El Gobierno eliminará la segmentación actual y endurecerá los topes de consumo. Con criterios de ingreso más estrictos y facturas que subieron hasta un 617% en los últimos dos años, el gasto en energía se consolidará como uno de los pesos más pesados del presupuesto familiar.
- diciembre 26, 2025
- Lectura: 3 minutos
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El escenario de los servicios públicos de luz y gas en Argentina se prepara para una transformación estructural y que representará un nuevo golpe al bolsillo de millones de familias. El gobierno nacional ya definió el cronograma para implementar el Sistema de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF), un nuevo modelo que entrará en vigencia a principios de 2026.
A través de un decreto que el presidente Javier Milei oficializará en los próximos días, se desmantelará el actual sistema de segmentación por niveles (N1, N2 y N3) para dar paso a un régimen simplificado de solo dos categorías: hogares con subsidio y hogares sin subsidio.
A partir del próximo año, el criterio de elegibilidad será más estricto. La frontera que dividirá a quienes reciben ayuda estatal de quienes pagan la tarifa plena estará marcada por la Canasta Básica Total (CBT). De esta manera, perderán los subsidios todos aquellos hogares cuyos ingresos familiares superen las 3 CBT. Tomando como referencia los valores actuales del ONDEC, este umbral se sitúa en los $3.771.987,09 mensuales.
Por el contrario, aquellas familias que se encuentren por debajo de ese nivel de ingresos mantendrán los actuales descuentos tarifarias. Es importante destacar que quienes ya están inscritos en el RASE no deberán reempadronarse, y los beneficiarios del Programa Hogar serán incorporados de forma automática al SEF.
Un punto central de la reforma es la gestión del consumo. En electricidad, los usuarios subsidiados tendrán una bonificación del 50%, pero sujeta a topes estacionales: 300 kWh mensuales en verano e invierno, y apenas 150 kWh en otoño y primavera. Superado ese límite, el excedente se pagará a precio de mercado.
De acuerdo a un estudio de la consultora Economía y Energía, entre diciembre de 2023 y octubre de 2025 el precio de la luz ya acumuló un incremento del 344%, mientras que el del gas trepó un 617 por ciento. Son números que están muy por encima de las fluctuaciones en la inflación de la era Milei.
Flexibilidad regional y estacionalidad
Uno de los aspectos más debatidos durante la consulta pública –en la que participaron empresas, cooperativas y representantes de usuarios– fue la heterogeneidad climática. No es lo mismo calefaccionar un hogar en la Patagonia que refrigerar uno en el Norte Grande. Desde su asunción, la gestión Milei hizo varios intentos para derogar total o parcialmente el esquema de “zona fría”. Pero ante los nuevos reclamos, ahora la Secretaría de Energía se comprometió a revisar la política durante 2026 para ampliar los bloques de consumo subsidiado en función de las necesidades climáticas regionales.
Para evitar un “salto” brusco en los montos de las facturas, el gobierno afirma que diseñó un esquema de bonificación adicional excepcional. De esta forma, en enero de 2026 la luz tendrá un subsidio total del 75% y el gas un 25%. Ese beneficio extra se reducirá un 2% mensual hasta extinguirse en diciembre de 2026. Con respecto al subsidio del 50% para el gas natural solo aplicará entre abril y septiembre, desapareciendo en los meses de baja demanda.
El impacto en los bolsillos familiares
El paso de un esquema de tres niveles a uno de dos representa un desafío financiero inmediato para la clase media. Al bajar el tope de ingresos para calificar (de 3,5 a 3 CBT), un universo significativo de usuarios que hoy cuentan con algún grado de protección pasará a pagar la tarifa plena.
Para las familias que pierdan el subsidio, el impacto será doble: por un lado, deberán afrontar el costo real de la energía (generación y transporte) y, por el otro, estarán expuestos a la volatilidad de los precios internacionales sin amortiguación estatal. Esto obligará a una reconfiguración de los hábitos de consumo doméstico, donde la eficiencia energética dejará de ser una opción para convertirse en una necesidad de supervivencia financiera.
Incluso para quienes mantengan el subsidio, el nuevo sistema introduce una rigidez en los topes de consumo. Aquellas familias con instalaciones eléctricas deficientes o que dependen exclusivamente de la electricidad para cocinar y calefaccionarse (hogares no gasificados) podrían exceder fácilmente los 150/300 kWh mensuales, lo que resultará en facturas con componentes de precio pleno por el excedente. En definitiva, el 2026 marcará el fin de la energía como un gasto secundario para convertirse en uno de los ítems de mayor peso en el presupuesto mensual de los argentinos.
De acuerdo a un estudio de la consultora Economía y Energía, entre diciembre de 2023 y octubre de 2025 el precio de la luz ya acumuló un incremento del 344%, mientras que el del gas trepó un 617 por ciento. Son números que están muy por encima de las fluctuaciones en la inflación de la era Milei.
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