de muerte. Hay varias formas de morir. Terminá con lo de Monsanto, te voy a cagar matando y voy a desparramar tus sesos por Malvinas, escuchó. “Me pidió que no jodiera más con Monsanto, no pude moverme. Viajó a mi lado, apuntándome con un arma. Cuando se desocupó el asiento de adelante me senté cerca del chofer pero seguía pegado a mí. Me quedé paralizada hasta llegar a la terminal cuando logré correr hacia un bar, me senté junto a una señora y me fui a la comisaría a hacer la denuncia”, relató Sofía al medio Ecos de Córdoba.

                                                                                                                                      Fragmento del capítulo IV “ITE YENDO, historia de un bloqueo”, del libro “Pararse en la dignidad, la lucha de las madres de Ituzaingó Anexo contra los agrotóxicos, en defensa de la vida”. El prólogo es de Guillermo Folguera (CONICET). Editó Centro de Formación Profesional 24 ediciones. 

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