Milei fue a la ONU a buscar la foto con Trump pero se quedó con un discurso duro y en soledad sobre Malvinas
El presidente Javier Milei enfrenta un panorama complejo luego de su paso por la 80° Asamblea General de Naciones Unidos. Pese a endurecer su discurso sobre Malvinas y ratificar el alineamiento con Estados Unidos e Israel, quedó postergado en la agenda de Donald Trump, quien priorizó una bilateral con Reino Unido. La gira expuso tensiones por el retiro de símbolos de las islas en el país y dejó al descubierto fracturas diplomáticas y grietas internas.
- septiembre 23, 2026
- Lectura: 3 minutos
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Javier Milei habla con su canciller Pablo Quirno hasta que en un momento se da cuenta que del otro lado del salón, sus pares latinoamericanos están conversando animadamente. Entonces camina para encontrarlos y saludarlos: el chileno José Antonio Kast, el paraguayo Santiago Peña, el boliviano Rodrigo Paz. Intercambian abrazos, algunas risas, se sacan unas fotos. Luego el libertario vuelve a su lugar, del otro lado del salón para pasar los siguientes diez minutos sentado, solo, sin hablar con nadie. Dialoga con Quirno sobre los auriculares del traductor para matar la espera. Hasta que Marco Rubio, secretario de Estado nortemaricano, irrumpe en el lugar y da comienzo a la reunión del Escudo de las Américas, la arquitectura que armó Donald Trump para tener bajo su control el continente bajo la premisa de una política de seguridad antidrogas. Luego habrá otro momento de zozobra, hasta el ingreso del presidente republicano, que hará un monólogo de pocos minutos, responderá algunos elogios de los mandatarios y se retirará.
La escena que protagonizó Milei este martes al margen de la Asamblea General de la ONU en Nueva York –y que quedó registrada en la transmisión oficial norteamericana, con sonido ambiente incluido– parece revelar mucho acerca de la política exterior del gobierno. Un presidente, que se jacta de ser faro de la derecha continental, no atrae la atención del resto y queda supeditado a los tiempos que marca Washington. Milei no tuvo intercambio directo con Trump y menos consiguió una foto con él –así sea en un pasillo del edificio de las Naciones Unidas–, algo que sí consiguió el británico Andy Burnham.
Apenas unas horas más tarde, ya arriba del atril de la 80° Asamblea General, Milei subió el tono que no había podido imponer en la sala del Escudo de las Américas. Definió a Malvinas como “una causa nacional”, denunció el proyecto petrolero Sea Lion como “un acto ilícito” y anunció que la Argentina pasará de lo que llamó “una defensa discursiva” a “una defensa pacífica, práctica y efectiva”, con sanciones a las empresas que operen en el área bajo bandera británica. Fue el tramo más elaborado de un discurso que, en once minutos, calificó a la ONU de “inútil” y la acusó de haberse convertido en “una casta de parásitos”, denunció políticas de la pandemia a las que llegó a calificar de “genocidio”, reclamó que la inteligencia artificial “debe ser liderada por Occidente” sin regulaciones estatales, y cerró con un alineamiento “sin ambigüedades” con Estados Unidos e Israel.
La contradicción más incómoda para la Casa Rosada la dejó la cumbre del Escudo de las Américas. Mientras Milei se quedaba sin su foto, Trump sí tuvo su primer encuentro bilateral formal con Burnham, en un clima que la prensa describió como “distendido”: lo llamó “Andy” y afirmó que la relación entre Washington y Londres está “en alza”.
El reclamo soberano sobre Malvinas, sin embargo, convivió en paralelo con una decisión puertas adentro que generó rechazo entre los propios veteranos de guerra este mismo miércoles. El Gobierno retiró del Museo Malvinas una bandera que había flameado en las islas durante el Operativo Cóndor, la incursión de 1966 que buscó instalar el reclamo de soberanía en la agenda internacional. Veteranos emitieron un comunicado para denunciar el retiro y sostener que la medida “no respeta la lucha por la soberanía”, en el mismo momento en que el Presidente reivindicaba esa causa ante la Asamblea General a ocho mil kilómetros de distancia. El hecho se suma a otro reclamo previo, por el retiro de una insignia de la Casa Rosada, y ya motorizó un pedido formal de restitución firmado por 27 diputados peronistas.
La contradicción más incómoda para la Casa Rosada, de todos modos, no fue esa sino la que dejó la propia cumbre del Escudo de las Américas. Mientras Milei se quedaba sin su foto, Trump sí tuvo su primer encuentro bilateral formal con Burnham, en un clima que la prensa describió como “distendido”: lo llamó “Andy”, lo definió como un “empresario nato” que “capta la situación y entiende perfectamente lo que hay que hacer” y afirmó que la relación entre Washington y Londres está “en alza”. Malvinas fue parte de esa conversación: Burnham agradeció públicamente a Trump “la gentileza de escucharnos” sobre las islas y expuso la posición británica, en un mano a mano que la diplomacia argentina siguió de cerca después de que el propio Trump hubiera dejado trascender semanas atrás cierta apertura a revisar la neutralidad estadounidense sobre el conflicto. Para un presidente que construyó buena parte de su capital político externo sobre la promesa de una relación especial con la Casa Blanca, ver que ese trato preferencial se lo llevó el jefe de gobierno del país con el que Argentina disputa la soberanía de las islas es una paradoja que la propia gira dejó expuesta.
Esa paradoja tiene, además, un costo concreto que el gobierno pagó por anticipado. El 2 de septiembre, la Casa Rosada dio de baja el viaje de Milei a Londres previsto para el 21 de octubre, que incluía una conferencia en la Universidad de Oxford y la participación en la London Metal Exchange (LME) Week del 19 y 20 de ese mes: el evento global más relevante para la promoción de minerales críticos. Argentina es una promesa ante la demanda global de litio que crecería un 1.100% hacia 2035. La comitiva iba a incluir a Quirno, Luis Caputo, Federico Sturzenegger y a media docena de gobernadores mineros, entre ellos Jujuy, Salta, Catamarca y San Juan. La Casa Rosada nunca dio motivos oficiales, pero la cancelación coincidió con la escalada de denuncias contra las petroleras que operan en Malvinas y con la decisión de concentrar el gesto político en la Asamblea de la ONU.
El resto de la agenda en Nueva York tampoco acompañó. Además de Reino Unidos, Trump priorizó encuentros con Francia, Dinamarca, Japón, Ucrania, China y Venezuela, y a la Argentina apenas le tocó, en palabras de una de esas fuentes, “una reunión de pasillo, nada más”. Las únicos bilaterales confirmados en la agenda oficial de Milei fueron con Marco Rubio y con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, agendada para este jueves. En paralelo, Bloomberg reportó que el acuerdo comercial con Estados Unidos que el gobierno buscaba ratificar está trabado en el Senado por falta de votos, mientras el riesgo país tocaba en esos mismos días su nivel más alto en cuatro meses.
Tal fragilidad diplomática tuvo, encima, testigo de lujo: Axel Kicillof está en Nueva York exactamente en estos mismos días, con una agenda deliberadamente paralela y sin cruzarse con el Presidente. El gobernador bonaerense abrió su gira en un panel organizado por The New School –”América Latina en la encrucijada: el futuro de la democracia, la economía y la política progresista en un mundo fracturado”– y desde ahí cuestionó de manera frontal el rumbo económico nacional: dijo que la gestión de Milei está “en las antípodas” de las necesidades de desarrollo del país y que “entrega nuestros recursos estratégicos, destruye empleo, salarios e industria nacional”.
Después se reunió con fondos de inversión tenedores de bonos de la provincia –a los que les remarcó el pago puntual de un vencimiento de 420 millones de dólares– y con representantes de más de veinte empresas de energía, minería, biotecnología y tecnología, entre ellas BlackRock, Google y Microsoft, ante quienes cuestionó el RIGI y ofreció, en cambio, una política industrial “que incluya a grandes empresas y pymes”. Sumó un desayuno con el alcalde neoyorquino Zohran Mamdani, con la presencia del presidente español Pedro Sánchez y de otros mandatarios de paso por la Asamblea General, y una disertación en la Universidad de Columbia. El resumen que dejó fue demoledor: “No hay milagro argentino, hay una catástrofe”.
A la soledad diplomática de Milei se sumó una ausencia doméstica. Karina Milei no viajó con su hermano, algo poco habitual en los desplazamientos internacionales del Presidente. Se quedó en Buenos Aires para administrar las tensiones internas con Patricia Bullrich y la salida repentina de Belén Agudiez, su mano derecha, hasta ahora encargada de la Quinta de Olivos. En el círculo libertario ese despido se lee como un cimbronazo sobre la influencia interna de la hermanísima.
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