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Valentina Bassi: “No hay vida si no ponés el cuerpo”

Entre el escenario, la maternidad y las calles, la actriz habla sobre el reestreno de “Salvajada” en el teatro y la batalla diaria frente a los recortes en discapacidad. En esta entrevista con 4Palabras, reflexiona sobre la crueldad actual, la urgencia del compromiso y la resistencia colectiva para defender lo humano.

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Imagen ilustrativa de la reconocida actriz argentina Valentina Bassi.

La primera vez que la vi fue en una pantalla grande: en un cine de Rosario, cuando despuntaba la década del 90. Era joven, casi adolescente, llevaba el uniforme del colegio, esa sonrisa ancha y clara. Sin embargo, aniñada, Valentina Bassi era la protagonista de El caso María Soledad, la película de Héctor Olivera que narraba el caso de una estudiante de 17 años, en San Fernando del Valle de Catamarca, que había sido violada y asesinada, en una historia que provocó un escándalo político e institucional sin precedentes hasta ese momento, reveló las redes de encubrimiento y protección de los “hijos del poder”, desencadenó la caída del gobierno de los Saadi y dio origen a las multitudinarias Marchas del Silencio cuando todavía faltaban años para #NiUnaMenos. 

Su primer trabajo fue, quizás, premonitorio: el juicio a los asesinos de María Soledad aún no había terminado cuando rodaron aquella película. En su carrera le siguieron decenas de obras de teatro, series y películas, pero el compromiso social y político fue, sin dudas, una constante. En los últimos años fue la protagonista de Presente continuo, una película –a medio camino entre el documental y el biodrama–, que llevó adelante junto a su hijo Lisandro y el papá, el cineasta Ulises Rosell, que narra la convivencia y la cotidianeidad con un adolescente con autismo. Ahora también protagoniza el reestreno de Salvajada, que también la propulsa en temas incómodos, molestos, para una sociedad que tiende a homogeneizar todo lo diferente, lo diverso, lo que no encaja en la normalidad. La obra se puede ver en el Teatro Astros de la Ciudad de Buenos Aires.

El gobierno de ultraderecha de Javier Milei la puso, una vez más, contra las cuerdas: en todas sus apariciones en programas de radio, de televisión, en streaming, en los diarios, en las marchas frente al Congreso, semana tras semana, mostró una entrega precisa, sensible y contundente, como referente y activista por los derechos de las personas con discapacidad, que si bien llevaba adelante desde hace algunos años, cobró una nueva dimensión frente a los recortes de políticas públicas que afectaron de manera directa a todo el colectivo en estos últimos tres años. “En la primera clase de teatro te dicen: ‘No hay escena si no hay cuerpo’. Es lo mismo para mí: no hay vida si no ponés el cuerpo. Al menos es como yo me tomo la vida”, dice enfática, del otro lado del teléfono, sobre esta batalla desigual.   

 

¿Por qué la ley de emergencia en discapacidad aún no se cumple en su totalidad y qué debería lograrse para que se prorrogue?

La ley se tiene que cumplir igual aunque no se prorrogue. Los artículos que están dentro de la ley, los más importantes, son para siempre, no tienen un solo año de duración. Por ejemplo, el aumento por el IPC del nomenclador modificó la ley 24.901 y eso es para siempre; que los talleres protegidos cobren un 40% del sueldo mínimo es para siempre. O sea, si no sale la prórroga de la ley de emergencia (que estaría bueno que salga para decir que seguimos en colapso) igual van a tener que cumplir estos puntos y vamos a seguir la batalla judicial. Este año la pelea pasó a la Justicia: la ley no se cumple en su totalidad porque este gobierno es nefasto y hay que hacer una suerte de amparo colectivo para que comiencen a considerar cumplirlo. Lo cual es tremendamente desgastante pero en eso estamos. 

 

Fueron todos los casos que se presentaron por los amparos colectivos los que permitieron avanzar con la ley, ¿no? 

Sí. Hace dos meses, por ejemplo, hubo un amparo colectivo y salió una sentencia a favor para que paguen Incluir Salud, porque cortaron la cadena de pagos y ahora comenzaron a hacerlo. Por las sentencias judiciales comienzan entonces a cumplir algunos, pocos, artículos de la ley. Pero es muy desgastante porque hay que estar de manera permanente atrás para que lo hagan. En el caso del nomenclador faltan los aumentos que corresponden, porque se dio un incremento pero es insuficiente y por eso las instituciones son las que más están hoy en peligro: las escuelas especiales, los centros de día, los hogares, los CET, que son espacios que tienen que pagar sueldos a sus profesionales, que tienen que dar de comer a sus pacientes, que tienen que pagar infraestructura o servicios básicos y están muy ahogados y asfixiados, porque además no pueden pagar las deudas que tomaron el año pasado para no cerrar las puertas. Creo que son los que más sufrieron con los incumplimientos de esta ley. En el caso de los talleres protegidos se está cumpliendo la normativa y están cobrando un 40% de un sueldo mínimo, que es muy poquito, pero porque también debería subir el salario. Las compensaciones que tomaron todas las instituciones para no cerrar, ya pidieron un montón de trámites y facturas para compensarlas pero no las pagan.

Valentina Bassi: “Lo único que espero es que Milei no sea reelecto, ni él ni algo parecido con otra persona. Ojalá la sociedad entienda que esto es un desastre, que la derecha y la ultraderecha siempre dañan: no quieren salud, no quieren educación, no quieren cultura, no quieren ciencia. No les sirve. Después, si no gana Milei y gana algo diferente, habrá que juntar los pedacitos del país que quedó y tratar de reconstruirlo de a poco”.

¿Por qué los aranceles siguen por debajo de los costos reales? ¿Qué haría falta para actualizar el nomenclador? 

Los aranceles siguen por debajo de los costos reales porque no aumentaron el nomenclador como dice la ley: se necesita alrededor de un 30 o 40% de aumento para que las instituciones puedan, por ejemplo, alimentar a las personas que asisten. En el caso de los hogares, donde las personas viven directamente, porque alojan a las personas con discapacidad que no tienen familiar, son cuatro comidas al día. Las escuelas especiales y los centros de día tienen que dar tres comidas al día y están pagando alrededor de 4.000 pesos por alumno/a y eso no alcanza. Todo esto sin contar los gastos de infraestructura, luz, gas, mantenimiento, sueldos, aguinaldos, que es tremendo. Quienes también están sufriendo todos estos recortes son los transportistas, que está liquidados, porque tampoco se hizo la evaluación de costos (que la ley decía que se tenía que hacer) y más allá de la inflación porque en el caso de la nafta se fue muy lejos y no están pudiendo solventar los costos operativos. Por eso se están exigiendo esos aumentos pero es muy complejo hablar con este gobierno porque no hay diálogo posible. 

 

Las pensiones por discapacidad que se dieron de baja también continúan sin otorgarse, ¿qué hace falta para dar vuelta este esquema? 

Desde que asumió el gobierno de Javier Milei no se otorgaron pensiones por discapacidad. Si vos tuviste un problema de salud, no tenés obra social y necesitás terapias de rehabilitación no podés acceder a estos beneficios de Incluir Salud. En el caso de las que dieron de baja al principio del gobierno algunas se reestablecieron y otras no: lo hacen todo de manera muy desprolija. La persona con discapacidad es la que se tiene que mover y hacer trámites para que le devuelvan la pensión porque si no el Estado se hace el que no ve. Eso aún teniendo una sentencia judicial que hizo lugar a que se devolvieran todas las pensiones. Lo fatal, además, es que no se den pensiones nuevas porque hay un montón de gente en lista de espera. El punto no es solo la pensión si no el beneficio de Incluir Salud, que es para las personas que no tienen obra social ni medicina prepaga, entonces brinda el derecho a las terapias de rehabilitación para aliviar el dolor, a las medicaciones (que son carísimas, por ejemplo, para el dolor crónico o para los anticonvulsivos) y que es una obra social pensada para las personas más vulnerables.

 

Las compensaciones tampoco se están pagando, ¿cómo se equiparan esos costos operativos tan deteriorados, los nomencladores, la situación del transporte, las terapias, los centros? 

En el caso de Incluir Salud no las pagaban. Hace unos o dos meses salió el amparo colectivo en Córdoba y el juez (Miguel Hugo) Vaca Narvaja dictó la sentencia de que tenían que pagarlo y comenzaron a hacerlo pero con una desprolijidad espantosa. Recién ahora, ahora, en agosto, comenzaron a ponerse al día pero para pagar febrero, marzo, abril. Pero cuando hay una sentencia comienzan a cumplir a la larga lo que se les solicita. Siempre de manera muy desprolija, por eso yo creo que tampoco saben gestionar. En este momento dependemos de la Justicia. En el caso del resto de las compensaciones no las están pagando, por eso hay que seguir insistiendo para que lo hagan. Porque si el nomenclador aumenta por el IPC no sirve de nada: se lo morfan las tasas de interés por las deudas que tomaron el año pasado para no cerrar. No está siendo efectivo con un nomenclador tan bajo.  

“Teníamos muchas ganas de estrenar Salvajada porque sentíamos que se resignificaba en estos tiempos de crueldad infinita. La verdad es que nos hace muy bien hacer esta obra y también le hace muy bien verla a la gente. Y Mauricio Kartun escribiendo es puro amor”.

¿Cuál sería el plan ideal para atender a los derechos de las personas con discapacidad ante tanto deterioro de estas políticas públicas? 

El plan ideal sería que se vaya este gobierno el año que viene y venga otro a juntar los pedacitos que quedaron. Este gobierno, ya lo sabemos, porque además lo han dicho, hará todo lo posible por dañar a todas las personas con discapacidad, sus familiares y los prestadores, terapeutas y centros que los alojan. Están encaprichados con sacarse de encima a las personas con discapacidad y por hacer negocios con las empresas de medicina prepaga y las obras sociales. Porque esa es otra de las cosas muy graves que está pasando: las empresas de medicina prepaga y las obras sociales están haciendo lo que quieren, nadie las está controlando, nadie las está regulando. La sensación que tengo es que dicen: “Este es mi momento, lo aprovecho”. No te autorizan las prestaciones, pagan mal, algunas empresas decidieron no pagar el nomenclador (que es totalmente ilegal) pero como nadie las controla… Este gobierno vino claramente a hacer sus “negocios” y lo sabemos por la ANDIS y por el ministro de Salud, Mario Lugones, que viene del mundo corporativo y está trabajando para las empresas de medicina prepaga de sus amigos. Los familiares estamos realmente muy agotados. Por eso lo ideal sería que no vuelvan a ganar el año que viene.   

 

En este contexto, el reestreno de una obra de teatro como Salvajada también toma otra dimensión de la problemática, de las diversidades, de las diferencias en una sociedad “normalizadora”, que no tolera nada distinto.

Teníamos muchas ganas de estrenarla porque sentíamos que se resignificaba en estos tiempos de crueldad infinita. Hicimos mucho esfuerzo de logística para estrenarla porque somos quince personas en la cooperativa y había que ordenar agendas, conseguir teatro, de todo, pero la verdad es que nos hace muy bien hacer esta obra y también le hace muy bien verla a la gente. Hay algo de unión y comunión que existe en las funciones que es muy necesario en estos momentos. Además es una obra súper entretenida: Mauricio Kartun escribiendo es puro amor, canciones, humor, pero es una obra brava.    

 

La militancia por los derechos de las personas con discapacidad parece formar parte de todo un recorrido también desde los derechos humanos más básicos. Pienso también en tu compromiso con TeatroxlaIdentidad, ¿qué pensás de estos caminos? 

Sí, yo siempre me movilicé por las cosas que me conmovieron, soy así, es mi personalidad desde chica. En el colegio secundario estaba en el centro de estudiantes, a full, después con unos compañeros hicimos una revista que se llamaba Desequilibrio, donde metíamos actualidad pero también cosas que pensábamos. Siempre me gustó expresarme por las cosas que me conmovieron, por TeatroXlaIdentidad o por el cannabis cuando empecé a cultivar y me parecía terriblemente injusto que fuera ilegal y que estemos haciendo todo a escondidas. Lo que pasa es que ahora todo tomó más relevancia mediática porque es un desastre monumental, pero no siento un cambio, como si hace un par de años atrás me hubiera propuesto algo en particular. No, para nada, opino, pongo el cuerpo, me movilizo, voy a las marchas, pienso que es una forma de intentar hacer lo que podemos desde nuestro lugar, sobre todo si queremos cambiar lo que nos parece injusto. Hay que poner el cuerpo, igual, es algo muy propio de los actores. En la primera clase de teatro te dicen: “No hay escena si no hay cuerpo”. Es lo mismo para mí: no hay vida si no ponés el cuerpo. Al menos es como yo me tomo la vida.  

 

Hay muchas cuestiones que faltaban por trabajar como la inclusión en las escuelas o la mejora de las prestaciones en discapacidad. Ahora se está discutiendo lo más elemental y básico de los derechos humanos de las personas: el cuidado, la recuperación, la vida cotidiana. Después de estos dos años de lucha, de poner el cuerpo en la calle, ¿qué quedará de todo esto y cómo se podrán revertir todas estas situaciones frente a un posible cambio de gobierno en 2027? 

Lo único que espero es que no sea reelecto, ni él ni algo parecido con otra persona. Ojalá la sociedad entienda que esto es un desastre, que la derecha y la ultraderecha siempre dañan: no quieren salud, no quieren educación, no quieren cultura, no quieren ciencia. No les sirve. Después, si no gana Milei y gana algo diferente, habrá que juntar los pedacitos del país que quedó y tratar de reconstruirlo de a poco. Pero todavía falta y les queda bastante por destruir, con un Congreso bastante amigable, la verdad es que el panorama es muy oscuro. No quiero ser pesimista pero puedo ver la realidad. Esperemos, activamente, que las cosas cambien. 

 

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