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El adiós a Luis Brandoni y su legado en la cultura argentina

Entre la pasión escénica y la vehemencia política, el intérprete moldeó la identidad del cine y teatro argentino. Colegas y amigos despiden a Luis “Beto” Brandoni.

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“Qué te gustaría que digan de vos, cuando no estés?”, le preguntaron en una entrevista reciente a Luis Brandoni. Rápidamente, como si supiera de antemano hacia dónde iba la conversación, el actor citó a Antonio Porchia: “Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo divino”. 

Hay un truco. Brandoni se conoce bien. Conoce su historia, su prontuario. Ni santo ni criminal, amado u odiado. En todos los casos, no hay ningún cambio en él, ni en su voz, no se quiebra, está más viejo, pero igual de lúcido. Entonces vivió hasta aquí con una esperanza digna si contaba los porotos de su trayectoria.

Habrá quienes hayan sido autoexcluidos de las salas de cine, donde Brandoni montó algunas de sus mejores performances en los últimos años. Incluso quienes perdieron la oportunidad de verlo enseñar a preparar una milanesa como corresponde y hablar spanglish con Robert De Niro (la serie Nada que se encuentra en Disney) o quienes lo abrazaron también por esa necesidad de representar públicamente sus ideas políticas que lo empujaron a salir en plena pandemia con un flota-flota a gritar “infectadura”. Problemas de unos y otros. Él provocaba. Y si no interpretaba ese papel protagónico, no existía: “Se vive con la esperanza de ser un recuerdo divino”. 

Quien se haya atrevido a cruzar esa frontera —en tiempos de poca felicidad— seguramente gozó de un momento de cercanía con la cultura que hoy se parece a lo divino.  

Hoy, en el día de su muerte, entre anécdotas de set y recuerdos, colegas y amigos lo despidieron con grandes mensajes de afecto. Incluso aquellos con los que no compartió horizonte político, porque su trayectoria marcó una generación y definió el cine y el teatro nacional de las últimas cinco décadas. 

Para Axel Kuschevatzky, la ausencia de Brandoni deja un vacío imposible de llenar en la industria cinematográfica. El productor, quien trabajó con él en cinco oportunidades, destacó que es imposible imaginar el cine argentino sin su presencia, lo describió como una de las personas más consecuentes y honestas en su manera de leer el mundo. Kuschevatzky subrayó que, como intérprete, Brandoni era “único” y que cada vez que actuaba lograba “una precisión inalcanzable para otros”. 

Ricardo Darín dijo que es la manera en que logró adaptar su voz, entre otras cosas, las que lo harán para siempre un actor único. También se sumó a los homenajes recordando el rodaje de La odisea de los giles, donde Brandoni compuso al inolvidable Antonio Fontana. Darín lo calificó como “un gran tipo que quedará para siempre en la memoria colectiva del país, definiendo cada día de trabajo a su lado como una aventura pícara y profunda”. 



En su amplia trayectoria, Brandoni ganó el premio al mejor actor del Festival de La Habana por El cuento de las comadrejas. También recibió el Konex de Platino, varios Martín Fierro, el Cóndor de Plata, el Estrella de Mar, entre otros galardones.

La figura de Brandoni estuvo marcada por su militancia y los cargos públicos que ocupó en la Unión Cívica Radical, faceta que a menudo lo puso en el centro de intensos debates públicos: fue secretario general de la Asociación Argentina de Actores entre noviembre de 1972 y diciembre de 1983. En 1974 debió exiliarse a raíz de amenazas de la Triple A. En julio de 1976, fue secuestrado por una patota de la dictadura y estuvo secuestrado en el centro clandestino Automotores Orletti. En 1996 volvió a ocupar el cargo de secretario general bajo la presidencia de Pepe Novoa, y en 1997 asumió como diputado por la Unión Cívica Radical. 

Pablo Echarri, en diálogo con Radio 750, rescató que “a pesar de los fuertes enfrentamientos políticos y gremiales en la Sociedad de Actores, el respeto profesional siempre prevaleció”. Echarri lo despidió con cariño, reconociendo su enorme aporte a la cultura y “la valentía con la que defendió a un colectivo profesional históricamente castigado”. 

Oscar Martínez rememoró una amistad de 55 años que se inició en el rodaje de La gran ruta y se consolidó en hitos como La tregua. Martínez afirmó que “el «Beto» fue pura pasión y amor por un país al que le dio todo, se lo extrañará con “la melancolía que solo generan los seres irremplazables”. 

Eduardo Blanco, su compañero en la reciente Parque Lezama, subrayó la conexión visceral del actor con su tierra, señalando que su negativa al exilio nacía de un amor profundo por Argentina y “una forma de habitar el escenario con una impunidad maravillosa”. Graciela Borges lo despidió también como “un compañero del alma que permanecerá siempre en mi corazón”. 

Luis Brandoni se retira de la escena pública, y cumple, para muchos, con aquella premisa de Porchia. 

 

4Palabras 

 

Foto: Instagram Pablo Piovano 

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