- Política
- /
- El petróleo de Malvinas: el más grande desafío a los derechos argentinos que Milei ha decidido ignorar
El petróleo de Malvinas: el más grande desafío a los derechos argentinos que Milei ha decidido ignorar
El ex diputado nacional y ex Secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, expone el riesgo económico, político y ambiental que supone la explotación petrolera de una empresa de capitales israelíes en las islas Malvinas ante la inacción del gobierno de Javier Milei. Reclama acciones del gobierno nacional, del Congreso y de la Justicia para poner límite al saqueo británico en territorio argentino.
- agosto 2, 2026
- Lectura: 10 minutos
Compartir:
- agosto 2, 2026
- Lectura: 10 minutos
Compartir:
Nos encontramos ante un escenario crítico que exige la máxima alerta nacional. La inminente fase de explotación hidrocarburífera –es decir el comienzo de la producción tras la exploración- en las Islas Malvinas, en el yacimiento Sea Lion ubicado en la Cuenca Malvinas Norte, liderada por la empresa de capitales israelíes Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration, representa mucho más que un acto de piratería económica; constituye un punto de inflexión para la Cuestión Malvinas. La extracción del primer barril de petróleo cambiará dramáticamente la posición de poder británico en el Atlántico Sur y debe impedirse. Como he sostenido en reiteradas ocasiones, la República Argentina debe agotar todas las instancias políticas, diplomáticas, legales y judiciales para evitar que se llegue a ese punto, ya que ese hito significaría la consolidación económica del colonialismo británico en el territorio ilegalmente ocupado por Gran Bretaña, tornando mucho más complejo el proceso futuro de recuperación del ejercicio de soberanía. Este avance unilateral, facilitado por la inquietante inacción del gobierno de Javier Milei, no solo vulnera la legislación argentina y el derecho internacional, sino que inaugura una etapa de saqueo estructural y riesgo ambiental extremo que amenaza la integridad de todo el Atlántico Suroccidental.
Desde que Milei asumió la presidencia vengo advirtiendo sobre las reiteradas omisiones del gobierno de Milei en esta materia y en otras que tienen que ver con las políticas soberanas. Lo he hecho a partir del conocimiento de la temática que me dio mi tarea parlamentaria, en especial por haber participado de la gestación de una de las leyes vigentes que sanciona penalmente a los partícipes en actividades hidrocarburífera ilegales en la plataforma continental argentina, y por mi actuación como secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur hasta diciembre de 2023.
El Reino Unido, en una nueva muestra de su persistente vocación imperialista, avanza unilateralmente en la explotación de recursos hidrocarburíferos en la Cuenca Malvinas Norte. Esta actividad no es solo un desafío a los derechos de soberanía de la Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes que nuestra Constitución Nacional consagra, sino una afrenta directa al derecho internacional y una amenaza ecológica de inconmensurable magnitud.
El avance del proyecto ilegal la Cuenca Malvinas Norte
El yacimiento Sea Lion, ubicado a unos 200 kilómetros al norte de nuestras Islas Malvinas, se encuentra íntegramente sobre la plataforma continental argentina. Actualmente, el proyecto es impulsado por la empresa de capitales israelíes Navitas Petroleum Development and Production Limited y su socia británica Rockhopper Exploration Plc. Tras años de postergaciones gracias a las acciones legales y la acción diplomática desplegadas por la Argentina, el proyecto ha cobrado un nuevo impulso. El involucramiento de Navitas Petroleum posibilitó que el proyecto reflotará tras el retiro del mismo de Premier Oil PLC, una compañía británica que había sido sancionada por el gobierno argentino. El gobierno británico y los actuales titulares del proyecto aprovechan para avanzar el escenario favorable creado por el gobierno thatcherista de Milei.
El Reino Unido, en una nueva muestra de su persistente vocación imperialista, avanza unilateralmente en la explotación de recursos hidrocarburíferos en la Cuenca Malvinas Norte. Esta actividad no es solo un desafío a los derechos de soberanía de la Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes que nuestra Constitución Nacional consagra, sino una afrenta directa al derecho internacional y una amenaza ecológica de inconmensurable magnitud.
Navitas Petroleum ha logrado captar financiamiento internacional, principalmente a través de la bolsa de Tel Aviv, y ha logrado, en un procedimiento que no reúne las garantías mínimas de respeto de los estándares internacionales, la declaración de impacto ambiental por parte del ilegítimo gobierno de las islas. El cronograma británico es alarmante: se espera que la explotación efectiva se inicie en marzo de 2028, con una proyección de alcanzar una producción de más de 50.000 barriles diarios hacia el año 2032. Este desarrollo pretende convertir a las islas ocupadas en un centro de producción de hidrocarburos que otorgaría a Londres ingentes ingresos para sustentar los costos de su ocupación ilegal y profundizar la militarización del área.
Ilegalidad absoluta: leyes nacionales y la Resolución 31/49
Es imperativo subrayar que este proyecto es absolutamente ilegal. Para la República Argentina, cualquier actividad de exploración o explotación de recursos naturales en su plataforma continental sin autorización expresa de las autoridades competentes constituye un ilícito. Nuestro marco normativo es claro: las leyes 26.659 (promulgada en abril de 2011) y 26.915 (promulgada en diciembre de 2013) establecen sanciones administrativas y penales severas para las empresas y sus directivos que participen en estas actividades, así como para quienes les brinden financiamiento o servicios.
En el plano internacional, el Reino Unido viola sistemáticamente la Resolución 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas (1976). Esta resolución insta explícitamente a la Argentina y al Reino Unido a “abstenerse de adoptar decisiones que entrañen la introducción de modificaciones unilaterales en la situación” mientras el proceso de descolonización permanezca pendiente. La exploración y explotación de hidrocarburos es, por definición, una modificación sustancial y unilateral que el Reino Unido impone por la fuerza, ignorando el mandato de la comunidad internacional.
El contexto geopolítico: una mirada desde la Economía Política Internacional
Para comprender por qué Londres acelera el saqueo, debemos tener en cuenta la evolución del escenario internacional. La investigadora Diana Tussie, desde la perspectiva de la Economía Política Internacional, aporta una visión fundamental sobre la mutación del interés británico en el archipiélago. Esta destacada especialista señala que no se trata solo de un enclave militar, sino de una fuente estratégica de recursos frente a un centro imperial en decadencia energética.
Como bien explica Tussie en su análisis: “Malvinas ofrecen la misma riqueza que los declinantes recursos en las aguas del Mar del Norte. Es claro que los recursos naturales, y el petróleo principalmente, están indisolublemente unidos al futuro de las islas. La producción británica en el Mar del Norte cayó 80% desde 2000” (“Entender Malvinas: Recursos naturales, fervor imperial”).
Esta caída drástica, sumada a la vulnerabilidad energética europea tras la guerra en Ucrania, ha llevado al Reino Unido a posicionarse como un potencial exportador neto de petróleo para la OTAN, utilizando para ello recursos que pertenecen a la soberanía argentina. La conexión entre el sostenimiento del enclave colonial, la política de defensa y la política energética británica es hoy más estrecha que nunca.
Gestión soberana vs. «desmalvinización» actual
Durante nuestra gestión (2019-2023), llevamos adelante una estrategia basada en la reafirmación permanente de la soberanía y la aplicación rigurosa de la ley. En ese marco tomamos una decisión clave de fuerte impacto para el sostenimiento de una política de sanción de las actividades ilícitas impulsadas por el gobierno británico: la denuncia, el 2 de marzo de 2023, del vergonzoso pacto Foradori-Duncan, que pretendía remover los obstáculos para que los británicos avanzaran con la explotación hidrocarburífera y el saqueo pesquero. Asimismo, sancionamos a Navitas Petroleum y denunciamos penalmente a sus directivos ante el Juzgado Federal de Río Grande, provincia de Tierra del Fuego, A. e I.A.S.
En contraste, el gobierno de Javier Milei ha iniciado un peligroso proceso de «desmalvinización» de la política exterior. Hemos visto con estupor cómo el presidente ha viajado en reiteradas ocasiones a Israel sin tener en su agenda la exigencia de que Navitas Petroleum, una empresa fuertemente vinculada a la política israelí, se retire de las Islas Malvinas. La cancillería actual se ha limitado a emitir comunicados tibios y extemporáneos cuando los hechos ya estaban consumados, demostrando una total funcionalidad a los intereses británicos. Esta inacción, sumada al restablecimiento de compromisos de alcances similares a los asumidos por el pacto Foradori-Duncan mediante el pacto Mondino-Lammy de setiembre de 2024, representa un retroceso histórico para nuestra causa nacional.
Resulta incalificable que el presidente Javier Milei, en el marco de su declarado alineamiento «automático e incondicional» con Israel, haya visitado ese país en incontables ocasiones sin realizar jamás un reclamo público ni exigir a Netanyahu –junto a Trump uno de sus principales socios políticos- que adopte medidas ante las acciones ilegales que lleva adelante Navitas Petroleum en territorio argentino. Esta omisión es sumamente grave, ya que no estamos ante una empresa ajena al poder político israelí. El presidente de Navitas es Gideon Tadmor, una figura pública de enorme relevancia en Israel que ha recibido múltiples concesiones estatales para sus compañías, tanto de administraciones anteriores como del actual gobierno de Benjamín Netanyahu. Junto a él opera el vicepresidente de la firma, Yakov «Kobi» Katz, exministro de Infraestructura, Energía y Aguas de Israel, lo que demuestra que el proyecto cuenta con el respaldo de sectores clave del poder en Tel Aviv y es parte del plan de autoabastecimiento energético de Israel.
Ante esta situación, el Estado argentino tiene la obligación ineludible de actuar con firmeza y dejar de ser un espectador pasivo de este despojo. Es imperativo que el Poder Ejecutivo impulse el cumplimiento de las leyes 26.659 y 26.915, aportando de manera urgente todos los elementos necesarios al Juzgado Federal de Río Grande para que avancen las causas penales contra Tadmor, Katz y el resto de los directivos de Navitas y Rockhopper. El procedimiento sancionatorio se debe abrir también contra los fondos de inversión e inversores individuales que han comprometido recursos en los últimos meses para el desarrollo del proyecto. Asimismo, la Cancillería debe tramitar los exhortos y notificaciones internacionales correspondientes. La inacción actual del gobierno de Milei, que permitió a estas empresas captar financiamiento sin resistencia política y diplomática, solo facilita la consolidación del colonialismo británico a través del saqueo de nuestros recursos naturales.
El océano es un sistema continuo; un desastre en aguas bajo la usurpación británica podría provocar daños irreparables en el resto del mar argentino y su biodiversidad. La ocupación por la fuerza impide que la Argentina ejerza su derecho de supervisión y control ambiental sobre una actividad de altísimo riesgo, llevada a cabo por empresas que no son de primer orden global y que operan sin los estándares adecuados.
La amenaza ambiental sobre el Atlántico Sur
El proyecto Sea Lion no solo es una usurpación económica; es una bomba de tiempo ambiental. Ubicado sobre la plataforma continental, un eventual derrame de petróleo tendría impacto no solo en las Islas Malvinas y sus aguas adyacentes. Sus impactos pueden alcanzar a otras áreas de la Zona Económica Exclusiva Argentina e incluso las costas patagónicas y los ecosistemas antárticos.
El océano es un sistema continuo; un desastre en aguas bajo la usurpación británica podría provocar daños irreparables en el resto del mar argentino y su biodiversidad. La ocupación por la fuerza impide que la Argentina ejerza su derecho de supervisión y control ambiental sobre una actividad de altísimo riesgo, llevada a cabo por empresas que no son de primer orden global y que operan sin los estándares adecuados. Las casi inexistentes capacidades de evaluación y control ambiental del ilegítimo gobierno de las Islas Malvinas agravan aún más la situación.
La simulación del compromiso ambiental británico
Finalmente, es necesario desenmascarar la estrategia de «marketing verde» con la que Londres intenta legitimar este saqueo. El gobierno ilegítimo de las islas busca sancionar el Offshore Petroleum Bill 2026 y crear un «Fideicomiso Verde» financiado por las propias petroleras. Se pretende presentar la extracción ilegal como una «minería responsable» que compensa sus emisiones de carbono.
Sobre esta pose pseudo-ambientalista, el experto Jorge Poblette, ex jefe de Gabinete de la Secretaría de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, denuncia con claridad: “El Reino Unido apela nuevamente al relato conservacionista para ocultar el saqueo de recursos naturales en aguas usurpadas a la Argentina. El nuevo ‘Fideicomiso Verde’ de Navitas y Rockhopper no es una medida de protección ambiental, sino una decisión para profundizar y legitimar la ocupación, poniendo en riesgo la integridad ecológica de todo el Atlántico Sur y la Antártida” ( “Tasa ambiental en Malvinas: Marketing verde para inversores y grave peligro de contaminación para el Atlántico Sur”).
Estamos ante desafíos que no solo no pueden ignorarse como lo hace Milei, sino que exigen un nivel de compromiso y activismo del Estado argentino y sus agentes públicos de carácter multidimensional, esto es una respuesta acorde a la amenaza que implica el comienzo de la explotación ilegal anunciado para 2028. No basta tampoco con declaraciones de ocasión, destinadas a salvar la responsabilidad de los funcionarios diplomáticos. Es tiempo de que el Poder Ejecutivo Nacional despliegue un conjunto de acciones categóricas que apunten a evitar que se extraiga el primer barril de petróleo malvinense, ese que permitiría el drenaje de los subsiguientes millones de barriles y miles de millones de libras a las arcas del tesoro británico y de las compañías e inversores involucrados en este proyecto de saqueo de la riqueza suratlántica argentina.
Como es previsible que la cabeza del Poder Ejecutivo continúe con su pasividad funcional y siga sin hacerlo, el Congreso Nacional, el Poder Judicial de la Nación y la ciudadanía toda deben tomar desde ahora mismo cartas en el asunto.
Guillermo Carmona es abogado, ex diputado nacional, ex secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur
4Palabras
Compartir:
Temas relacionados
Comentarios Cancelar la respuesta
Más leídas
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad
Suscríbete a nuestro boletín para mantenerte actualizado
Más información
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad



