Argentina / 6 septiembre 2026

temperature icon 5°C
Edit Template
  • Política
  • /
  • Impugnar la empatía: la avanzada contra el concepto de derechos humanos

Impugnar la empatía: la avanzada contra el concepto de derechos humanos

Desde la campaña “Los argentinos somos derechos y humanos” en septiembre de 1979 hasta la actualidad, el sentido de los derechos en Argentina enfrenta una profunda disputa. Ante la retirada del Estado, el avance de la lógica de mercado y la deshumanización del adversario, se vuelven a poner en tensión los umbrales mínimos de dignidad y la salud de nuestra democracia.

Compartir:

Compartir:

Cartel con la frase “Los argentinos somos derechos y humanos”, lema utilizado durante la última dictadura militar argentina.

En septiembre de 1979, ante la llegada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la última dictadura lanzó el eslogan “Los argentinos somos derechos y humanos”. Aquella campaña tenía, entre sus objetivos, neutralizar las denuncias realizadas en el exterior sobre violaciones a los derechos humanos e intimidar las nuevas denuncias que dicha Comisión venía a recolectar. En estas más de cuatro décadas que transcurrieron desde la transición a la democracia, los derechos humanos han tenido una presencia constante en la esfera en el espacio público siendo su protección uno, entre otros tantos, de los supuestos sobre los que se consolidó aquel pacto implícito conocido como el consenso democrático. Desde ese lugar, la competencia y disputa política debía mantenerse en los márgenes que establecía la Constitución y el respeto por la vida y la dignidad humana no podían ser puestas en tensión en la arena política. 

Esa presencia de los derechos humanos en la esfera pública implicó un camino sinuoso, con avances y retrocesos: desde el Juicio a las Juntas hasta las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, pasando por los indultos, la posterior nulidad de esas leyes, la inconstitucionalidad de los indultos y la reactivación de los juicios por crímenes de lesa humanidad como hitos claves. Como bien señala la politóloga Mercedes Barros, el sentido de los derechos humanos en la Argentina se llenó de contenido a partir de las violaciones a los derechos humanos durante el terrorismo de Estado, consolidándose precisamente sobre la respuesta colectiva a lo sucedido en la última dictadura militar. Establecer qué entendemos por derechos humanos no es un ejercicio académico estéril; es fijar los umbrales mínimos de dignidad humana que una sociedad está dispuesta a defender para que nadie quede desamparado y, de esta manera, sus derechos humanos sean respetados.

Hoy, sin embargo, nos encontramos en una época donde las reglas del juego parecen haberse trastocado profundamente. No estamos presenciando meras modificaciones a las lógicas políticas tradicionales en relación con el debate público, sino a una impugnación y negación de la empatía, que no es ni más ni menos que poner en tensión esa humanidad de la que hablan los derechos humanos. 

El adversario político ya no es visto como un competidor legítimo dentro de la convivencia democrática, sino como un enemigo que debe ser eliminado, excluido o directamente deshumanizado. Pero no es simplemente el adversario político el que queda dentro de esta lógica, sino todo aquel al que se considera no merecedor de poder estar en el sector de “los argentinos de bien”

La socióloga Ariadna Estévez ofrece reflexionar acerca de los derechos humanos desde su carácter discursivo, que tal vez puede ser una herramienta útil para profundizar la reflexión en este contexto. Propone repensar a los derechos humanos de dos dimensiones: los “derechos” en tanto poder de la enunciación capaz de visibilizar hechos o situaciones que antes la sociedad naturalizaba y que comienzan a ser problematizados, y “lo humano” como una categoría a conformar de forma constante, un terreno de disputa que debe ser dotado de sentido en cada coyuntura histórica en donde se establezcan las condiciones que hacen a lo humano y la dignidad humana. Cuando la lógica del mercado absoluto pretende regular la totalidad de las interacciones sociales, la pregunta por los límites de lo humano se presenta con una relevancia notable.

Esta disputa simbólica tiene consecuencias inmediatas y materiales. No estamos ante simples debates teóricos. Las polémicas afirmaciones que en su momento parecían provocaciones o ideas estrafalarias —como la justificación de la libre venta de órganos, la venta de niños o la “libertad” de morir de hambre— hoy comienzan a traducirse, tal vez de una forma algo sutil, en decisiones gubernamentales efectivas. Se trata de situaciones que se presentan con frecuencia a través de una inacción estatal deliberada

Se busca que lo humano sea minimizado en pos de una supuesta libertad donde solo aquel que pueda sostener lo propio es quien merece ser asumido como humano. Parece ya no haber un sentido de lo humano, hay “mierdas humanas”, argentinos que no son de bien y demás caracterizaciones que pretenden la deshumanización de los ciudadanos.

El retiro del Estado en su rol de contención básica deja a los sectores más vulnerables a la intemperie. Ya no se enuncia que uno es libre de morir de hambre, pero se puede quedar sin una medicación vital que permite una determinada calidad de vida y en muchos casos conservar la vida, entre otros hechos a los que no nos tenemos que acostumbrar. 

El caso de las personas con discapacidad es, quizás, el más crudo ejemplo de esta dinámica: la suspensión de tratamientos médicos esenciales y el recorte de pensiones de subsistencia muestran que, bajo la mirada oficial, el valor de la vida queda supeditado a los ingresos de cada individuo y a su capacidad de competir en el mercado. Bajo esta mirada, la salud, la educación y la alimentación dejan de ser derechos inalienables para transformarse en necesidades individuales que cada uno debe resolver por su cuenta. Quien no puede competir, simplemente queda afuera de la categoría de semejante. Es aquí donde lo humano se deshumaniza, donde el sentido de lo humano pasa a ser un minimalismo perverso. 

La desprotección sistemática de las personas con discapacidad o del resto de los sectores vulnerables son traducidos al lenguaje tecnocrático del equilibrio presupuestario, despojando al debate de su dimensión humana y moral. Pero esta lógica donde lo humano es la deshumanización también alcanza a la disputa política y sus actores. 

De este modo, lo humano parece estar atado a la posición social y especialmente a los ingresos que cada uno pueda obtener. Se busca que lo humano sea minimizado en pos de una supuesta libertad que se entiende más desde un estado de naturaleza hobbesiano pre contrato social, donde solo aquel que pueda sostener lo propio es quien merece ser asumido como humano. Parece ya no haber un sentido de lo humano, hay “mierdas humanas”, argentinos que no son de bien y demás caracterizaciones que pretenden la deshumanización de los ciudadanos. 

Donde los derechos son negados y donde aquello que nos hace una sociedad debe ser obtenido en el mercado sin más, los derechos humanos y la democracia crujen. La educación, la salud, la alimentación y tantos otros derechos quieren ser prestados como necesidades que deben ser resueltas en el mercado a partir del intercambio de bienes y servicios y no desde una lógica de derechos que hace a lo humano y especialmente a la dignidad humana.

Los derechos humanos –en su sentido local– se encuentran gravemente amenazados desde posiciones oficiales que banalizan, niegan y hasta reivindican a la última dictadura militar. Pero lo humano también se encuentra tensionado y amenazado, aquello que muchas veces se menciona como falta empatía no es ni más ni menos que negar lo humano de la humanidad. Es negar la misma noción de derechos, dejando siempre de lado a su santidad: el derecho de propiedad. 

Pero nada viene de la nada, como alguna vez dijo algún satanista: ningún rayo cae en un cielo despejado, y desestimar la idea misma de derechos es consecuencia lógica de una desestimación de la democracia misma. Cuando en plena campaña de 2021 le preguntaron al actual presidente si creía en la democracia y nunca escuchamos un sí, se deberían haber encendido algunas alarmas que no sonaron.

A 47 años de la campaña “Los Argentinos somos Derechos y Humanos”, volver a preguntarnos por los derechos humanos en particular, por los derechos en general y por los parámetros que hacen a lo humano y la dignidad humana, cobra una relevancia de cara a un futuro complejo donde un imperativo ético nos llama a fortalecer a la democracia y sus actores democráticos.

 

*Leonardo Kordon es docente e investigador de la Escuela de Política y Gobierno de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Tambien es diirector de la Diplomatura Ciudadanías Digitales con enfoque en Derechos Humanos de Universidad Nacional del Comahue.

 

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: