El «Efecto Guilherme» y la memoria de Francisco
Una noche de baile y fe en Plaza de Mayo que reunió a creyentes y no creyentes en torno a la música electrónica y al recuerdo del papa argentino fallecido hace un año. Una convocatoria que también fue intergeneracional y que no fue solo espiritual sino que también movilizó económicamente a los comercios del centro porteño y acercó a vendedores ambulantes. Testimonios de los participantes.
- abril 20, 2026
- Lectura: 3 minutos
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En un despliegue técnico y espiritual sin precedentes, la Plaza de Mayo se transformó este último sábado en el epicentro de una vibrante alegría popular. Miles de personas se congregaron no para una misa tradicional, sino para un homenaje al Papa Francisco a través de la música del Padre Guilherme, el cura DJ portugués que se volvió fenómeno global y que esta vez trajo su mensaje a la ciudad en el marco del primer aniversario de la partida del Sumo Pontífice.
El evento comenzó a las veinte en punto. Desde temprano, las arterias del microcentro porteño mostraron un pulso atípico: jóvenes con mochilas, adultos mayores curiosos, de distintas facciones políticas, grupos de diversidades sexuales, jóvenes parroquiales, pobres, ricos y una gran afluencia de turistas extranjeros coparon el casco histórico. La marea humana se extendía desde la Plaza de Mayo hasta la Avenida 9 de Julio, demostrando que la figura de Francisco sigue siendo un potente motor de convocatoria, incluso fuera de las estructuras eclesiásticas católicas.
La euforia no fue exclusivamente espiritual; el impacto económico se sintió en cada esquina. En la Costanera porteña, los puestos de comida agotaron sus existencias ante la demanda inesperada, mientras que las cadenas de comida rápida del centro trabajaron a capacidad total para abastecer a una multitud que colapsó las calles laterales. Los medios de transporte se vieron superados en su capacidad por la afluencia masiva. Entre el humo de las parrillas y los lasers del escenario, la ciudad se convirtió en una pista de baile masiva donde el denominador común era la sorpresa ante un rostro de la Iglesia mucho más humano y cercano.
Para muchos de los presentes, entre no practicantes, alejados del dogma católico y creyentes, el evento fue un descubrimiento. La música electrónica funcionó como un lenguaje universal que permitió resignificar la imagen de Francisco, uniendo la mística religiosa con la cultura joven contemporánea.
Voces de una plaza en movimiento
El valor de la jornada se reflejó en el intercambio con los asistentes. Gladys, quien llegó sorteando la marea humana, no ocultaba su asombro ante la diversidad de la convocatoria: “Es increíble, venías por el lado de la 9 de Julio y estaba todo copado. Que esto convoque a gente de todas las edades es algo impresionante”, relató mientras observaba el despliegue de luces frente a la Casa Rosada.
Sobre la propuesta disruptiva del Padre Guilherme, Gladys analizó el puente que se tiende hacia las nuevas generaciones: “Guilherme no es una imagen estándar, pero tiene su parte buena. Se mezcla un poco todo, pero está bueno porque llega a acercarse a personas que, de otra forma, quizás no se acercarían nunca a la Iglesia”.
Para muchos de los presentes, entre no practicantes, alejados del dogma católico y creyentes, el evento fue un descubrimiento. La música electrónica funcionó como un lenguaje universal que permitió resignificar la imagen Francisco, uniendo la mística religiosa con la cultura joven contemporánea.
Para otros sectores, la magnitud del encuentro evocó grandes hitos de la cultura popular. Waldo y Silvia, vecinos de la ciudad que se acercaron movidos por la curiosidad, compararon la logística y el clima con festivales internacionales. “Me gusta porque reúne a muchísima gente católica; es interesante que se logre esta convocatoria. Me recordó a los grandes espectáculos de Gospel o incluso a un Rock in Rio”, comentó Silvia con entusiasmo.
Sin embargo, el fenómeno también disparó reflexiones sobre la velocidad de los cambios en la institución. Aunque Waldo coincidió en que “un cambio siempre viene bien”, Silvia aportó un matiz de cautela respecto a la dinámica del show en la ciudad: “A los que somos grandes nos parece que estamos un poco “desmadrados” con estas cosas electrónicas, a lo mejor habría que tenerlo un poquito más controlado, pero el balance es positivo porque convoca a los jóvenes”.
Esa tensión creativa entre lo tradicional y lo moderno es, precisamente, la esencia del «Efecto Guilherme». La noche del sábado dejó en claro que la memoria de Francisco en su ciudad natal no necesita de protocolos rígidos para vibrar. Entre el baile y la reflexión, la Plaza de Mayo rindió homenaje al fallecido papa argentino siendo una «Iglesia en salida» y viviendo la “cultura del encuentro» que este anunciaba, demostrando que su figura caló hondo en nuestra sociedad argentina.
Los rumores apuntan que hay intentos para que Guilherme vuelva a la Argentina en otro momento de su actual «Hope Tour» y visite algunas provincias del interior. Mientras la expectativa crece, queda flotando el interrogante: ¿estamos ante el nacimiento de una nueva forma de encuentro como pueblo a través de la música y Francisco?
Lautaro Belloni es sacerdote católico e integra el Grupo de Curas en la Opción por las y los Pobres. Docente de Filosofía y materias técnicas. Estudiante de Periodismo y Gestión de Contenidos en ETER.
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