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Ayuno para despertar las conciencias: un fogón comunitario en el frío del individualismo

La Plaza de Mayo convertida por unos días en escenario para el encuentro y una lucha singular a través del ayuno y la oración de las y los integrantes de la Mesa Ecuménica. Convocados también por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel se suman referentes de la sociedad, la cultura, el sindicalismo y la política para advertir sobre la gravedad de las violaciones cotidianas de los derechos.

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Ayuno x Belloni

La Mesa Ecuménica encendió una vigilia colectiva en Plaza de Mayo frente a la crueldad organizada. Pasaron de las charlas utópicas a la acción: pastores, pastoras, sacerdotes y el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, sostienen una huelga de hambre que se convirtió en el crisol de todas las luchas. El hambre en los barrios, la desprotección de las mujeres, los voluntarios argentinos detenidos en Libia, la resistencia indígena en Bolivia y una memoria que no se negocia son algunos de tantos temas debatidos en la histórica plaza porteña.

Catorce grados en la Ciudad de Buenos Aires, un mate amargo que circula de mano en mano y una llama que, dicen quienes saben de resistencia, no es de las que se apagan fácil. La Mesa Ecuménica lleva días instalada en la plaza con una consigna que parece sencilla pero sacude el sentido común: ayunar, orar y despertar conciencias en un tiempo donde la indiferencia cotiza en bolsa y amenaza con volverse el clima permanente.

El fuego empezó chico. Luisma, pastor de la comunidad Anabautista Menonita, cuenta que la idea de una huelga de hambre rondaba entre esas conversaciones utópicas de trasnoche, hasta que una llamada lo cambió todo: “¿Sabés la locura que quiere hacer Adolfo?”, le dijo Ana, una amiga. Resulta que Pérez Esquivel quería poner el cuerpo y ayunar. Como la chispa que enciende las brasas con fuerza, la Mesa Ecuménica construyó esta vigilia de una semana que no para de arder. “El Padre Mugica decía que nadie hace huelga con su propia hambre”, recordó Quique, miembro del espacio, al pensar en el fundamento de la acción. Por eso este fogón no es un gesto testimonial para la foto: es una interpelación directa a lo que el poder prefiere no ver: el hambre de los más pobres.

Femicidios y un ministerio apagado a propósito

La marcha del Ni Una Menos también sopló sus brasas con fuerza en la plaza. La senadora provincial Mónica Macha participó en uno de los espacios de la mesa y le puso palabras a lo que el frío social también congela y oculta: los femicidios y la violencia contra las mujeres, potenciados por la desprotección de un Estado que retiró las herramientas mínimas de prevención.

“Cuando una mujer decide cortar un vínculo violento, pasa por una situación de mucho estrés y agotamiento; hoy no contamos con ningún recurso estatal para poder acompañarla”, denunció la legisladora. Además, agregó que el cierre del Ministerio de las Mujeres no fue solo un recorte presupuestario para la tribuna, sino el acto deliberado de apagar una de las pocas estufas que quedaban encendidas para dar calor en medio del dolor de la violencia.

Macha citó a la antropóloga Rita Segato para nombrar el mecanismo de fondo del patriarcado: la existencia de una corporación que exige pertenencia y demostración de fuerza entre los propios machismos. Por eso, su convocatoria a los varones fue concreta: no callarse, no reírse del chiste, cuestionarlo. Avivar ese otro fuego desde adentro.

Catorce grados en la Ciudad de Buenos Aires, un mate amargo que circula de mano en mano y una llama que, dicen quienes saben de resistencia, no es de las que se apagan fácil. La Mesa Ecuménica lleva días instalada en la plaza con una consigna que parece sencilla pero sacude el sentido común: ayunar, orar y despertar conciencias en un tiempo donde la indiferencia cotiza en bolsa y amenaza con volverse el clima permanente.

Once días detenidos en Libia: huelga de hambre y silencio oficial

La urgencia internacional y la complicidad local también tomaron la palabra. Seyla Riera, comunicadora de La Neurona Rebelde, intervino para visibilizar una situación desesperante. Paola Giménez y Lucas Aguilera, directores de investigación del portal Nodal, llevan once días detenidos en Bengasi (Libia) junto a otros ocho voluntarios que integraban un convoy de ayuda humanitaria con destino a la Franja de Gaza. De las diez personas retenidas, seis son mujeres.

La situación es límite: ante la falta de respuestas y la desidia diplomática, los diez compañeros llevan cuatro días en huelga de hambre exigiendo representación legal y derechos básicos. Algunos, incluso, sostienen una huelga seca. Ya se reportaron desmayos, pérdida de peso y una debilidad extrema. “La tortura está siendo psicológica”, denunció Riera. Las organizaciones exigen asistencia médica urgente, acceso consular e información oficial verificable, sin esquivar la lectura política del escenario: “Mientras ellos van a hacer ayuda humanitaria a Gaza, el gobierno argentino se abraza con Netanyahu y es cómplice de un genocidio”.

 

Bolivia: la tierra no se vende y el pueblo no transa

Luis, miembro del Serpaj, trajo al fogón la temperatura de la crisis regional. Explicó que Bolivia atraviesa semanas de protestas masivas y bloqueos nacionales contra el gobierno de Rodrigo Paz, que pretendió avanzar con decretos de desregulación y entrega de tierras que los pueblos indígenas, tanto de tierras bajas como altas, rechazaron de inmediato.

Aunque la Central Obrera Boliviana (COB) intentó sentarse a negociar un pacto entre cuatro paredes, las bases en la ruta desconocieron los acuerdos y la cúpula sindical tuvo que dar marcha atrás. Hoy la demanda ya no es solo que tiren abajo los decretos, sino la renuncia de Paz. Mientras a la madrugada se presentaban proyectos para declarar el estado de excepción en el país vecino, la comunidad boliviana en Argentina se organiza para marchar desde el Obelisco hacia la Embajada en pura solidaridad con los bloqueadores.

 

Nietes: la rabia heredada que se hace bandera

Lucía Velázquez tiene 35 años; nació bajo gobiernos constitucionales pero lleva el genocidio marcado en la historia de su propia mesa familiar. Integra la organización Nietes. Su abuelo Roberto era líder campesino en Misiones y sobrevivió al cautiverio; su tío Pablo tenía 17 años cuando lo secuestraron y sigue desaparecido; su tío Marcial fue fusilado en su propia chacra. “Misiones es una de las provincias con mayor impunidad del país. Hay fosas comunes que nunca se rastrillaron”, denunció con la fuerza de la verdad en la radio abierta de la mesa.

Frente a la ola de negacionismo oficial, Velázquez no le escapó a la confrontación: “Hay que legitimar nuestra rabia y el odio de clase. Los responsables de hoy defienden los mismos intereses económicos que ejecutaron el genocidio”. Pero entre tanta oscuridad, también sembró esperanza: habló de los talleres en las escuelas donde los alumnos levantan la mano sin vergüenza si tienen un desaparecido en la familia, de las chicas de secundaria que pueden hablar públicamente de los abusos sufridos y dar nombre a sus opresores en carteles durante las marchas. 

“Los pibes no quieren bancar la injusticia. El desafío es encontrar cómo dialogar con una generación a la que nadie le dio pelota”, expresó con euforia. Y cerró con una línea que unió todos los mapas de la plaza: “Lo que pasó con el Plan Cóndor se sigue repitiendo en nuestra patria y en el mundo. Hoy hay un genocidio en vivo y en directo en Palestina y no podemos dejar de hablar de eso por más que nos quieran callar”.

 

El fogón sigue encendido

Personas de diferentes credos, identidades y militancias pidiéndole a Dios, o a lo que cada uno elija llamar Dios, por la justicia social: eso es lo que ocurre ahora en este ayuno para despertar las conciencias. Dirigentes gremiales como María Laura Torre, Secretaria General Adjunta de SUTEBA a nivel provincial, y Daniel «Tano» Catalano, referente de ATE, se hicieron presentes en la plaza para abrazar la medida y dejar en claro que la clase trabajadora organizada acompaña el reclamo. También representantes de nuestra cultura popular, como Peteco Carabajal, le pusieron música y cuerpo a la jornada cantando en la plaza, mientras que León Gieco envió su adhesión, sumándose a los tantos que por estos días se siguen acercando a sostener el fuego presencial o digitalmente.  No lo hacen por ego, sino por un deseo superior y profundamente sano: que despertemos ante los dolores de este tiempo, que dejemos de naturalizar el sufrimiento, la indigencia de nuestros ancianos, el trabajo para pocos, el no llegar a fin de mes, la pobreza estructural y, sobre todo, la quita de derechos.

“Queremos llegar bien al martes”, dice Luisma con los ojos cansados pero firmes, “pero también seguir amasando qué otra propuesta podemos construir. No solo desde la Mesa Ecuménica, sino con todos los colectivos que se van sumando”, agrega con entusiasmo.

El agua estaba en su punto. El mate, amargo y rendidor. Y la compañía, de esas que te salvan del frío. En la era de la crueldad e individualismo, un fogón compartido es mucho más que calor: es una trinchera colectiva para decir acá estamos, y de acá no nos vamos.

El ayuno de la Mesa Ecuménica por la Democracia, la Vida y el Bien Común se extenderá en la Plaza de Mayo hasta el próximo martes 9 de junio, día en que se realizará un gran acto de cierre. Esperemos que las brasas de esta gran fogata puedan ser el fuego primigenio que encienda lo mejor que tenemos: el ser comunitario y generoso ante la realidad social.

 

Lautaro Belloni es sacerdote católico e integra el Grupo de Curas en la Opción por las y los Pobres. Docente de Filosofía y materias técnicas. Estudiante de Periodismo y Gestión de Contenidos en ETER

 

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