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La crisis agrícola que amenaza el abastecimiento de alimentos
La escalada bélica en Medio Oriente y la sequía global dispararon los costos de los insumos y amenazan con desatar la peor crisis financiera en el campo desde los años 80, con un impacto inevitable en los precios de la comida.
- agosto 31, 2026
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La conjunción de guerra y clima extremo ha descalabrado el escenario de producción de granos en las principales regiones agrícolas del planeta. El sistema alimentario global depende de tres factores clave: comercio fluido, energía barata y clima estable. «Hoy parece que ninguno de estos supuestos se cumple», afirmó Evan Fraser, profesor de la Universidad de Guelph (Canadá).
Según un informe del diario británico Financial Times, elaborado en base a consultas con diferentes representantes del sector productivo, los agricultores del llamado “cinturón maicero” estadounidense están pasando por su peor crisis en las últimas cuatro décadas.
Esto tiene una causa totalmente ajena a las variables tradicionales que inciden sobre el negocio de los granos: se trata del conflicto iniciado por Estados Unidos e Israel cuando atacaron a Irán, en febrero de este año. La confrontación bélica que estranguló el paso de hidrocarburos por el estrecho de Ormuz ha eyectado los precios del diésel y los fertilizantes.
Uno de los consultados, Matt Bailey, productor de maíz y soja en el este de Nebraska, afirmó: «Los insumos están completamente fuera de control». El agricultor explicó que el fertilizante 11-52-0, rico en fósforo y utilizado durante la siembra, costaba 470 dólares por tonelada hace 10 años y ahora supera los 900 dólares. John Hansen, presidente de la Unión de Agricultores de Nebraska, describió la situación como «la peor recesión financiera en el sector desde la década de 1980». Un estudio de la Federación de la Oficina Agrícola Estadounidense calcula que, sin ayudas gubernamentales, los productores de nueve cultivos principales perderán 31 mil millones de dólares este año y otros 32 mil millones en 2027.
En cuanto al precio medio nacional del diésel en Estados Unidos subió a 5,65 dólares por galón, frente a los 3,81 dólares anteriores a la guerra, según la Administración de Información Energética. «La guerra de Irán ha generado muchísima incertidumbre para nosotros como agricultores», dijo Pam Johnson, productora de Iowa y expresidenta de la Asociación Nacional de Productores de Maíz. Otros contrapesos para la rentabilidad de los maiceros estadounidenses son el aumento de los intereses y del precio de la maquinaria agrícola, así como la sequía y las condiciones cálidas y secas en distintas zonas.
El combo conformado por altos costos de producción y condiciones meteorológicas adversas reduce las expectativas de cosechas y aumenta los precios del maíz. Estos inconvenientes que afrontan los productores norteamericanos podrían trasladarse también a los consumidores.
El combo conformado por altos costos de producción y condiciones meteorológicas adversas reduce las expectativas de cosechas y aumenta los precios del maíz. Estos inconvenientes que afrontan los productores norteamericanos podrían trasladarse también a los consumidores: «Esto significará definitivamente precios más altos de los alimentos», advirtió Brian Choi, director ejecutivo del Food Institute.
Otro cereal con problemas es el trigo. La producción y el comercio mundial de este grano se ven amenazadas por una combinación de presiones que -al igual que ocurre con el maíz – terminarán elevando los precios, según un análisis de The New York Times.
Tanto el mar Negro como el mar Rojo, vías esenciales para el transporte global de trigo, hoy se han convertido en zonas de enfrentamientos bélicos muy peligrosas, casi imposible de transitar. Asimismo, el ya mencionado cierre del estrecho de Ormuz ha encarecido los fertilizantes también para los productores trigueros de Australia.
Europa también se ha visto afectada durante este verano por un calor extremo, que acompañado de la sequía, han reducido al mínimo las proyecciones de cosecha en países como Francia y Alemania. Y Estados Unidos se dirige a su peor cosecha de trigo en el último medio siglo por causa de la sequía que atraviesan las Grandes Llanuras, factor que ya ha impulsado los precios al alza.
En cuanto a los inventarios mundiales, la buena noticia es que siguen siendo relativamente sólidos gracias a la buena cosecha del año anterior. Sin embargo, ya hay advertencias: economistas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura aseguran que la confluencia de varias fuentes de incertidumbre podrían potenciar los perjuicios y empujar los precios más arriba en los próximos meses.
En este escenario, los países importadores de granos, muchos de ellos de bajos ingresos, son los más perjudicados. Egipto, Bangladesh, y otras naciones que dependen del trigo extranjero enfrentan mayores costos, en un momento en que el fenómeno de El Niño también eleva los riesgos climáticos para millones de pequeños agricultores.
Ya vemos de qué manera el panorama para el abastecimiento de granos a escala mundial está distorsionado. Contra la sequía europea, o impacto de El Niño, poco se puede hacer, sin embargo, sobre las otras variables que inciden en el normal acceso a los alimentos sí. Y los que primero tienen que poner manos a la obra son los gobernantes responsables de haber embarrado la cancha, como el señor que está al frente de la Casa Blanca.
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