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Ballet por la Igualdad: el cuerpo como territorio de expresión, resistencia y memoria

La Fundación Igualdad creó, en 2021, bajo la dirección de Nana Esker, un programa de formación, pertenencia y aprendizaje integral, inclusivo y gratuito “desde una perspectiva de género, diversidad y no discriminación”. A 50 años del último golpe de Estado de 1976 presentaron, además, un proyecto de videodanza, “Limbo”, con dirección de la directora y documentalista Brenda Barroero y la coreografía creada por Andrea Pollini.

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Imagen ilustrativa de ballet

La Fundación Igualdad creó en 2021 su propio espacio para la danza, el movimiento y el cuerpo: el programa Ballet por la Igualdad, un ámbito de formación, pertenencia y aprendizaje integral, inclusivo y gratuito “desde una perspectiva de género, diversidad y no discriminación”. La iniciativa se desarrolla en la sala Julio Bocca de El Sábato Espacio Cultural, que depende de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (Uriburu 763, en la Ciudad de Buenos Aires) y se erige como un marco colectivo desde el cual se impulsa una propuesta artística, consolidando una línea de trabajo que articula –como ejes fundamentales— la danza, la inclusión y los derechos humanos

Bajo esa premisa, en conmemoración por los 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, además, estrenaron un proyecto de videodanza, Limbo, que surgió como una pieza artística y política “donde el cuerpo se convierte en territorio de expresión, resistencia y memoria”. A través del lenguaje de la danza y del audiovisual, la obra propone una reflexión sensible sobre la igualdad, la diversidad y el derecho a existir en libertad, poniendo en primer plano a los cuerpos históricamente invisibilizados o normativizados

La directora del Ballet por la Igualdad, Nana Esker, describe cómo la propuesta trasvasó entonces los límites de la misma disciplina: “Este es un ballet artístico y social que busca generar igualdad de oportunidades en el acceso a la danza, demostrando que el talento y la vocación son los verdaderos motores del crecimiento”. Por eso mismo, sostiene que el ballet se nutre de maestros y coreógrafos con mucha trayectoria para diferentes puestas en los distintos lugares donde los convocan: “Estamos muy contentos porque el proyecto tiene más de tres o cuatro años y está creciendo cada vez más”. 

Para Pedro Paradiso Sottile, uno de los fundadores y –ahora— presidente de la Fundación Igualdad, uno de los principales objetivos de ese espacio “es la militancia por los derechos humanos de las personas LGTBQ+ y la promoción de valores de diversidad, democracia, justicia e igualdad”. Plantea que entre los ejes fundamentales de la organización está el trabajo con la memoria histórica. Por eso, toman el legado del Frente de Liberación Homosexual, el primer grupo LGTB del país en 1967, que fundó Héctor Anabitarte, quien promovió este espacio y ahora también forma parte de la organización. “Estamos convencides que un pueblo sin memoria no tiene ni presente ni futuro”, destaca Paradiso Sottile sobre Limbo.

“Este es un ballet artístico y social que busca generar igualdad de oportunidades en el acceso a la danza, demostrando que el talento y la vocación son los verdaderos motores del crecimiento”, explica Nana Esker, directora del Ballet por la Igualdad.

Imagen ilustrativa de baller

En el mediometraje, en la coreografía creada por Andrea Pollini, se construye un movimiento colectivo que oscila entre la fragilidad y la potencia, explorando vínculos, tensiones y apoyos mutuos. Esto es: cada gesto dialoga con “la idea de comunidad, igualdad y cuidado, alejándose de jerarquías y estereotipos para abrazar la pluralidad de identidades y experiencias”.

La dirección audiovisual de Limbo (de una duración de 10 minutos) acompaña esta búsqueda del ballet desde una mirada cinematográfica que potencia la expresividad del movimiento, trabajando con el espacio, el tiempo y la proximidad del cuerpo como herramientas narrativas. La cámara no observa desde afuera: se involucra, respira con las y los intérpretes y amplifica el sentido poético y político de la danza. 

La directora y documentalista Brenda Barroero señala que Limbo se grabó en el Espacio Memoria de la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los centros clandestinos más grandes de nuestro país, y que coincide además con el aniversario por los 50 años del golpe. “Fue muy simbólico grabar en ese lugar, justamente, en el edificio de las cuatro columnas, con la idea audiovisual de ‘traducir’ el lenguaje de la cámara, que en lugar de ser una mera observadora, fuera participe y acompañara desde adentro toda esa comunicación que exploran los cuerpos en la obra”, explica.

La lista de bailarines e intérpretes se completa con Agustina Norese, Gabriela Azar, Ignacio Fittipaldi, Paula Grecco, Sol Fernández Rey, Matías Coria, María Pilar Gómez Capozzolo, Camila Bianchi y José Bárcena. Tiene música original de Adriano Mazziotti – Pivvo. La realizadora sostiene que el resultado de esta pieza se muestra “como un dispositivo de sensibilización y diálogo, que articula arte contemporáneo y derechos humanos”, siempre con la premisa de “la construcción de una sociedad más justa, inclusiva e igualitaria”.

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