Una lectura del mensaje de León XIV más allá de la fe
Su prédica contra el tecno-capitalismo salvaje convierte la visita del Papa en un hecho profundamente político, incómodo para la retórica de la Casa Rosada.
- noviembre 8, 2026
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La visita de León XIV a la Argentina, pero sobre todo su mensaje convoca -o debiera hacerlo- tanto a feligreses, ateos, como agnósticos. Es decir, exige una lectura política del acontecimiento histórico. La figura de León XIV aparece hoy –en términos personales e institucionales– como una de las contracaras más potentes de la extrema derecha global, de los tecno magnates, de la deshumanización del trabajo y de la vida.
Por eso, cualquier otro hecho no habría podido incomodar tanto al gobierno libertario como esta visita papal. Como señala Washington Uranga, director de 4Palabras, “en el gobierno anida el fundado temor de que las intervenciones públicas del Papa contradigan el ideario libertario. Se conforman con que no haya alusiones directas (…) el Papa no elude la realidad, sino que se refiere a las cuestiones de agenda aportando principios orientadores”.
El escritor francés Emmanuel Carrere –quien protagonizó uno de los fenómenos culturales más relevantes de este año con su visita a la FILBA– es el autor del libro El reino (2014), en el que aborda la fe y los orígenes del cristianismo y tal vez es uno de los más trascendentes de toda su obra. Allí señala que hoy todos somos más o menos agnósticos, que “llamamos meditación a lo que antes llamábamos oración”. Es cierto.
En estas últimas décadas, la “espiritualidad falopa”, los registros akáshicos, las cartas astrales, el tarot, las limpiezas energéticas suman adeptos por minuto; y eso se vincula con el avance de la ultraderecha: es una tecnología de despolitización donde se individualiza el malestar. Se traducen problemas materiales en bloqueos energéticos. No se problematiza la precarización laboral, la violencia estructural, no hay análisis de clase y se disuelve la idea de estructura.
El libro de Carrere se inscribe en otro tiempo, en el que la Iglesia se corría de las penurias sociales universales. Todo lo que vino después marcó un giro. Primero con Francisco, que decidió emprender un camino humanitario, de empatía, de cercanía con la gente, con los problemas reales. Con la continuidad de León en la Doctrina Social de la Iglesia, ese mismo humanismo choca de frente con las insignias de la época: deshumanización y una acelerada concentración de información, recursos y poder.
Mientras los magnates del mundo preparan búnkers y compiten en una carrera espacial para sobrevivir a un colapso global, en la Argentina el gobierno libertario celebra y acoge a los tecnócratas, y profundiza su fe en el sálvese quien pueda. De ejemplo, un botón. Esta semana el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, confirmó que utilizan agentes de inteligencia artificial para revisar cuerpos normativos, detectar normas obsoletas y redactar propuestas de modificación que afectan directamente a empresas y productores, bajo una lógica donde la máquina acelera el accionar (o la inacción) estatal, por decirlo de algún modo. Si el algoritmo se equivoca, “mala suerte”.
Por otro lado, surgen iniciativas como el “Preparacionismo Comunitario” que responden al temor ante crisis climáticas o colapsos tecnológicos, proponiendo organizar a las comunidades con mochilas de emergencia de 72 horas, agua, dinero en efectivo para cuando los sistemas de pago electrónico fallen, y redes de solidaridad barrial bajo la premisa de que “nadie se salva solo”.
Es ahí donde la figura de León XIV adquiere una dimensión disruptiva para la política global. Y, claro, local. Su reciente encíclica, Magnifica Humanitas, aborda los riesgos de la era digital y desarma ese relato. El Papa advierte que el mayor peligro no es sólo técnico, sino político y antropológico: el de convertir al ser humano en un instrumento al servicio del beneficio corporativo. Excluido, deshumanizado. Demanda que la tecnología esté estrictamente orientada al bien común. Insiste en que a las máquinas no se les puede delegar la toma de decisiones sobre la vida humana sino que la responsabilidad ética y jurídica debe recaer siempre sobre las personas. Y ante la concentración del poder tecnológico en pocas corporaciones, reclama una inteligencia artificial ralentizada, de acceso libre para la humanidad.
Además exige que el Estado y los agentes intermedios intervengan para proteger a los ciudadanos. Magnifica Humanitas actualiza la “tercera vía” social de la Iglesia y rechaza el libre mercado digital salvaje. Es una convocatoria para que la política y la ética recuperen el timón con el objetivo de poner la innovación al servicio de la civilización. Frente a un gobierno deshumanizante, la visita papal no es un evento pastoral más. Es el desembarco del poder político más incómodo para la Casa Rosada.
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