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La actualización de la doctrina Monroe
La frase “América para los americanos” resume una de las políticas exteriores más antiguas y emblemáticas de Estados Unidos. Surgida en 1823, la Doctrina Monroe ponía al país del norte como gendarme regional y marcaba territorio frente a las potencias europeas. Hoy se ve -a través del alto nivel de injerencia que la Administración de Donald Trump ejerce sobre Latinoamérica- la actualización de aquellas ideas.
- junio 6, 2026
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El 2 de diciembre de 1823, cuando las naciones sudamericanas recién se habían liberado de las monarquías española, francesa y portuguesa, el quinto presidente de Estados Unidos, James Monroe, habló ante el Congreso de su país. “Los continentes americanos, por la condición de libres e independientes que han asumido y mantienen, no deben ser considerados en adelante sujetos de futura colonización por ninguna potencia europea”, dijo el mandatario, dejando en claro que colonizar no estaba permitido a otros, pero a ellos sí.
Dos siglos después, vemos de qué manera la administración Trump actualiza y aplica a rajatablas aquella doctrina.
Una vuelta de tuerca en la puesta en práctica del injerencismo tiene que ver con intervenir en los procesos electorales. En Honduras, Trump fue claro: si no ganaba Nasry Asfura, dejaría de “cooperar” con el nuevo gobierno. Los argentinos lo experimentamos en carne propia en las últimas legislativas, cuando -a través de Scott Bessent, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos- condicionó la asistencia financiera de Washington a la victoria de La Libertad Avanza.
Por estos días, dos naciones sudamericanas dirimen sus elecciones presidenciales: Perú y Colombia. En ambos países, los candidatos preferidos por Trump ganaron la primera vuelta y tienen buenas chances de convertirse en futuros presidentes: Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella.
Perú definirá su futuro presidencial este domingo. En los últimos años pasaron siete presidentes por la Casa de Pizarro; ninguno pudo concluir su mandato. En este escenario, Keiko Fujimori no dejó margen de duda durante su campaña respecto de su alineamiento con la Casa Blanca: “Expulsaremos a los ciudadanos indocumentados y esperamos que (…) se pueda hacer un corredor humanitario para que los que (…) se vieron forzados a salir de su país puedan regresar”, dijo Keiko, haciendo un cover perfecto del imaginario trumpista sobre un tema tan sensible para la región.
Pero fue más allá: “Mi rol, de ser elegida presidenta, será motivar a que los Estados Unidos vuelvan a participar más activamente en la economía peruana”, sostuvo. Y destacó: “Latinoamérica está girando hacia una corriente en donde se está priorizando la libertad, las inversiones y recuperar el control y la seguridad”, señalando que “faltan Colombia y Perú” en la lista de naciones adherentes a tan nobles causas. Y por supuesto, Donald Trump está accionando para que peruanos y colombianos elijan el “camino correcto”.
Mientras trata de salir lo menos chamuscado posible del berenjenal de Mario Oriente, mientras ve cómo Rusia destruye día a día todo el arsenal de la OTAN en Ucrania, Estados Unidos vuelve a hincar con fuerza sus garras en el barrio actualizando aquel concepto de “América para los americanos” (del norte).
En el caso peruano, la principal preocupación de Washington es aislar a Lima de la creciente influencia de China. Perú hoy es el segundo receptor de inversiones del gigante asiático. Allí está el megapuerto de Chancay, desarrollado con capitales chinos, ubicado a unos setenta kilómetros al norte de Lima, fue inaugurado en 2024 y es considerado una de las inversiones más importantes de Beijing en la región. Es la gran puerta para unir Sudamérica con Asia. Hoy esa terminal está gestionada por la empresa estatal china Cosco Shipping, que participa con un 60%, la minera peruana Volcán, que posee el 40% restante.
Asimismo, este puerto está ligado al proyecto del tren bioceánico impulsado por Brasil y China, una iniciativa para desarrollar una conexión ferroviaria de más de 4 mil kilómetros entre la costa atlántica brasileña y el Pacífico peruano. El objetivo es acelerar el traslado de productos agrícolas, minerales y materias primas hacia Asia, reduciendo la dependencia de rutas tradicionales como el Canal de Panamá.
Todo esto configura una dosis de presencia china en Sudamérica inaceptable para Estados Unidos, por lo que la administración de Trump busca cristalizar en Perú su intervención en el diseño, construcción y modernización de la Base Naval del Callao, la principal instalación de la Marina de Guerra peruana, distante a unos ochenta kilómetros del puerto de Chancay.
La Agencia de Cooperación para la Seguridad de la Defensa, un organismo de Departamento de Defensa estadounidense, ha justificado esta acción diciendo que así los Estados Unidos «contribuirán a los objetivos de su política exterior de mejorar la seguridad de un socio importante que representa una fuerza para la estabilidad política, la paz y el progreso económico en Sudamérica». Sin embargo, todo indica que se tratará de un asentamiento militar directo en tierras peruanas.
En cuanto a Colombia, Trump volvió a expresar en estos días su total preferencia y respaldo al ultraderechista Abelardo de la Espriella. El titular de la Casa Blanca felicitó públicamente al candidato opositor por los resultados obtenidos en la primera vuelta, celebrada el 31 de mayo, destacó sus cualidades y expresó su apoyo de cara al balotaje, previsto para el 21 de junio. De inmediato, el presidente colombiano, Gustavo Petro, salió al cruce: “Cuando un país interviene en las decisiones de otro país. Muere la libertad”, escribió el jefe de Estado, y convocó a los ciudadanos a participar en las elecciones sin presiones externas.
Por su parte, envalentonado por el aval del norte, de la Espriella volvió a acusar a Gustavo Petro de tener un plan para torcer la voluntad popular y pidió a Trump que lo incluya, junto a su rival, Iván Cepeda, en la lista de personalidades sancionadas.
Mientras trata de salir lo menos chamuscado posible del berenjenal de Mario Oriente, mientras ve cómo Rusia destruye día a día todo el arsenal de la OTAN en Ucrania, Estados Unidos vuelve a hincar con fuerza sus garras en el barrio actualizando aquel concepto de “América para los americanos” (del norte).
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