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Milei, al fondo hay lugar
Mientras el relato libertario insiste en proyectar una épica global, el último informe de CB Global Data devuelve un baño de realidad: el desgaste del ajuste arrastró a Javier Milei al puesto 14 entre los mandatarios de la región.
- julio 15, 2026
- Lectura: 3 minutos
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El relato de la épica global suele tener patas cortas cuando se lo contrasta con el rigor de la opinión pública local. Mientras el dispositivo de comunicación oficial insiste en perfilar al presidente Javier Milei como un faro del pensamiento contemporáneo y un líder de trascendencia planetaria, el termómetro de la región devuelve una foto bastante más opaca y terrenal. El último informe de la consultora CB Global Data, correspondiente al mes de julio, confirma una tendencia que el oficialismo no puede ignorar: la velocidad del desgaste social en la Argentina ya ubicó a su presidente entre los cinco mandatarios con peor imagen de América Latina.
El descenso es sutil en el casillero, pero profundo en su significado político. Milei cayó del puesto 13 al 14 en un ranking que evalúa a 18 jefes de Estado de la región. Sin embargo, lo alarmante para el laboratorio libertario son los márgenes de su desplome. El presidente argentino obtuvo apenas un 36,8% de imagen positiva frente a un abrumador 61,3% de rechazo, lo que consolida un diferencial negativo de -24,5 puntos. En apenas un puñado de meses, el capital político que pretendía refundar la matriz socioeconómica del país muestra signos evidentes de fatiga material.
Ubicado en el subsuelo de la tabla, Milei comparte hoy vecindario con liderazgos sumamente debilitados o en procesos de transición complejos. Apenas supera al panameño José Raúl Mulino, al guatemalteco Bernardo Arévalo, al peruano José María Balcázar —quien paradójicamente registró el mayor crecimiento del mes con un alza de +4,8% antes del traspaso de mando a Keiko Fujimori— y a la venezolana Delcy Rodríguez, que cierra la clasificación en el último puesto con un magro 22,7% de aprobación tras sufrir una caída de -6,8 puntos.
En las antípodas de este escenario se consolidan proyectos políticos de signos muy diversos, pero con alto apoyo entre sus electorados locales. El salvadoreño Nayib Bukele sigue liderando la tabla regional con un 67,4% de imagen positiva. El dato más significativo del lote de arriba lo aporta México: la presidenta Claudia Sheinbaum se consolida en el segundo lugar con un 65,1% de aprobación, ratificando la solidez institucional del proyecto de la continuidad progresista. El podio lo completa la costarricense Laura Fernández Delgado con un 55,5%.
Ubicado en el subsuelo de la tabla, Milei comparte hoy vecindario con liderazgos sumamente debilitados o en procesos de transición complejos. Apenas supera al panameño José Raúl Mulino, al guatemalteco Bernardo Arévalo, al peruano José María Balcázar —quien paradójicamente registró el mayor crecimiento del mes con un alza de +4,8% antes del traspaso de mando a Keiko Fujimori— y a la venezolana Delcy Rodríguez, que cierra la clasificación en el último puesto con un magro 22,7% de aprobación tras sufrir una caída de -6,8 puntos.
Por encima del presidente argentino se posicionan también el uruguayo Yamandú Orsi, el colombiano Gustavo Petro, el ecuatoriano Daniel Noboa y el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, evidenciando que el “efecto novedad” de la extrema derecha local ha comenzado a disiparse ante los resultados cotidianos.
El estudio de CB Global Data se realizó entre el 3 y el 8 de julio a través de entrevistas online en 18 países de América Latina. Contó con muestras de entre 4.625 y 6.271 casos por país, un nivel de confianza del 95% y un margen de error de entre ±1,2% y ±1,4%.
La caída de Milei expone una tensión constitutiva de su gestión: la imposibilidad de sostener la legitimidad de origen únicamente mediante la espectacularidad discursiva o el algoritmo de las redes sociales. El ajuste fiscal más ortodoxo de la historia reciente de la Argentina empieza a facturar su costo en la economía real de las mayorías.
Cuando la épica del “faro global” choca con la licuación de los ingresos, la pérdida de empleo y el parate de la actividad, la fascinación por la motosierra se transforma en desencanto. Para el presidente que pretendía exportar su modelo al mundo, el espejo latinoamericano empieza a devolverle un reflejo incómodo: el de un liderazgo que se debilita a paso firme en su propio territorio.
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