Argentina / 28 julio 2026

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José Luis Grosso: “Negar nuestro racismo es mentir” 

A partir de los ataques que tildan a los argentinos de racistas, el antropólogo José Luis Grosso invita a superar el cinismo y la negación. Un recorrido por las formas visibles e invisibles de la discriminación local, la resignificación del lenguaje popular y la hospitalidad como territorio de resistencia.

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Esta imagen muestra a una persona con cabello largo y canoso y barba, vistiendo una camiseta negra frente a unas máscaras decorativas en la pared.

Como resabio del Mundial, surgió una campaña que acusa a los argentinos de racistas. Más allá de la hipocresía que significa recibir esa acusación desde países con pasado esclavista y presentes no exentos de discriminación, los ataques abrieron la discusión sobre qué tan racistas somos los argentinos. Conversamos sobre el tema con el antropólogo José Luis Grosso, Director del Centro Internacional de Investigación PIRKA (Políticas, Culturas y Artes de Hacer), formado por la Universidad Nacional de Catamarca; la Fundación Ciudad Abierta, de Cali; la Red de Epistemología del Pensamiento Andino, de Quito; y la Red de Estudios en Poscapitalismo, de la UNAM, México. En 2008, publicó Indios muertos, negros invisibles, un estudio sobre cómo la formación del Estado nacional borró deliberadamente las identidades de los pueblos originarios y la negritud, y las prácticas lingüísticas y culturales de los santiagueños para conservar y enriquecer ese legado.

Santiago del Estero está al borde del Chaco Andino -dice-, es una zona liminal. “Eso siempre me ha gustado mucho. Lo territorial, no desde la perspectiva colonial y republicana del Estado nación, donde lo territorial es una delimitación sobre el cual hay una apropiación de soberanía, y que se concibe bajo un gobierno”, explica en diálogo con 4Palabras. Trabaja una perspectiva local, que guarda relación con lo que llama humano-no humano. “Lo territorial no es solamente la comunidad humana; es el río, el cerro, el clima, los animales, las plantas, que en el Chaco llaman la “juntanza”. La juntanza siempre es de árboles, de agua, de animales. Chaco en quechua es juntanza”, asegura. 

 

¿Te sorprendió que surja una campaña que tilde a los argentinos de racistas?

La “campaña anti argentina” es por el saqueo de tierras. Lo que quieren es aislarnos para que, tanto Estados Unidos como Israel, puedan llevar adelante este saqueo de tierras que el gobierno de Milei está favoreciendo. Quieren que se pierda la solidaridad de la izquierda, porque son los que pueden salir a apoyarnos a nivel internacional ante este saqueo. La campaña es por esto, tiene un sentido político. Y no es bueno responder, como hicieron algunos intelectuales de acá, de una manera tan prejuiciosa como el ataque. Porque salir a decir que Argentina de ninguna manera es un país racista es una mentira grande como una casa. El racismo es algo estructural, está inscripto en la manera en que las sociedades occidentales se han construido, ya sea europea, norteamericana o sudamericana. Ha marcado la trayectoria de vida de generaciones que tuvieron y tienen menos oportunidades. Actualmente, los chicos que salen con las pocas cosas que tienen para poner en el CV a buscar laburo, si son negritos, acá les dicen coyas, con la carga peyorativa de indio bruto, ignorante, feo. Incluso Scaloni, cuando trató de indios a los jugadores, tuvo que aclarar que era en el buen sentido. El racismo tiene distintas formas, expresiones políticas, es cierto, tiene movimientos de flujo y reflujo, que a veces avanza en un sentido o en otro, pero que no hay racismo, ¡por favor!, aquellos que nos llaman racistas son tan cínicos como el argentino que les responde a ellos que de ninguna manera lo somos. Este emergente libertario es terriblemente racista, y lo encontrás en los sectores populares tanto como en la gente de guita.

 

Sin embargo, así como utilizamos el insulto para alabar, también utilizamos ‘negro’ de una manera cariñosa.

Los términos no son unívocos. Se juegan la entonación más que el sentido semántico. Hay una política alrededor de los términos porque una palabra puede ser usada de manera muy peyorativa, surgir en un contexto de discriminación racista, pero el uso popular, el uso de abajo, el uso del par lo termina incorporando, pero diciendo otra cosa. Negro ha sido una categoría discriminatoria, no solamente en las élites, la discriminación también es popular porque la subjetividad puede estar colonizada. Pero en la solidaridad del hacerse comunidad, del luchar juntos, esos términos pueden ser usados en un sentido que disputa el sentido peyorativo a la dominación, se lo usa con un sentido contrario, diferente. El apodo de negro, coloquialmente, entre nosotros, expresa cariño; lo que muestra es confianza extrema.

 

Entiendo que el racismo no es sólo contra la persona, sino más profundamente, contra su cosmovisión…

La educación misma es racista. Tenemos que defender la educación, pero no la que tenemos tal cual está, porque es la que ha generado el concepto de territorio que tenemos, en geografía, en historia, en la lengua, en las ciencias naturales. Nos han enseñado un concepto de territorio impuesto y racista, que desconoce la diversidad territorial, en el sentido humano y no humano y que deberíamos poder captar desde una mirada más amplia. Esa mirada integral, no está ni en la ley actual ni en la modificación de la ley de tierras. Es la más difícil, porque es la más olvidada, la más ninguneada. Se considera superada como algo propio de la metáfora, del folklore, del romanticismo con que a veces se miran las comunidades indígenas o campesinas, pero tienen una integración con el paisaje que en la ciudad se pierde. La mirada porteña sostiene que el territorio es una superficie de tierra donde alguien tiene soberanía y por lo tanto dispone de esos bienes como recursos, sea el agua, sea el bosque, sea la tierra misma. Se dispone de eso a buena voluntad, a buen deseo y a buen negocio de aquel que se considera su propietario. Tanto la derecha como la izquierda tienen una mirada confluente en este sentido. En cambio, en Santiago comprendí lo hospitalario. 

 

¿Desde qué lugar se construye una alternativa real a ese concepto racista?

Decía Sixto Palavecino cuando le preguntaron sobre el origen de la chacarera: yo no sé si la chacarera es santiagueña, pero cuando pasó por aquí, la hicimos quedar. Es la hospitalidad lo que te da identidad, es decir, es estar abierto a los otros sin perder el estilo. Vos invitás a comer y en la comensalidad lo metés al otro en tu estilo de vivir, el estilo de estar juntos. Eso es interterritorialidad. Eso es lo más antiracista. La hospitalidad es antiracista. Y muchos han respondido acertadamente, a la campaña anti-argentina, cómo vamos a ser racistas si somos hospitalarios, quien viene quiere volver. 

 

4Palabras

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