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Qué queda tras la retirada de Estados Unidos de Irak
Las últimas tropas estadounidenses estacionadas en Irak abandonaron ese país el miércoles 30 gracias a un acuerdo entre Bagdad y Washington. En 2003, Estados Unidos invadió la nación árabe para derrocar a Sadam Husein con la excusa de buscar armas químicas. Ahora, con la retirada definitiva, se abren interrogantes sobre qué pasará con la dinámica de fuerzas en Irak y la región.
- octubre 3, 2026
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El 5 de febrero de 2003, el entonces secretario de Estado de los Estados Unidos, Colin Powell, presentó ante el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas unas supuestas pruebas sobre el desarrollo de armas químicas de destrucción masiva por parte del gobierno de Saddam Hussein. Powell hablaba agitando un tubo con un polvo blanco en su interior y aseguraba que en Irak existía un arsenal químico y biológico que violaba las resoluciones del organismo internacional. Nunca se sabrá qué era esa sustancia que mostró el funcionario estadounidense, pero alcanzó para justificar la invasión al país árabe a pesar de que en la ONU no hubo consenso para una intervención militar y se le pidió más tiempo a Washington para inspeccionar mejor en el terreno la veracidad de la denuncia.
Nada de eso ocurrió. El 20 de marzo de ese mismo año, Estados Unidos decidió intervenir de forma unilateral, para el 13 de diciembre ya habían atrapado a Saddam Hussein, quien tres años después fue colgado. En tanto, las famosas armas químicas de destrucción masiva nunca aparecieron y menos aún instalaciones para su fabricación y almacenamiento. Lo que sí ocurrió es que la Autoridad Provisional de la Coalición (liderada por Estados Unidos) decretó que el 100% de los ingresos por las ventas de petróleo iraquí debían depositarse en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, en una cuenta conocida como el Fondo de Desarrollo para Irak (DFI). Esto fue establecido mediante una orden ejecutiva firmada por el entonces presidente norteamericano, George W. Bush, y posteriormente fue renovada por cada presidente estadounidense sucesivo, hasta hoy. Y este es un primer interrogante que aparece: ¿Irak va a recuperar el manejo de esos fondos ahora que Washington retiró sus tropas?
Otro asunto preocupante: en Irak siguen desempeñando un papel importante los grupos paramilitares integrados formalmente a las Fuerzas Armadas nacionales. Sin embargo, estas milicias tienen mando propio y muy poca –o ninguna– bola le dan a las autoridades de Bagdad. De acuerdo con el convenio firmado con EE.UU., las autoridades iraquíes debían desarmar y disolver estas formaciones y reasignar a sus miembros entre las Fuerzas Armadas, antes del 30 de septiembre. Pero, los paramilitares se resisten a esa medida obligando a Bagdad a posponer la fecha para su desarme definitivo hasta el 30 de junio de 2027. Nadie arriesga demasiado a que ese plazo se vaya a respetar, más bien parece que estos grupos aprovecharán el tiempo extra para potenciar su fuerza y seguir resistiendo. El horizonte de un conflicto armado para resolver este problema es cada vez más cercano.
Abu Mojtaba Al Yasiri, comandante de la Resistencia Islámica en Irak, una confluencia de tribus armadas chiíes que mantienen estrechos vínculos con Irán, dijo sobre la retirada estadounidense: “Es una victoria histórica para los grupos de la resistencia islámica iraquí y los iraquíes dignos, y una derrota aplastante para el proyecto estadounidense». También sostuvo que el 30 de septiembre “celebramos el cierre de una página negra de la historia de Irak y el fracaso de la ocupación a la hora de imponer su voluntad sobre nuestro país”.
La salida de EE.UU. de Irak altera el equilibrio en Medio Oriente: beneficia estratégicamente a Irán y Turquía, amenaza la seguridad de las milicias kurdas e impacta de manera negativa a aliados clave de Washington como Arabia Saudita e Israel.
Así las cosas, los expertos coinciden en que uno de los principales beneficiados con la retirada norteamericana resulta ser Teherán. “Irán se beneficiará estratégicamente de la salida de la coalición, porque elimina una presencia militar que durante años actuó como contrapeso a la influencia de Teherán en Irak”, estimó Jasim Al Bahadli, analista de seguridad iraquí especializado en el estudio de los grupos armados chiíes alineados con la República Islámica.
Las autoridades iraníes también se expresaron sobre la salida de las tropas: “Una seguridad duradera prevalecerá en Irak cuando los estadounidenses abandonen el país y la región”, afirmó Amir Hayat Moqaddam, vicepresidente de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento de Irán. “La República Islámica da la bienvenida a la retirada de las tropas estadounidenses de Irak y, sin duda, la apoyará”, declaró el funcionario. “Los grupos de la resistencia están actuando actualmente, en ocasiones atacando, y enfrentándose a las tropas estadounidenses”, agregó.
La retirada de las tropas estadounidenses también podría favorecer un aumento de la influencia turca en la región. En los últimos años, Ankara ha intensificado progresivamente su cooperación con Irak en materia de seguridad y lucha contra el terrorismo. Con Bagdad tienen un objetivo común: debilitar el potencial político-militar de los kurdos en la región, que controlan una parte importante de los recursos energéticos en Irak y en Siria y mantienen una autonomía importante, la que también aspiran a obtener en Turquía. En 2024, Irak declaró al Partido de los Trabajadores del Kurdistán, considerado terrorista por Ankara, una “organización prohibida”. Es posible que ahora, tras la salida de las tropas estadounidenses, Turquía, con la ayuda de las autoridades iraquíes y sirias, intensifique aún más su combate a los kurdos.
Los kurdos fueron aliados de Washington en Irak y en Siria, pero recientemente han expresado su preocupación por el nuevo escenario. En una declaración oficial, el gobierno de la región kurda de Irak, donde se hospedaba principalmente el contingente estadounidense, advirtió que “la retirada de EE.UU. no irá acompañada de la creación de un sistema alternativo de defensa aérea, lo que resulta profundamente preocupante”. El comunicado destaca que, durante el conflicto entre EE.UU. e Irán, la región kurda sufrió más de 1.000 ataques con misiles balísticos y drones.
Otra consecuencia de la retirada de las tropas yanquis es que perjudica a varios aliados de la Casa Blanca en la región: Israel y Arabia Saudita para empezar. Las bases estadounidenses en Irak funcionaron como puntos de detección temprana de drones y misiles balísticos iraníes dirigidos hacia Israel, y las defensas aéreas estadounidenses interceptaron parte de estos proyectiles cuando cruzaron el cielo iraquí.
Asimismo, el deterioro de la situación de seguridad en Irak podría acarrear graves consecuencias para Arabia Saudita. Fue desde territorio iraquí que se lanzaron, a principios de septiembre, ataques contra el estratégico oleoducto Este-Oeste, que permite a Riad exportar su petróleo evitando el estrecho de Ormuz.
Ante este escenario, un primer reflejo indica que sería mejor que los norteamericanos sigan en Irak. Lo cierto es que nunca debieron ir, porque ya vemos cómo, más de veinte años después de haber invadido aquel país árabe, se retiran dejando un territorio propicio para la aparición de viejos y nuevos conflictos. Algo a lo que la cabeza del Occidente imperial nos tiene acostumbrados. Y esto confirma el diagnóstico: A Washington le conviene que el caos se expanda por el planeta, es el terreno en el que mejor se mueve.
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