Argentina / 21 julio 2026

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Por qué no se pudo contra la España de De la Fuente

La Roja asfixió las líneas, manejó el ritmo los 120 minutos y no dejó jugar a la Argentina de Scaloni. Razones tácticas y físicas de una derrota ante un campeón indiscutible.

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Ahora, con la cabeza un poco más despejada y con un poco menos de bronca, nos metemos en los “por qué” no pudo llegar a pelear Argentina la final de la Copa del Mundo contra España. Porque el seleccionado dirigido por Luis de la Fuente fue dominando en el juego con pases precisos, cortos, largos, para la llegada al vacío de volantes y delanteros españoles. Con la progresión del juego que los hizo transitar entre líneas y el adelantamiento en base a pases filtrados que les permitieron encontrar huecos y poner de cara al arco a los delanteros. Porque no hicieron la dormilona, hubo una sola pelota y la tuvieron siempre ellos.

Porque desde el minuto cero España dominó el juego con tenencia y posesión, moviendo la pelota de adelante hacia atrás y de un costado al otro de la cancha. Porque Argentina corrió de atrás, sin poder quitar ni generar riesgo. Solo en los últimos minutos tuvo algunas llegadas.

Porque cuando doblaba las marcas por las bandas, España llegaba para generar peligro como en las dos primeras aproximaciones que tuvo Lamine Yamal a los pocos minutos de juego. Y porque si no llegaba, no dejaba progresar a Argentina. Porque los asfixió en todas sus líneas.

Y porque si no salía por las bandas, tocaba rápido por el medio con la línea de fondo adelantada y Rodri haciendo de eje para las llegadas de Ruiz, Olmo, Baena o Yamal.

Porque iban y no dejaban jugar un segundo. Porque los que tuvieron una marcha más fueron ellos esta vez, que controlaron y fueron a buscar los 120 minutos. Fue un monólogo que no paró hasta encontrar el gol y al que la Argentina no pudo encontrarle la vuelta.

Porque el técnico De la Fuente, que planteó un estilo de evolución del “tiki-taka”, no tuvo ningún problema en enfrentar a nuestra selección en la final. Tocaron como un equipo de futsal que juega de memoria y con movimientos mecanizados.

Porque adelantaron la línea de fondo a la mitad de la cancha para reducir los espacios y forzaron todos los errores posibles en la salida al equipo argentino. Porque usaron a los laterales o seudodelanteros pegados a la línea para abrir la cancha. Con Pedro Porro por derecha, sólido en la marca y que supo proyectarse también en ataque, haciendo imposibles las subidas de Nicolás González y de Nicolás Tagliafico.

Porque Pau Cubarsí y Aymeric Laporte se pararon en el medio casi como volantes centrales y nadie los movió. Son, al parecer, una pareja de centrales difícil de perforar. Argentina no tuvo chances de ponerlos a prueba. Y porque por la banda izquierda Marc Cucurella fue al ataque; aunque Gonzalo Montiel pudo retenerlo en el primer tiempo, en el segundo tuvo más llegada y nunca dejó que Argentina progresara por su banda.

Porque en el medio Rodri, el premiado como el mejor jugador del mundial, manejó los hilos, los tiempos, la posesión y la posición del equipo español todo el partido, con Fabián Ruiz que lo asistió, acompañó y aportó en la asfixia total al mediocampo argentino. A ese medio se sumó Dani Olmo, que picó, generó y se desprendió para llegar con peligro, y tuvo una clara en el segundo tiempo que el Dibu Martínez le sacó al córner.

Porque Lamine Yamal aportó velocidad y gambeta en el uno contra uno contra Tagliafico; ganó sobre todo en el primer tiempo, pero en el segundo perdió, le faltó potencia y definición en los últimos metros. Entonces fue pragmático y tiró centros envenenados. Venía como una de las figuras. Arrancó lesionado también. Tiene solo 19. Muchos mundiales por delante.

Porque junto a él, Álex Baena, que no se sabe bien a qué juega, apareció siempre presente en la presión arriba, y Mikel Oyarzabal, que lo tuvo a los 38 minutos del primer tiempo pero no la metió, se dedicó a generar peligro y presionar a los jugadores argentinos en la salida.

España es un merecido campeón, que le ganó jugando al fútbol a durísimos rivales como Uruguay, Portugal, Bélgica y Francia. Y por un par de goleadas a Austria y Arabia Saudita. Nunca corrió desde atrás. Y siempre mantuvo su juego, sacó ventaja, ganó y le hicieron un solo gol en ocho partidos.

Porque el arquero Unai Simón fue a buscar solo una adentro en todo el mundial. El tipo no tuvo trabajo y estuvo atento a salir y reventar pelotazos ante un par de insinuaciones de contragolpe de la selección albiceleste.

Pero porque también hizo cambios el tal De la Fuente. Tuvo banco para duplicar la potencia, el juego, la intensidad y el gol que le faltaba. A los 61 mandó a la cancha a Ferran Torres (quien terminaría anotando el gol del título) por Mikel Oyarzabal, y a Pedri por Fabián Ruiz.

Porque Pedri y Torres se convirtieron en un problema aún más grande para la selección argentina. Ni bien entró Ferran, la tuvo de cabeza después de un centro de Yamal que sacó una vez más el Dibu.

Porque a los 74 entró Nico Williams por Álex Baena y armó un lío indescifrable por la banda izquierda, y Mikel Merino por Dani Olmo. Y porque en el tiempo suplementario fue por más con Martín Zubimendi por Rodri y Eric García por Aymeric Laporte.

Y porque minutos después de los cambios fue Pedri el que habilitó al defensor central Pau Cubarsí, y de nuevo el arquero argentino se quedó con la pelota. La pesadilla que fue Williams para Nahuel Molina generó un centro que cabeceó Merino, pero que tapó Martínez. Y en la siguiente Williams quedó solo para el gol, pero definió mal y se la quedó el arquero argentino. Y en la última de los 90 le pegó Lamine Yamal en un tiro libre que sacó el Dibu Martínez.

Y porque hubo un primer suplementario donde fue otra vez Pedri a los 93: tiró un centro que apenas rozó con las rastas Williams y una vez más el arquero argentino sacó la pelota.

Porque a los 102 minutos de juego la metió Williams, pero el árbitro no convalidó el gol por una falta de VAR de Ferran contra Otamendi. Pero siguió España y se lo perdió Merino.

Cuando arrancó el segundo tiempo suplementario vino el centro desde la derecha de Yamal; parecía que se iba, pero Williams cabeceó hacia el medio y Ferran entró solo y le reventó el arco a Martínez, que esta vez no pudo detener el remate.

Porque es un merecido campeón España, que le ganó jugando al fútbol a durísimos rivales como Uruguay, Portugal, Bélgica y Francia. Y por un par de goleadas a Austria y Arabia Saudita. Nunca corrió desde atrás. Y siempre mantuvo su juego, sacó ventaja, ganó y le hicieron un solo gol en ocho partidos.

Y porque nosotros llegamos a pura épica, coraje y rebeldía. Salvo la primera fase, con un Lionel Messi que alcanzó para ganar todo, en las series definitorias Argentina se pareció a la del Mundial 90.

Porque no pudo dominar la pelota, perdió juego y fluidez, ataque, contención y tenencia. Sí desató una fuerza, una potencia implacable y de alta efectividad pocas veces vista en un mundial. Y un plus que en la final no salió en ningún momento, un fuego sagrado que no prendió, una marcha más que se trabó y que hacía que el equipo se desatara al verse en desventaja.

Porque no apareció la pasión, chicos y chicas; eso que se incorpora desde muy pequeño en los clubes de baby fútbol y en las casas y se transmite de generación en generación, en la final estuvo ausente.

Porque Argentina no pudo llevar adelante su táctica y estrategia en el juego, el toque, la gambeta, el caño y la pasión irracional. Porque llegaron muchos jugadores lesionados y, con el transcurrir del torneo, algunos se pusieron peor y se sumaron más a la lista.

Y porque el entrenador, que ya se sienta a la mesa de unos pocos que llegaron a dos finales del mundo, dio la sensación de que dedicó el partido a controlar a España y alargar lo más posible buscando una jugada épica o milagrosa de Messi o llegar a los penales. No se vio o los jugadores no pudieron ejecutar en ningún momento del partido su plan de juego.

Porque España llegó a la final al toquecito y ganó la copa de la misma manera. Aplastó en las semifinales a Francia, que venía ganando, gustando y casi goleando, y no le dejó tocar la pelota a Argentina en la final más de dos minutos seguidos.

Y porque nos deja una enseñanza para el futuro: se puede salir campeón del mundo sin una figura de otro planeta como estamos acostumbrados con Lionel Messi. Con un gran equipo, con jugadores de alto nivel, pero sin un Diego Maradona.

 

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