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Verónica Grondona y los debates de la fiscalidad global: Cómo cobrarles impuestos a los tecnomillonarios y a las plataformas digitales
Los desafíos globales y locales para gravar a las grandes riquezas, la economía digital, las corporaciones analizada por la tributarista Verónica Grondona a propósito de los debates de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa. Qué sucede en torno a los debates del progresismo.
- agosto 2, 2026
- Lectura: 10 minutos
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La Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa es un agrupamiento de destacados economistas de distintas partes del mundo que consideran que es el momento de plantear un debate sobre la normativa fiscal internacional que haga foco en una perspectiva de interés público global y que proponga soluciones impositivas justas, eficaces y sostenibles para el desarrollo. El premio Nobel Joseph Stiglitz preside la entidad que también integran, entre otros, el francés Thomas Piketty y el exministro de Economía, Martín Guzmán. Una de sus asesoras es la tributarista argentina Verónica Grondona, que aquí brinda algunas pistas de qué discusiones se están dando en el mundo y qué se está pensando para cobrarle gravámenes a los nuevos modelos de negocios digitales y a los tecnomillonarios.
¿Qué es la Convención Marco sobre Cooperación Tributaria Internacional?
Es una iniciativa de África que se está negociando en Naciones Unidas. Porque la gobernanza de la arquitectura tributaria internacional está en manos de la OCDE desde hace muchos años. También hay un organismo de expertos de Naciones Unidas, donde participan personas propuestas por los países, y como dice un tributarista que participó muchos años en él, Antonio Figueroa, también está cooptado por la OCDE. Y si bien está OCDE no es la misma que antaño, que hoy incluye a 140 países, cuando Estados Unidos dice vamos para allá, todo el organismo va en esa dirección. De hecho las decisiones de la OCDE en realidad terminan tomándose en el G7. Eso se vio muy claro en la pandemia, cuando Biden y el G7 impulsaron el impuesto mínimo global. Entonces, los países del sur global vemos que las reglas han sido muy difíciles de aplicar por cuestiones de recursos, presupuestarias, capacidades técnicas, y porque muchas veces las decisiones que toman favorece la tributación en los países de residencia del capital y el desvío de utilidades, países donde va a ser nula o de baja la tributación. Por eso, desde hace unos años se viene pidiendo desde el sur global que haya un organismo con decisiones vinculantes en Naciones Unidas. Se votó en 2023 y ahora se está negociando la convención marco que, para los países del sur, será una posibilidad de tener otro tipo de gobernanza sobre la arquitectura tributaria internacional. La verdad es que con la digitalización de la economía, con las dificultades para lograr que las grandes empresas digitalizadas paguen impuestos, el norte global también entiende que necesita esta discusión.
Con el desarrollo de la economía de plataformas y la irrupción de los tecnomillonarios, ¿se puede cobrarles impuestos con políticas tributarias nacionales? ¿O deben buscarse mecanismos multilaterales?
Las dos cosas están vinculadas. No hay política multilateral posible sin política nacional. Si uno no tiene el impuesto en su marco normativo, no puede hacer nada. La única posibilidad de tributar es en un marco nacional. Hay algunos artículos que están planteando una tributación global, en el marco de Naciones Unidas, y que sea la ONU la que reparta a todos los países lo que le corresponde. Yo no lo veo posible al menos en los próximos cien años, respeto y apoyo a quienes tienen estas ideas súperidealistas. Nosotros, por ejemplo, tenemos un sistema con un montón de dificultades pero mucho más maduro que otros países en desarrollo. Tenemos algunas posibilidades de captar ciertas rentas de las plataformas. En la medida que se realiza un pago, por ejemplo a Spotify, debería estar alcanzado por el IVA, por el Artículo 14 del Impuesto a las Ganancias que refieren a las plataformas de contenidos, que antes estaban pensadas solo para televisión y cable. El problema es que, por otro lado, tenemos elementos que limitan la tributación, como los convenios que evitan la doble imposición. Por ejemplo, Argentina tiene convenio de doble imposición con Países Bajos y eso impide la tributación en Argentina a estas plataformas. Porque esos acuerdos dicen que los servicios técnicos y las regalías se pagarán en el país de residencia del capital. Entonces, como Spotify tiene residencia fiscal en Países Bajos, no paga acá. ¿Y qué ocurre en Países Bajos? Que estas empresas son objeto de algunos beneficios tributarios por esto o por lo otro, que hace que se localicen en esos países y finalmente no pagan en ninguno.
Entonces, ¿no hay ninguna forma de cobrarles?
Hay otra situación vinculada a qué es lo que genera la renta: ¿los cinco dólares que pagás mensualmente o las mejoras continuas que puede hacer el sistema gracias a todos los datos que aportamos? En el caso de Spotify, tus preferencias musicales. Sobre esa ganancia, no hay tributación porque Argentina no lo tiene previsto en su marco normativo. Hay algunos países que lo prevén. En el tributarismo hay varios principios básicos, uno es el de la territorialidad: si vos tenés presencia física acá, pagás impuestos acá. Bueno, ese principio, en cuanto a la generación de los datos, no está definido. Ahí hay una ganancia invisible sobre la que nadie paga. Esa es una modificación posible. Colombia lo hizo. La Unión Europea lo está intentando hacer. Bélgica, en este momento, está pensando una legislación en ese sentido. Creo que India también. Algunos pocos países han cambiado su definición de territorialidad basada en una presencia económica significativa que no es solamente física.
¿Y cómo funciona?
Hicieron una cláusula que se llama “presencia económica significativa”. No conozco el detalle, pero en términos generales este tipo de diseños incluyen un umbral. Dicen: “Presencia significativa implica tener X cantidad usuarios”. En Colombia, a partir de ese piso, estás obligado a registrarte y pagar impuestos, una proporción de los ingresos globales de la plataforma de acuerdo a la relación de la cantidad de usuarios locales con el total global.
¿Y Colombia lo pudo cobrar? Porque una cosa es lo que diga la ley y otra lo que pasa en la realidad…
Tengo entendido que pudo. Funciona cuando no tenés convenios bilaterales de doble imposición. Argentina tiene más convenios firmados que Colombia. Estados Unidos tiene pocos, para evitar la limitación en la recaudación. Algunos países están más limitados que otros. Otro país que incorporó cuestiones novedosas fue Uruguay, en 2019. Y ellos te dicen, “lo logramos porque no tenemos acuerdo con Países Bajos, donde se usa de hub para no pagar”. Por ejemplo, Uber está radicado en Países Bajos.
¿Los convenios de doble imposición se pueden deshacer?
Y… es muy difícil. Durante el gobierno de Cristina Kirchner se denunciaron tres -Austria, Chile y España- por abuso de convenios. El caso más conocido es el de Chile, Molinos se había instalado allí para cobrar los dividendos de todas las filiales regionales. Allá no pagaba impuestos por los beneficios que había a las inversiones. Y cuando giraba los dividendos a la Argentina planteaba que acá no debía pagar porque por los convenios de doble imposición lo debería hacer en Chile, que supuestamente era el país de residencia de capital. Cuando se denuncian los convenios, se renegocian; pero los nuevos no necesariamente son mejores…
¿En qué consiste la propuesta del tributarista francés Gabriel Zucman, integrante del ICRIRT?
Hasta ahora veníamos hablando de cómo cobrarle a las corporaciones. La “propuesta Zucman” plantea cobrarles a las altas rentas de los individuos, los multimillonarios. Él viene estudiando hace rato cuál es la carga tributaria de las personas y señala que hay un incremento de la desigualdad en las últimas décadas. Observa cuánto paga la clase media de impuestos versus el decil más alto en países como Francia o Alemania –ni siquiera menciona casos como el de la Argentina- y concluye que computando todos los ingresos cae la carga tributaria en el decil de ingresos más ricos. En función de eso, dice que para corregir esa desigualdad, deberíamos garantizar que el decil más alto pague al menos un 2 por ciento de su riqueza anual. Y dice otra cosa: debe considerarse también su riqueza no distribuida. Porque hay una trampa bastante común que es que si yo tengo acciones en 50.000 empresas pero no retiro los beneficios, el cálculo impositivo se hace solo sobre la liquidez, lo que retiré. Entonces parece que no tengo tanto pero la riqueza es enorme.
¿La relación de fuerza da para implementar estos impuestos?
Ahí volvemos al punto por el cual es necesario hacerlo a nivel internacional y también nacional. En Argentina tuvimos el impuesto a la riqueza en la pandemia y, más allá de lo que se dijo en los medios, tuvo casi el 90 por ciento de efectividad. Eso en cualquier impuesto es una tasa exitosa. Entonces es viable, pero qué pasa: hay cada vez más jurisdicciones que otorgan lo que se llama regímenes de ciudadanía por inversión o tax holliday, que puede ser para personas o para empresas. Uruguay le otorga, por ejemplo, la ciudadanía fiscal a cualquier persona que pase tres meses allá. Así se da, por ejemplo, el caso de Galperín que en Uruguay no tiene nada, solo la casa donde reside. No paga ni acá ni allá. El gobierno uruguayo actual intentó modificar la ley pero el Congreso la licuó y quedó que para obtener el beneficio debés invertir en inmuebles dos millones de dólares o pagar una tasa de unos 200.000 dólares, nada para la fortuna de Galperín.
Dicen que si ponés impuesto a las grandes fortunas, los ricos se van del país…
En mi conocimiento y experiencia, no se van. Puede ser Susana Giménez , pero no se van a vivir tampoco. No trasladan todos sus intereses. Se da en algunos casos contados. Lo que sí ocurre es que trasladan su residencia fiscal y se pasan el veranito ahí. Es por eso que se necesita una coordinación internacional para abordar esa problemática. Y la verdad es que no está en agenda de nadie.
Verónica Grondona: “Por impuestos a las grandes fortunas nadie se va a vivir afuera. No trasladan todos sus intereses. Se da en algunos casos contados. Lo que sí ocurre es que trasladan su residencia fiscal y se pasan el veranito ahí. Es por eso que se necesita una coordinación internacional para abordar esa problemática. Y la verdad es que no está en agenda de nadie”.
¿Es verdad que África se convirtió en ejemplo de políticas tributarias progresivas?
Es un continente grande, no lo sé. Lo que sí puedo decir es que en los últimos años ha logrado, en primer lugar, tener una coordinación entre los países africanos para incidir en foros internacionales a través de la Unión de Administraciones Tributarias Africanas. Han ido en bloque hacia los organismos internacionales y luego bajan políticas nacionales implementando algunas soluciones. Entre estos países, por ejemplo, está Nigeria que logró gravar con un impuesto mínimo a las grandes empresas multinacionales. La OCDE había sugerido una normativa del impuesto mínimo global que resulta muy complicada de aplicar, entonces Nigeria decidió aplicar su propio cálculo. Si por ejemplo Danone tiene -por poner cualquier número-, diez mil empleados en el mundo y dos mil en Nigeria y factura cien millones y X millones en Nigeria, le fijó una tasa de acuerdo a esa proporción: cuánto de las ganancias globales se realizan en Nigeria.
¿En América Latina es posible una coordinación como la de los países africanos?
En América Latina está el Centro de Administraciones Tributarias Interamericanas, que en realidad incluye a países que exceden la región, como Estados Unidos y España. Entonces logra más financiamiento pero también cuenta con mucha incidencia de la OCDE. Entonces, en 2023 se creó la Plataforma Tributaria para América Latina y el Caribe. El objetivo era lograr una coordinación regional, pero no está siendo lograda. Aunque no deja de ser un espacio joven y en crecimiento. Hay reuniones periódicas para debatir lo que se está llevando adelante en Naciones Unidas, pero no se logró todavía una posición común, como el grupo africano.
¿Lo que dificulta es la diferencia ideológica de los gobiernos?
Lo que dificulta es que seamos el patio trasero de los Estados Unidos, porque en África no todos los gobiernos son del mismo signo ideológico y, sin embargo, van juntos con una posición. Creo que hay ciertos miedos: “Qué va a decir Estados Unidos si digo esto”. La verdad es que Estados Unidos ni siquiera está mirando… El cruce no es tan ideológico cuando vas a ver quiénes votaron la Convención Marco en Naciones Unidas. En 2024 Bukele, por ejemplo, votó a favor y Argentina votó en contra.
Las políticas tributarias resultan nodales en un gobierno porque junto con las exportaciones son las fuentes de recursos para gestionar. En las elecciones se escucha a las derechas prometer bajas de impuestos pero los sectores progresistas no suelen mostrar proyectos tributarios, ¿por qué?
En este momento hay mucha confusión respecto de lo que queremos como modelo de país y de desarrollo. Hay economistas progresistas, heterodoxos, que salen a hablar de rebajar impuestos porque hay que crear incentivos tributarios, dicen que tenemos una carga demasiado alta. Se mezcla todo, como los trabajadores formales pagan ganancias y quieren defenderlos se habla de ganancias en general… Se habla de incentivos tributarios para que haya inversiones, pero puede haber otros incentivos, por ejemplo financieros. Cuando se habla de incentivo a las inversiones no preguntan cuánto empleo creará, si esa inversión es real o de portafolio. Y el progresismo entra en esas confusiones.
¿Un ejemplo de eso es el RIGI?
Todos los incentivos que se dan al RIGI son redundantes. El único incentivo que pedían las empresas para venir a la Argentina era que les dejaras sacar los dólares. No solo le diste eso, sino que le bajaste todos los impuestos. Entonces, estás eliminando recursos tributarios cuando lo único que demandaban era que les dieras acceso al mercado de capitales. Si les dabas solo eso hubieras tenido el mismo resultado. Porque pasa otra cosa: si bien la tasa de ganancias para las empresas es del 35 por ciento, en términos reales pagan mucho menos por la evasión y la elusión por la cuestión de la doble imposición.
No obstante, los empresarios se quejan de “la alta carga impositiva”…
Tenemos un país federal donde, por la Constitución, las provincias cedieron la tributación al gobierno nacional de determinados impuestos. Luego, en los 90, con las reformas de Menem se le devolvió la ejecución del gasto a las provincias en educación y salud, por ejemplo. Nadie habla de cómo hicieron las provincias para asumir esos gastos. En medio de ese problema y casi sin recursos, apareció entonces el Impuesto a los Ingresos Brutos, que es el del que siempre se quejan. Se podría cobrar también un impuesto patrimonial, pero no es tan fácil políticamente: la mayoría de los gobernadores se los tendría que cobrar a sus propias familias. Entonces ahí sí hay cuestiones que dificultan, porque no es lo mismo el impacto para una Pyme que para una gran empresa. Son dificultades que no tienen una solución fácil porque requieren el acuerdo de las 24 provincias y el gobierno nacional.
Hay coincidencia en que el IVA es el impuesto que más recauda y a la vez el más injusto, ¿se puede eliminar?
Cuando trabajé en la administración tributaria, que tiene recursos supercapacitados, gente muy especializada, me decía: “Pasame casos de IVA porque lo puedo cobrar, los casos de precios de transferencia voy a estar peleándome tres años con el contribuyente y no voy a salir nunca. Necesito cobrar impuestos a alguien”.
Pero eso es como cazar en el zoológico…
Obvio. Pero ojo que la economía está con tasas de informalidad del 40 o 50 por ciento. Altísimo. Y nadie aborda eso, que también impacta en Ganancias, en las contribuciones a la seguridad social.
Esta semana visitó la Argentina la directora del FMI, Kristalina Georgeva, y pidió modificaciones en el Monotributo y Ganancias. ¿Hay que cambiarlos?
El Monotributo termina en mayor informalización. Es un incentivo perverso para salirte de Ganancias. Pero aún cuando hablás con gente progresista te dice: “Bueno, pero si no hubiera informalidad o trabajo en Uber, tendrías a la gente en la calle”. En Naciones Unidas, la administradora tributaria de Sierra Leona, me dijo: “El problema de nuestros gobiernos progresistas es que no quieren abordar la informalidad porque creen que con la informalidad se come”.
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