Argentina / 29 abril 2026

temperature icon 21°C
Edit Template

Congreso del PT en Brasil: construyendo el tetra

El encuentro nacional del Partido de los Trabajadores en Brasilia consolidó la hoja de ruta para las elecciones de octubre. Bajo la premisa de que la reelección de Lula es la única garantía para derrotar al fascismo, se priorizó la movilización de sus bases y la cohesión con aliados de centro, apostando a reformas de impacto cotidiano para asegurar la victoria.

Por Gabriel Puricelli (desde Brasilia)

Compartir:

Compartir:

congresso-pt-2026-brasil

“Nuestro papel histórico es elegir al presidente Lula. Su reelección significará la victoria de la democracia y la derrota del fascismo”. Con esas contundentes palabras cerró Edinho Silva el 8º Congreso Nacional que el Partido de los Trabajadores celebró en Brasilia entre el 24 y el 26 de abril. La fuerte afirmación del presidente del PT y la ovación con que la ratificaron los delegados sintetizaron el espíritu que campeó durante los tres días del cónclave.

Contra lo que es habitual, el partido del presidente Luiz Inácio Lula da Silva reunió su máxima instancia en un año con elecciones. La elección del momento había sido motivo de debate con voces que objetaban llevarlo a cabo ahora por el riesgo de dar lugar a debates que pudieran ser presentados como síntomas de falta de unidad. Prevaleció, de todos modos, una visión mayoritaria que considera necesario comenzar a movilizar a las bases partidarias con un evento así con vista a la batalla de las elecciones generales del 4 de octubre próximo.

El desarrollo del encuentro no traicionó ese objetivo. Por el contrario, resultó una demostración de unidad y disciplina, consistente con los términos del manifiesto adoptado. En ese documento, aprobado por unanimidad con unas pocas enmiendas, se plantea que “la reelección de Lula es decisiva para el futuro de Brasil y para el campo democrático internacional”. 

Ante una disputa definida en términos tan tajantes, el PT fue capaz de postergar para después de las elecciones el debate habitualmente duro y animado que es típico de sus congresos. Aunque en anteriores ocasiones esas confrontaciones han precedido la mayoría de las veces una síntesis unitaria final, esta vez el PT no quiso regalar clips a sus adversarios, ni al periodismo titulares que pudieran dañar la imagen de una comunidad política que necesita mostrarse compacta tanto para convencer a los votantes, como para atraer hacia sí a la mayor cantidad de aliados posibles.

El congreso nacional del PT resultó una demostración de unidad y disciplina. En el documento final, aprobado por unanimidad con unas pocas enmiendas, se plantea que “la reelección de Lula es decisiva para el futuro de Brasil y para el campo democrático internacional”.

De cara a la militancia, el congreso, en el que Lula sólo compareció a través de videos, ofreció discursos contundentes, subió al escenario a las figuras más convocantes (y en algunos casos amadas) que el partido ha construido en sus 46 años de historia. Desde José Dirceu, presentado como “nuestro comandante”, hasta Benedita Da Silva (primera gobernadora afrobrasileña en la historia del país), cuyo cumpleaños 84 se festejó sonoramente el día de cierre, pasando por Fátima Bezerra, gobernadora de Rio Grande do Norte y elogiada como “nuestra guerrera”.

La presencia de invitados internacionales de primera línea probó de manera contundente una afirmación que se hace en el manifiesto: “El papel de Brasil impacta directamente la correlación de fuerzas en América Latina y en el mundo”. Los debates fueron seguidos, entre muchos otros, por Ma Hui, viceministro del Departamento Internacional del Partido Comunista de China; el exprimer ministro de Italia Massimo D’Alema; el ex-canciller chileno Heraldo Muñoz; y el alto dirigente del Movimiento para la Liberación de Angola, Mário Pinto de Andrade, completando cuatro de los cinco continentes habitados. No es sólo el propio PT el que se autopercibe influyente.

Por el contrario, el interés que suscita el futuro político de Brasil es alto y crece en momentos en que se dibuja un dominó de retrocesos de las extremas derechas, que empezó con la derrota de Giorgia Meloni en el reciente referéndum constitucional en Italia, vio caer la ficha de su decano, Viktor Orbán, en Hungría y ve derretirse los apoyos al Partido Republicano de cara a las elecciones legislativas de noviembre próximo. En América del Sur, la seguidilla de elecciones presidenciales puede confirmar a la izquierda en Colombia, con Iván Cepeda y puede devolverla al poder en Perú con Roberto Sánchez, en ambos casos, en junio. Sin embargo, la madre de todas las batallas es sin dudas la que se librará en octubre en Brasil entre Lula y Bolsonarinho.

Plataforma electoral antes que programa partidario, el manifiesto adoptado por el congreso afirma que Brasil “reúne condiciones estratégicas singulares: dimensión territorial, población, recursos naturales y capacidad productiva”. Ante esa constatación, el PT pone el foco sobre los más críticos de esos recursos, las tierras raras, de las que posee una de las mayores reservas del planeta. La definición al respecto es nítida: “No podemos aceptar el papel de mero exportador de mineral en bruto». Así como hubo claridad de propósito a este respecto, la cuestión de los instrumentos quedó fuera del documento final. Múltiples discursos, incluyendo el del líder de la bancada petista en la Cámara de Diputados, Pedro Uczai, reivindicaron la necesidad de crear una compañía minera estatal, Terrabrás, a pesar de que pocos días antes del congreso, el propio Lula, pidió congelar la propuesta. Este fue uno de los aspectos en los que el cónclave priorizó la unidad y la disciplina antes que la confrontación de puntos de vista: la palabra Terrabrás no se menciona en el documento. La cuestión de la gestión de los recursos petroleros tuvo el mismo tratamiento: múltiples intervenciones abogaron por la reestatización de BR Distribuidora, la subsidiaria de Petrobras privatizada por Jair Bolsonaro, pero el manifiesto no recoge esa propuesta.

En las cuidadosas y estratégicas omisiones se jugó el carácter particular de este congreso, centrado en desplegar todas las energías en la táctica, la reelección de Lula, y dispuesto a dejar para después las cuestiones estratégicas, entre ellas la actualización de la visión del socialismo democrático que el PT tiene como punto de llegada desde su fundación. 

En ese sentido, el manifiesto fue tejido como una cobija para abarcar no sólo al PT, sino a los aliados sin los cuales no se mantendría en el gobierno y a los que necesita para derrotar al bolsonarismo en octubre. No se trata, claro, sólo de la Federación Brasil de la Esperanza, que une de manera permanente al PT con el Partido Verde y el Partido Comunista de Brasil, los que estuvieron representados en el congreso por sus máximos dirigentes. Desde 2002, el PT es sinónimo de una vocación de hegemonizar un campo amplio que arranca en la centroderecha y acaba en la margen izquierda. La presencia de y la cálida recepción a Geraldo Alckmin, viejo adversario y fiel socio durante los últimos cuatro años fue la manifestación de esa vocación. El primer día del congreso se sintetizó en esa imagen, que recordó a todos los presentes que todos los triunfos presidenciales del partido fueron con fórmulas mixtas, con vicepresidentes que encarnaron alianzas orientadas al centro y más allá.

La prudencia implícita en las formulaciones que fueron al papel se inscribe en un relato que define el actual gobierno Lula-Alckmin como una fase de reconstrucción después de la demolición parcial del estado del cuatrienio bolsonarista. La promesa que el PT ofrece al pueblo para que le otorgue un cuarto mandato al octogenario presidente es que los próximos años verán florecer en mejoras contantes y sonantes de la calidad de vida las semillas de la prudencia fiscal y la lucha anti inflacionaria del período que termina. La enseña de esa promesa es el fin de la semana laboral de seis días, que el gobierno busca aprobar al tiempo que el partido se zambulle en la campaña.

El PT apuesta a que la semana laboral de cinco días tenga el impacto subjetivo que los indicadores sociales positivos de estos años parecen no haber tenido. El desafío no deja de tener un parecido inquietante con el último gobierno demócrata en los EE.UU., un período de recuperación objetiva de los ingresos y de ciertos derechos sociales que no fue percibido así por toda la ciudadanía de a pie. El caso brasileño muestra a un Lula que se mantiene en el pico de su vitalidad y le brinda verosimilitud al relato, aunque la ultraderecha mantiene consensos testarudos. El PT apuesta a que la reducción de la semana laboral sea una reforma de impacto en la vida cotidiana que le permita llegar a la línea de meta con una cabeza de ventaja para gritar é tetra!

 

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: