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Grobocopatel: ”Hay que crear empresas sociales o cooperativas sustentables y competitivas”
En la década de 1990, Gustavo Grobocopatel se convirtió en el “Rey de la Soja” cuando tecnologizó los procesos productivos e ideó los pooles de siembra para multiplicar de manera exponencial las magnitudes del cultivo. Ahora, tres décadas después, se involucró en la plataforma “Cuidarnos”, un proyecto cooperativo implementado junto a la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) que se propone formalizar el rubro de las labores de cuidado. Confía en que en ese sector, ordenado y profesionalizado, se pueden encontrar soluciones para los grandes problemas que padece la Argentina.
- mayo 31, 2026
- Lectura: 8 minutos
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¿En qué consiste la plataforma Cuidarnos?
Cuidarnos es una plataforma que conecta a quienes demandan el cuidado de adultos mayores –que en general son familias pero también pueden ser gobiernos, obras sociales, gremios– con los cuidadores o cuidadoras que están nucleados en una cooperativa. El cuidado de adultos mayores crece de manera exponencial pero lo hace con mucho desorden, porque casi todo es informal: las trabajadoras no están en blanco, casi no hay manera de saber si la persona que dice que es enfermera tiene un título válido… Lo que hacemos en esta plataforma es ordenar todo eso, chequeamos los datos, conseguimos reemplazo cuando alguien falta… Generamos un servicio de alta calidad.
¿Cómo surgió la idea?
Nació en un espacio que compartimos con Alejandro “Peluca” Gramajo, el secretario general de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), que se llama Argentina Armónica, donde participamos empresarios, movimientos sociales, académicos, funcionarios de distintos partidos políticos, con distintas ideas y distintas trayectorias. Ahí discutimos temas de interés general, sobre todo el futuro del trabajo y el impacto de la tecnología. En medio de esos debates, nos miramos con el Peluca –nos conocemos hace muchos años- y dijimos: “Está muy lindo esto de la teoría para la charla de café, pero hagamos algo concreto”. Y elegimos el cuidado de adultos mayores porque es impresionante cómo está creciendo esa demanda. También porque es impresionante la cantidad de gente de la UTEP que se dedica al cuidado de los adultos mayores de manera informal.
¿Cuántas personas participan de este proyecto?
Llevamos solo un mes y medio desde que arrancamos y ya tenemos unas 300 personas registradas. De ellas, unas 50 pasaron por todos los controles y ya hay diez que están trabajando. Tenemos previsto arrancar despacio y después crecer de manera exponencial. Nuestro plan de negocios dice que va a haber cien personas trabajando en los próximos meses. Pero esto puede ser mucho más grande. Solo en la Ciudad de Buenos Aires hay 150.000 personas que están siendo atendidas de manera informal.
¿Qué lo sedujo para impulsar un proyecto cooperativo cuando usted proviene de una cultura empresarial diferente, basada en la competencia?
Mi abuelo inmigrante fue fundador de las cooperativas en Argentina, vengo de una familia que en sus orígenes eran cooperativistas. A mí no me asusta. Soy de una época donde las cooperativas competían en el sistema capitalista y no recibían muchos subsidios del Estado. Tenían sí algún tipo de ventajas impositivas, pero después competían contras las multinacionales. Lo que pasó con el sistema cooperativo es que hubo una distorsión, se armaban cooperativas que no se sabía muy bien si funcionaban o no para captar recursos estatales y después distribuirlos, lo que de alguna manera las bastardeó. Nosotros estamos tratando de armar una cooperativa que sea competitiva, como las de antes, que pueda funcionar sin la necesidad de que el Estado la subsidie o las proteja y que compita en el mercado de la mejor manera.
¿Puede competir una cooperativa en el mercado con las enormes asimetrías que hay en este momento?
En este rubro las cooperativas tienen ventaja porque se logra un nivel de compromiso y de autocontrol de las cuidadoras mucho mayor que cuando trabajan de manera individual. Me sorprende su grado de involucramiento, es muy difícil que alguien haga algo que perjudique a sus compañeras. Que la organización sea una cooperativa para mí es una fortaleza enorme. Y a eso le sumamos, para poder competir, un equipo de gestión que maneje presupuestos, que desarrolle estrategias de márketing, financieras, de capacitación. Para eso armamos un grupo de cinco profesionales mixto, algunos vienen del sector privado y otros de los movimientos sociales.
¿Son socios de la cooperativa?
De lo que la cooperativa les cobra a los clientes, se destina un porcentaje para gastos de funcionamiento y dentro de ellos se encuentra el equipo de profesionales, que es rentado.
¿Tuvo que romper algún prejuicio para trabajar junto a las organizaciones sociales?
No. Yo vengo trabajando con proyectos de la economía familiar desde hace seis o siete años. La misma gente de la UTEP me dice que soy el empresario que mejor los entiende, algunos me dicen que los entiendo mejor que los funcionarios peronistas. La economía popular debería ser una política de Estado, que no dependa de un solo partido. Tenemos que tratar que toda esta gente que está fuera del sistema, se formalice, que muchos sean trabajadores y otros emprendedores, que armen sus propias empresas o sus propias cooperativas. Hay muchos que creen que esta situación que vivimos vino para quedarse. Yo discuto mucho eso, creo que hay que salir con las mismas herramientas del capitalismo, no con un subsidio generalizado. Más en Argentina, que es un país relativamente pobre y con un Estado sin recursos. Si “Cuidarnos” funciona, va a ser un caso piloto que puede mostrar otros caminos.
Recién decía que la economía popular debería ser una política de estado. Si fueras asesor de este gobierno o del que venga, ¿qué medidas le aconsejarías para el sector?
Se tiene que impulsar la creación de empresas sociales o cooperativas que tengan un modelo de negocio sustentable en el tiempo, que puedan ser competitivas. Trabajamos con el cuidado de adultos mayores, también está el cuidado de niños, por ejemplo, o el servicio doméstico, o los servicios domiciliarios. Hay muchos sectores que pueden profesionalizarse, difícilmente reemplazables por la inteligencia artificial, y que van a tener demanda creciente. Si logramos ordenar esas labores, va a haber un crecimiento en la generación de trabajo formal y digno, para quienes quedaron por fuera del sistema.
¿Por qué señala la necesidad de impulsar la economía social sin subsidios estatal y hay otros sectores, menos necesitados, que los tienen, como por ejemplo la economía del conocimiento?
Es un tema que se puede discutir. El empleo que ha generado la economía del conocimiento es enorme, es un subsidio bien dado. En la medida que tengamos empresas bien estructuradas, el Estado tendrá que dar algún tipo de beneficio a estas cooperativas porque va a permitir acelerar su crecimiento. Por ejemplo, el cuidado de adultos mayores paga IVA. Eso es una competencia desleal con los que trabajan en negro, que son el 99%. Nosotros somos los únicos que trabajamos en blanco y obviamente eso encarece el servicio. Quitar el IVA de este tipo de cosas es fundamental. Yo no creo que el Estado no tenga que intervenir, lo que me parece es que no puede hacerlo tirando dinero a un barril sin fondo. Yo no soy antiestado, al contrario, creo en un Estado grande. El problema es que así no funciona.
¿Cuánta responsabilidad le adjudica al empresariado en los niveles de pobreza existentes?
Muy poca, aunque reconozco que somos parte de una sociedad que construimos entre todos. La presión impositiva de los últimos años aumentó enormemente. Eso quiere decir que hay dinero que estaba en el sector empresarial y que pasó al Estado. Y que ese Estado la administró mal porque el resultado ha sido el aumento de la pobreza.
El empresariado siempre se queja de la fuerte presión impositiva pero omite hablar de los altísimos niveles de evasión y elusión. Tampoco habla de que el impuesto que más recauda es el IVA, que es regresivo y quienes más lo padecen son los pobres.
Hay que repensar el tema impositivo para generar incentivos a la gente que pague. Se puede aumentar la recaudación sin aumentar los impuestos, eso es verdad pero de las conductas ilícitas, no me voy a hacer cargo. Pero el que paga impuesto, paga muchísimo más.
Hace unas semanas se publicó un informe de la Universidad de Saint Gallen, en Suiza, sobre las elites empresariales de los países y la Argentina figuraba en el puesto 104 sobre 151. Entre sus críticas decía que los empresarios argentinos son cortoplacistas y tienen una cultura rentística en lugar de apostar por el desarrollo nacional. ¿Qué opina?
Es probable que eso sea así, pero si se calificara la calidad del Estado argentino quizá también estuviera en el puesto 104. No justifico al empresariado, pero ha tenido conductas lógicas ante los sucesivos shocks de la economía. Cuando hay tantos shocks, el empresario piensa en el corto plazo y no en el largo. Y también lo hacen los maestros, los periodistas, los políticos. Toda la sociedad. Los empresarios tratamos de resistir con distintas prácticas, algunas legales, otras ilegales, para sobrevivir. En la medida que esos shocks desaparezcan, van a trascender los buenos empresarios.
El responsable del capítulo argentino de ese informe, Pablo San Martín, ponía como ejemplo en una nota de la agencia de noticias ANCCOM que un empresario del campo argentino coloca su capital en un banco de Estados Unidos y que ese mismo banco utiliza ese dinero para darle un crédito a un empresario del campo estadounidense para que potencie su producción y compita con los argentinos.
No es así. La rentabilidad de los que siembran el campo es muy baja, un 4%. En general, ese dinero vuelve al circuito productivo. A lo sumo el tipo se comprará una casa en el pueblo, cambiará de auto; pero no fuga, puede ser que evada. Los que más fugan son industriales, en general de sectores protegidos, o proveedores de servicios. Después hay otra cosa: suponete que hay un industrial argentino que apuesta por la Argentina y compra bonos. Ese tipo que los compró a cien y hoy valen 30, no apuesta más. Se dice que tenemos un PBI fuera del sistema. El principal tema que tenemos que resolver es cómo hacemos para que esos recursos vuelvan a la Argentina. No tendríamos un problema financiero, estaría resuelto. Lo que tenemos es un problema de confianza.
¿Cómo ve la emergencia de este nuevo grupo de tecnomillonarios que no solo plantean nuevos modelos de negocio sino también una nueva mirada filosófica sobre la sociedad y el mundo?
Ya hace unos 30 años que hay sociólogos que dicen que habrá una gran diferencia entre quienes se monten en la tecnología y quienes no lo hagan. Y que la diferencia ya no será entre pobres y ricos, chicos y grandes, si no entre quienes se tecnologicen y quienes no. Y eso es lo que está ocurriendo. Hay gente que se ha valorizado enormemente sus proyectos debido a la tecnologización y de ahí viene su riqueza. La cuestión no es combatirlos si no cómo hacemos subir a los sectores pobres y a los que no la vieron venir.
Da la impresión que a esta nueva clase de empresarios ya no les satisface acumular riqueza sino ejercer el poder. Hacen manifestaciones supremacistas, antidemocráticas…
Coincido, aunque el ecosistema de la economía del conocimiento es muy diverso. Los Estados tienen que poner de alguna manera límites para evitar que una persona controle todo. Hay que fortalecer las instituciones de la democracia, pero no hay que impedir el desarrollo tecnológico. Todo lo contrario, tiene que ser lo más difundido posible.
¿Cómo se controla a un empresario que tiene más riqueza que varios países juntos?
Esa situación seguirá creciendo, no va a disminuir. Tiene que haber regulaciones. Hay que buscar formas de control innovadoras. Es ahí donde entra a jugar el rol de Estado, pero hay que ver si está a la altura de resolver estos temas. Hay que revisar el papel del Estado nación en estos nuevos contextos. Y están también los grupos de países. Hay temáticas que exceden al Estado -como la contaminación, el agua, el calentamiento global-, que requieren de unas nuevas Naciones Unidas, o de organismos multinacionales que todavía no nacieron. Los organismos multilaterales están en crisis, necesitamos instituciones de estos tiempos.
¿No son obscenos los niveles de acumulación de riqueza de estos nuevos empresarios mientras hay personas que no tienen para las cuatro comidas diarias?
En las últimas décadas la pobreza en el mundo disminuyó. Si ves los casos de China, India… por supuesto que no es parejo. Hay lugares, como la Argentina, donde creció, pero en la mayor parte del mundo bajó. ¿Cuál es el problema del capitalismo hoy? La diferencia entre los ricos y los pobres. Porque la felicidad está vinculada con esa diferencia más que con el valor absoluto de lo que se tiene. Yo siempre pensé que era al revés. Decía: “Bueno, dejalos que se hagan ricos, basta con que los pobres sean menos pobres y todos suban”. Pero la felicidad está más vinculada con la distorsión que hay entre ricos y pobres. El capitalismo tiene que resolver ese problema. Yo no digo que con Cuidarnos lo vamos a resolver, pero estamos dando un paso en ese sentido.
¿Es verdad que sus amigos dicen que se volvió peronista?
Siempre me dicen eso. Digamos que no soy antiperonista, no soy gorila. Soy muy amigo de Manuel Castells y yo le decía que el problema de la sociedad argentina es que es muy anárquica, que nadie la ordena. Y él me contestaba que el que la ordena es el peronismo. Yo creo que es verdad, pero que ahora la ordena hacia el pasado. Si tuviéramos un peronismo que ordene hacia el futuro… hacen falta dirigentes que entiendan el siglo XXI.
¿Lo apoya a Milei?
Lo dije el primer día, creo que hay que apoyarlo porque viene a hacer un service a la Argentina, está haciendo cosas que ningún político pudo o quiso hacer antes. Después tendremos que elegir a alguien que nos guste más.
¿Cuál es el sentido de ese service? ¿Para qué sirve una macroeconomía sana con una peor calidad de vida de la población?
La macroeconomía sana es una cuestión indispensable. Ahora, en el mientras tanto, hay que hacer acupuntura, intervenciones inteligentes que permitan justamente que la gente pueda salir y no sufrir tanto. La macroeconomía sana no es responsable de la pobreza, es al revés.
El supuesto éxito macroeconómico se logró empobreciendo aún más a los jubilados, quitándoles medicamentos, congelando, el nomenclador de los prestatarios de las personas con discapacitados y salarios de empleados públicos y universitarios …
No confundamos la necesidad de una macroeconomía sana con una mala gestión. Todo eso que mencionás son errores y horrores de un camino que va a llevar tiempo. Pero también se ha sostenido la Asignación Universal por Hijo y se hicieron desregulaciones y desburocratizaciones, que llevan a que muchos sectores empiezan a invertir y funcionar. Eso ya se ve en las provincias. Todavía no se ve en los conurbanos. Y no lo digo solo por Neuquén. Acá lo que falta son políticas vinculadas a los conurbanos que permitan sostener la actividad y darle oportunidades y empleo a la gente, especialmente de la economía popular. Vamos a tener que tener paciencia. El tema es cómo ampliamos y generamos trabajo. Y Argentina tiene un rol importante en el mundo para hacerlo, tiene gas, petróleo, minería, alimentos, turismo, industria del conocimiento.
En estos dos años se desarrollaron los sectores energéticos, mineros y agrarios y sin embargo, creció el desempleo.
Porque la estructura económica argentina está muy conurbanizada. Hay que hacer cosas innovadoras, inteligentes para encontrar la forma de resolver el problema de los conurbanos. Por eso estoy involucrado en este proyecto.
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