Argentina / 1 septiembre 2026

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Amenazas y puntos críticos ante la evolución de El Niño en Argentina

El hidrólogo e investigador Asociado del Instituto Nacional del Agua (INA), ingeniero Juan Borús, desmitifica las alarmas sobre el fenómeno climático, analiza las verdaderas amenazas para las zonas urbanas y los caminos rurales, y advierte sobre la importancia de basarse en datos oficiales frente a la incertidumbre. La diferencia entre probabilidad y pronóstico y el riesgo de saturación en los suelos de la pampa húmeda.

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La persona en la imagen parece ser el ingeniero hidrólogo Juan Borus, referente del Instituto Nacional del Agua (INA).

¿Qué es el fenómeno climático denominado Súper Niño?

El fenómeno climático El Niño fue caracterizado muchas décadas atrás, especialmente en Perú, cuando se observó que cuando las aguas del Pacífico estaban anómalamente cálidas se alteraba la corriente de Humboldt desde el sur y eso afectaba la producción de la industria del pescado.

Se la llamó “Niño” porque se observó que, lo más probable, era que el máximo calentamiento contra las costas se alcanzaba en diciembre hacia fin de año (hacia Navidad). 

Como contraposición, si la situación es de aguas anómalamente frías, se le llama La Niña. El concepto de “súper” es una lamentable elección periodística para vender la noticia, pero a nivel científico y técnico no tiene ningún valor.

 

¿Qué anomalías puede generar en Argentina y durante qué período ?

El océano Pacífico es monitoreado permanentemente en toda su franja ecuatorial y hasta 200 metros de profundidad. Cuando comienza a detectarse un calentamiento los centros de monitoreo del clima empiezan a hacer especulaciones sobre la probable evolución y presentan las trazas más probables de evolución del calentamiento en los siguientes meses. En especial, importa observar la llamada “región 3-4”, ubicada en el centro del Pacífico. 

Los estudios de muchas décadas han identificado esa región como la más predictora a nivel mundial, es decir siguiendo el calentamiento en esa región se puede anticipar con buenas posibilidades de éxito lo que va a pasar en muchas regiones del globo. 

En lo que hace a nuestra región, la cuenca del Plata (incluyendo la Provincia de Buenos Aires y el resto de la llanura pampeana) cuenta con innumerables estudios al respecto, de los que deriva una base estadística de los efectos. No obstante, es muy importante mencionar que la comparación entre los grandes escenarios Niño vividos en los últimos 50 años pone en evidencia que no hay dos iguales en lo que respecta a la manera en que las lluvias se distribuyeron en el espacio y el tiempo.  

El famoso evento 1982 /1983 se caracterizó por una tremenda persistencia, tanto de las anomalías térmicas en el Pacífico como de las lluvias en toda la cuenca del Plata, al punto de hablar de una “crecida generalizada”. 

En contraste, el evento de 1992 fue de corta duración, pero intenso y con una señal muy concentrada sobre una franja territorial que cubrió la crecida del río Iguazú, el que alcanzó en Cataratas los máximos caudales históricos, además de un aporte significativo desde la parte no regulada de la alta cuenca del río Paraná en Brasil. 

El escenario de 1997 / 1998 empezó castigando a la cuenca del río Uruguay en la primavera de 1997 y luego a la franja media del litoral argentino durante el otoño de 1998. El caudal que aportó esa región al río Paraná entre Corrientes y Santa Fe fue del orden de 6.000 m/s, más que un río Paraguay. 

Con todo esto no es conveniente establecer rígidamente una época del año como la preferencial para recibir el efecto Niño.

 

¿Presenta posibles riesgos ambientales a futuro?

La llanura pampeana y el resto de la Provincia de Buenos Aires tienen suelos en varias subregiones que ya están cerca de la saturación o van a estarlo probablemente. Aparece el eterno problema de los excedentes en áreas de llanura, en las que el retorno a una situación normal no depende tanto del escurrimiento horizontal como del balance vertical, lo que requiere que las lluvias comiencen a ser menos frecuentes y sus intensidades acotadas, esperando condiciones favorables para una evaporación efectiva.

Las incertidumbres que aún presenta el escenario climático para los próximos meses impiden gran precisión. Es muy difícil asignar probabilidades a un escenario húmedo regional extremo.

 

¿Cuáles pueden ser las poblaciones afectadas y su impacto económico?

Aparecen dos motivos de preocupación ante la posibilidad de lluvias frecuentes o intensas. Por un lado los eventos significativos sobre áreas urbanas. La Argentina es el país de Latinoamérica con mayor concentración de población en áreas urbanas, del orden del 93 %. Por otro lado, las recomendaciones de los climatólogos especialistas en cambio climático insisten en el aumento de probabilidad de eventos intensos en áreas urbanas. Es una combinación desfavorable, especialmente cuando la humedad atmosférica regional alcanza una magnitud importante.

El otro motivo de preocupación es, sin dudas, el problema de los caminos rurales y la facilidad con que habitualmente son afectados por eventos reiterados de lluvias, sin tiempo para que retomen una condición transitable normal. No es sólo un problema de la Provincia de Buenos Aires, pero afecta fuertemente a la zona más productiva del país.

 

¿Qué exige gestionar o qué medidas de prevención pueden ser indispensables?

Seguimiento diario de las informaciones oficiales del Servicio Meteorológico Nacional, (SMN) en particular su Sistema de Alerta Temprana (SAT) que figura en su página web en forma  destacada. Permite, de un vistazo, detectar la inminencia de un escenario húmedo de corto plazo, para luego ir siguiendo los otros productos del SMN que permiten ajustar la idea para los días siguientes. Las imágenes de radares y de satélites permiten tener una visión muy precisa de la situación y de su probable evolución.

Una recomendación enfática es la de seguir la información oficial y no guiarse por información que aparece en las redes sociales o en aplicaciones foráneas en Internet. La Agencia Federal de Emergencias (AFE) se creó montada sobre el Sistema Nacional de Gestión Integrada de Riesgos y Protección Civil (SINAGIR) creado en 2017 por la Ley Nacional 27287, a la que adhirió Buenos Aires y la gran mayoría de las Provincias. Tiene su Sistema Nacional de Emergencias (SINAME) con el que esas jurisdicciones se mantienen informadas, con un marco que se va actualizando mes a mes.

 

¿Este fenómeno climático tiene aspectos potencialmente favorables en general o para algunas regiones en particular?

En los eventos más significativos del fenómeno Niño, en general, se ha observado un impacto regional que no deja espacios para un impacto favorable, a lo sumo puede observarse un impacto nulo. En comparación con su fenómeno opuesto, de Niña y sequías asociadas, suele escucharse voces referidas a una condición menos deseable, de mayor impacto económico. Esta comparación, por supuesto, no siempre es fácil de hacer y depende de qué región se trate y qué actividad económica interese.

 

¿Cuál es la previsión que se puede tener para este año respecto de este evento climático?

El fenómeno El Niño – Oscilación Sur presenta este año una evolución típica en el océano Pacífico, con un calentamiento gradual de las aguas de la franja ecuatorial que alcanzaría su máxima expresión hacia fines de octubre o principios de noviembre. Sin embargo, hay aún importantes incertidumbres sobre cómo va a ser la distribución espacial y temporal de las lluvias en nuestra región y, especialmente, su magnitud.

 

¿Qué certeza hay de que los pronósticos se cumplan?

Un problema que se presenta habitualmente en la difusión a través de los medios de comunicación sobre las previsiones hidroclimáticas regionales, es que el común de los ciudadanos no repara en la diferencia entre “probabilidad de ocurrencia” y “pronóstico”. Prácticamente todo lo que los centros oficiales de monitoreo producen se refiere al primero de esos conceptos y sólo en lo referido al corto plazo aparece la posibilidad y conveniencia de hablar de pronóstico.

 

¿Qué previsiones se pueden tomar?

Para ir aproximando situaciones del mediano y largo plazo, habida cuenta de que muchas actividades económicas requieren una antelación importante ante fenómenos extremos, es necesario definir “escenarios probables”. De eso se trata ante, por ejemplo, los operadores de la navegación fluvial de alto porte, o los ganaderos de zonas bajas o vulnerables o los operadores turísticos.

 

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