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Valeria Luiselli presentó “Principio, medio, fin” a sala llena en Buenos Aires 

La aclamada escritora mexicana presentó en Buenos Aires Principio, medio, fin, obra con la que la histórica editorial Feltrinelli desembarca en el país. En un cruce cómplice con Gabriela Cabezón Cámara, conversó sobre mitos, el oficio de la ficción y la relectura de los clásicos.

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Evento: Se observa una presentación cultural o charla en el Centro Cultural Thames, donde la autora Valeria Luiselli conversó con Gabriela Cabezón Cámara.

Junto con el clásico Doctor Zhivago de Boris Pasternak, la novela Principio, medio, fin de la mexicana Valeria Luiselli ha sido el mascarón de proa del desembarco de la histórica editorial italiana Feltrinelli en Argentina. El pasado miércoles, la autora llegó a Buenos Aires a presentar el libro junto a Gabriela Cabezón Cámara en el Centro Cultural Thames.

Luiselli creció entre países tan diversos como Corea del Sur, India y México y vive actualmente en Nueva York. Proveniente de una familia políticamente comprometida, Luiselli ofició como traductora en la Corte migratoria de Nueva York para la defensa de los niños inmigrantes. Sus experiencias se reflejan en su obra literaria, que se mueve entre la ficción, la crónica y el ensayo, con la migración, las fronteras, la identidad y las familias como algunos ejes permanentes. 

Su libro Desierto sonoro, publicado en Argentina por editorial Sigilo, fue candidato al prestigioso Premio Booker en 2019. Allí, Luiselli relataba la historia de una pareja que, con la excusa de producir un documental sonoro y buscar historias de migrantes, se lanzaba a viajar por Estados Unidos con sus hijos, en un último intento de demorar la desintegración de su matrimonio.

Principio, medio, fin, en cambio, se sitúa en el momento posterior a una separación. Tratando de encontrar un nuevo comienzo, una madre y su hija viajan por una Sicilia en la que los volcanes entran en erupción. Una Sicilia, también, que fue el lugar de origen de la abuela de la madre, antes de que emigrara a México. Así, las lecturas de los clásicos griegos y latinos que madre e hija leen en su viaje se entrelazan con un linaje de mujeres que dialogan a través del tiempo.

Durante una hora, Luiselli y Cabezón Cámara conversaron sobre narrativa, mitos, etimología, naturaleza y filosofía. Frente a una sala de luces tenues, repleta de editores, periodistas, escritores, amigos y lectores, la autora mexicana celebró su regreso a Buenos Aires, una ciudad que visitó muchas veces en la infancia, pero a donde no volvía desde hacía quince años. 

“Estoy muy contenta de estar acá porque parece un cumpleaños” abrió Cabezón Cámara, antes de leer un texto en el que calificó a la novela como una obra “inmensa” y “de una inteligencia extraordinaria”. “Es una historia íntima y una historia colectiva. Es una historia de una madre y una hija y en esa misma formulación, así nombradas, por sus roles, las protagonistas ligadas a la abuela y a la bisabuela, una historia sin fin de la humanidad entera”, describió. Mirando al público, resumió de forma concisa: “novelón”.

Llegado el momento de las preguntas, Cabezón Cámara empezó indagando acerca de una idea de la ficción como moldeadora de mundos. “Si hacemos un poquito de arqueología lingüística, en la base de la idea de ficción está la idea de moldear, de darle una forma a la arcilla, es decir, darle una forma distinta a lo que ya está ahí. Y creo que en esa idea de la ficción podemos movernos con mucha mayor delicia y libertad. Es decir, no se trata de crear nunca en el vacío, sino de entrar en una conversación y mancharse las manos”, expresó Luiselli. 

“Si hacemos un poquito de arqueología lingüística, en la base de la idea de ficción está la idea de moldear, de darle una forma a la arcilla, es decir, darle una forma distinta a lo que ya está ahí. Y creo que en esa idea de la ficción podemos movernos con mucha mayor delicia y libertad. Es decir, no se trata de crear nunca en el vacío, sino de entrar en una conversación y mancharse las manos”, expresó Luiselli.

Según contó, la pregunta que la propulsó a escribir el libro vino de su hija, a quien le leía mitos griegos en noches de insomnio. “Pésima idea”, dijo, provocando la risa de la sala. La pregunta en cuestión era: ¿por qué en los mitos todo tiene que hendirse en dos para nacer? Allí, en ese quiebre, en esa partición creadora, Luiselli empezó a encontrar las escalas que le interesaba trabajar: había algo común entre la cosmogonía y los partos, entre los volcanes y los úteros.

“Me tardé seis años en escribir esta novela, pero sí hice otras cositas en medio. Parir una hija, educar dos niñas durante COVID, hice un jardín. Escribí una novela que está escondida en un archivo en Noruega que no se va a publicar hasta el año 2114. Nadie aquí la vamos a leer, a menos que entre ustedes esté el primer inmortal”, bromeó Luiselli. En el medio, también estuvo trabajando con el colectivo Ecos de las Tierras Fronterizas que, como sucede en Desierto sonoro, se dedica a grabar la frontera entre México y Estados Unidos. En esos años, registraron tanto los fabulosos cantos de las ballenas jorobadas como a fanáticos de Elon Musk que trabajan lanzando cohetes.

“La idea nació con el germen del eco como la noción de que todo lo que estamos grabando es resultado de algo que vino antes y que al mismo tiempo va a seguir generando un ripple effect”, explicó. El proceso de trabajo significó para la autora una “realfabetización” para su forma de escuchar que, eventualmente, se tradujo en la escritura.

Sobre su característico estilo entre la narrativa y el ensayo, Luiselli lo atribuyó a cierta indecisión personal. “Decido no decidir”, sentenció. Sin embargo, según su lectura, la novela es, en el fondo, un ensayo en contra “el cabrón de Aristóteles, el filósofo más aburrido y cuadrado que jamás escribió”, se despachó Luiselli, que es licenciada en Filosofía por la UNAM.

En el centro de su crítica, señaló que la definición de la trama de Aristóteles como un todo con tres partes -justamente, principio, medio y fin- relega a aquello que ocurre en el medio, lo caracteriza solamente como lo que no es ninguna de las otras dos cosas. En cambio, dijo, la vida cotidiana es siempre una forma de estar en el medio que requiere de una narrativa para darle forma y por eso merece “un poquito más de atención”.

Cabezón Cámara elogió la manera viva en que aparecen las referencias clásicas. “Entendés por qué son clásicos leyéndolo”, afirmó. En esa línea, Luiselli se lamentó de que los primeros encuentros con esta literatura en las escuelas no suelan estar ligados al placer de la lectura. Como contracara a su disgusto con Aristóteles, la autora señaló que volver a leer a autores presocráticos como Empédocles, con su teoría sobre el origen del mundo, volvió a encender en ella un gusto por las lecturas clásicas.

“Son un poco nuestros primeros ojos en el archivo de observaciones del mundo natural. Estaban frente a un mundo desconocido y no narrado y por primera vez haciendo un esfuerzo por narrar ese mundo no a través de la mitología, sino solo de la observación atenta. Y pienso que esos ojos, esos oídos, son los que más nos hacen falta hoy frente a este mundo sobredocumentado, pero mucho más confuso que nunca”, opinó.

Para finalizar, Luiselli leyó un fragmento de la novela, que ya había aparecido a través de otras citas y pasajes a lo largo del encuentro. Suspendido en el silencio, el público escuchó hablar de cómo se puede extrañar más el presente que el pasado y de cómo eso mismo puede ser, quizás, una forma de viajar en el tiempo. 

 

4Palabras

La imagen muestra una presentación del libro "Principio, medio, fin" de la autora mexicana Valeria Luiselli en el Centro Cultural Thames.

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