Argentina / 5 junio 2026

temperature icon 17°C
Edit Template
  • Inicio
  • /
  • Política
  • /
  • El Senado le dio a Milei una derrota que él celebró como victoria

El Senado le dio a Milei una derrota que él celebró como victoria

La frágil tregua entre Karina Milei y Patricia Bullrich estalló en el Congreso al intentar forzar 23 pliegos judiciales a último momento. La maniobra rompió los acuerdos con Victoria Villarruel y el peronismo, que reaccionó imponiendo la designación de Verónica Michelli. Aunque Javier Milei festejó en redes, el costo político expone su debilidad.

Compartir:

Compartir:

caminos

Patricia Bullrich y Karina Milei apenas conversaron el miércoles en el despacho de la secretaria general de la presidencia para firmar la paz política. Duró más la foto que la charla, cuya letra chica se vio plasmada este jueves en el recinto del Senado: meter por la ventana 23 pliegos más que los 50 ya acordados con Victoria Villarruel y los aliados, y patear para el miércoles próximo la espinosa candidatura de Verónica Michelli. Pero el tiro salió por la culata: la vice se arrebató, el peronismo se enojó y aprovechó el desconcierto de la oposición para asestar un golpe a Javier Milei que no se esperaba. El mandatario fue otra vez “un jamoncito del medio”, esta vez entre su vice y su espada parlamentaria, que es socia pero no acepta ser empleada.

Eran las 11 de la mañana cuando el bloque libertario sonreía: habían reunido los 37 senadores y la sesión pintaba ordenada. La estrategia era sencilla: tratar 73 pliegos –los 50 acordados más 23 que Karina Milei quería sumar a último momento–, dejando afuera a Michelli. Lo que el oficialismo no midió fue que estaba rompiendo los acuerdos. Y en el Senado, cuando se rompen los acuerdos, alguien los paga.

“Para qué carajo hacemos labor parlamentaria”, gritó la peronista Juliana Di Tullio. “Esto no es un kiosco que vendemos caramelos”, había lanzado Villarruel a los periodistas en el ingreso al Senado. La vice había recibido a la candidata a jueza el martes para expresarle “profundo respaldo institucional”. Bullrich pidió un cuarto intermedio de casi una hora. Y en el Salón Azul, el peronismo jugó sin margen: o se votaban todos los pliegos –incluyendo a Michelli, sobre tablas– o se caía toda la sesión. “Era todo o nada”, resumió un senador peronista. Bullrich, sola –ningún colega de bloque la acompañó, aceptó.

El resultado fue 44 votos a favor, 18 en contra y dos abstenciones al momento de votar el pliego de Michelli, el último después de una cadena de aprobados sin inconvenientes. Los 18 negativos fueron todos libertarios. Los 44 positivos los aportaron el peronismo, los dialoguistas, sectores de la UCR y el libertario formoseño Francisco Paoltroni. Bullrich se abstuvo e invocó su “objeción de conciencia”: no estaba dispuesta a sancionar a una candidata por sus vínculos familiares. Su incomodidad reflejó una incomodidad con el gobierno.

Para que Michelli asuma, Milei deberá firmar el decreto correspondiente junto a Mahiques. En el gobierno evitan anticipar qué hará el presidente. Algunos constitucionalistas comparan esa eventual negativa con no promulgar una ley ya sancionada por el Congreso: técnicamente posible, políticamente costosa, institucionalmente cuestionable. El problema de Michelli, lejos de cerrarse, apenas entró en su nueva fase.

Milei festejó en X los 74 pliegos como “el inicio de la reconstrucción de la Justicia”, sin mencionar que entre ellos estaba la jueza cuyo retiro él mismo había solicitado. Karina y el ministro de Justicia Juan Mahiques replicaron el festejo. La victoria pírrica estaba oficializada.

Pero la paradoja tiene segunda vuelta: para que Michelli asuma, Milei deberá firmar el decreto correspondiente junto a Mahiques. En el gobierno evitan anticipar qué hará el presidente. Algunos constitucionalistas comparan esa eventual negativa con no promulgar una ley ya sancionada por el Congreso: técnicamente posible, políticamente costosa, institucionalmente cuestionable. El problema de Michelli, lejos de cerrarse, apenas entró en su nueva fase.

 

Los 74: el paquete que nadie leyó completo

Conviene mirar qué hay dentro del número festejado. Entre los 74 expedientes aprobados hay varios que merecen más de una mirada.

Emilio Rosatti, hijo del presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, llegó primero en la terna para el Tribunal Federal de Santa Fe pese a haber quedado cuarto en el orden de mérito inicial del concurso. En 2022 ya había renunciado a otro concurso tras trascender que había registrado alcoholemia positiva al volante. Su padre se abstuvo en la votación del Consejo de la Magistratura. Ahora tiene pliego aprobado.

Ana María Cristina Juan, designada para el Juzgado Federal de Hurlingham, es esposa del juez Marcelo Martínez de Giorgi, el magistrado a cargo de la investigación de la causa $LIBRA. La proximidad conyugal entre una nueva jueza federal y el juez de la causa más sensible para el gobierno pasó casi inadvertida en el festejo.

Alejandro Catania y Juan Galván Greenway, propuestos para la Cámara Penal Económico, recibieron impugnaciones por resoluciones que beneficiaron al presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia. Bullrich se negó a firmar sus dictámenes en comisión. Igual entraron.

El punto no es que todas estas designaciones sean indefendibles. El punto es que Milei celebró un paquete cuyo contenido contradice en varios tramos su propia narrativa. Michelli es cuñada de un periodista que lo investiga: pliego rechazado. La esposa del juez que investiga $LIBRA: pliego aprobado. El hijo del presidente de la Corte, pura casta judicial: pliego aprobado. 

 

El jamón, la vice y la espada

La ley de inviolabilidad de la propiedad privada tampoco sobrevivió la jornada: el oficialismo la retiró del temario porque los aliados siguen pidiendo cambios en los artículos sobre venta de tierras a extranjeros, desalojos exprés y RENABAP. Sturzenegger, otro aplazado.

Bullrich ya había advertido antes de la sesión: “Vamos ley por ley”. No hay cheque en blanco. Con una agenda saturada –PASO, glaciares, reforma laboral, presupuesto– esa postura convierte cada votación en una negociación separada con una aliada que tiene sus propios tiempos y, cada vez más claramente, su propio electorado en vista.

Villarruel volvió a jugar su juego habitual: no confrontar abiertamente, pero marcar distancia. Recibió a Michelli el martes. Describió los hechos el jueves con una precisión que le dio la razón al peronismo. 

Milei, atrapado entre su vice con agenda propia y su jefa de bancada con objeciones de conciencia, terminó la jornada festejando 74 pliegos. El número era real. El triunfo, bastante menos. En los próximos días, cuando tenga que decidir si firma el decreto que convierte a Michelli en jueza, la derrota de este jueves podría hacerse aún más evidente.

 

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: