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Los secretos de Scaloni y la fórmula de Argentina para ir por el bicampeonato

Un recorrido por la intimidad de los entrenamientos de la selección para entender la mente del entrenador Lionel Scaloni. Entre la flexibilidad táctica, el recambio generacional que no llega y las cartas que el DT prefiere esconder a la prensa, el equipo se prepara para un desafío difícil: defender la corona del mundo.

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Imagen ilustrativa de Leo Messi y Scaloni

Ver al menos unos minutos de un entrenamiento de la selección argentina es una experiencia diferente a lo que estamos acostumbrados: siluetas de metal que van de un lado a otro simulando rivales para practicar movimientos técnicos y tácticos; arcos movibles grandes, chicos y hasta con ruedas para entrenar diferentes tipos de situaciones; varillas plásticas de múltiples colores que colaboran con determinados ejercicios tácticos y técnicos de posicionamiento.

Los jugadores se agrupan para realizar los ejercicios. Por un lado, los arqueros con sus ayudantes y preparadores entrenan con pelotas de tenis, hándbol, vóley y también con la clásica número cinco, en arcos o simuladores de diferentes medidas. Hay canchas de fútbol-tenis en varios sectores donde distintos grupos no solo juegan y se divierten, sino que también entrenan movimientos, algo que se nota si uno observa cómo se conforman las duplas.

También se arman partidos de fútbol en espacios reducidos, donde se agrupan diferentes formaciones en función del lugar de la cancha que ocupan. Con pecheras de diferentes colores, los jugadores van y vienen. Rotan para hacer una cosa acá, otra allá y otra más allá con decenas de pelotas de todos los colores. Hay que estar muy atento, si no uno se marea y no entiende nada.

El DT es Lionel Scaloni, pero el cuerpo técnico está integrado por Pablo Aimar, Walter Samuel y Roberto Ayala. Dicen que las decisiones las conversan entre todos: opinan por igual y al final Scaloni toma las decisiones definitivas. Luego hay un regimiento de preparadores físicos, editores de video, ayudantes, utileros, cocineros, etcétera.

Todo esto se hace en función de un equipo que se caracteriza por un estilo de juego asociativo, flexible y de posesión, adaptado a las características de Lionel Messi y de los mediocampistas, que son los que generan todo. Al equipo le gusta el control de la pelota con pases cortos, buscando desgastar al rival, y cuando genera el espacio o el error ajeno, acelera en la última parte de la cancha para llegar al arco. El esquema táctico va cambiando. Estructuralmente puede partir de un 4-3-3, un 4-4-2 o un 5-3-2, pero puede variar durante el partido según quién tenga la pelota y cómo esté jugando el rival. Un dato a tener en cuenta sobre las decisiones del técnico (que parece que muchos no ven o no quieren ver) es que se guarda cartas; no te las muestra.

El plantel tiene varios referentes que se imponen por personalidad y juego. El arquero Dibu Martínez está convencido de que quiere ser una leyenda. Veremos si lo consigue, aunque ya escribió una parte de la historia. Hay que tener en cuenta que va a jugar con un dedo roto. Después está Gerónimo Rulli, que es un gran arquero pero no tiene el carisma de Martínez, y el tercero es Juan Musso. El arquero de River, Santiago Beltrán, quedó fuera de la convocatoria pero no de los entrenamientos.

Los defensores son los menos carismáticos, cosa que suele suceder, pero Nicolás Otamendi y Cristian Romero son los fuertes en la marca y los que imponen seguridad en el fondo. Quizás el que tiene más condiciones técnicas es Lisandro Martínez, pero el técnico Lionel Scaloni lo tiene más como suplente. Para Otamendi será su último Mundial y luego volverá al fútbol argentino. Hace unas horas llegó el ex San Lorenzo, Marcos Senesi, para sumarse como cuarto central por la lesión de Leonardo Balerdi. Parecía que Senesi había quedado afuera definitivamente, pero el técnico no les dice ni les muestra a los periodistas lo que tiene en la cabeza.

En los costados la idea es ensanchar la cancha. Priorizan la marca, pero a la hora de ir para adelante buscan a los delanteros o a los llamados extremos para que se cierren y jueguen por el medio. La cosa es que acá hay un gran lío: Gonzalo Montiel y Nicolás Tagliafico llegan lesionados y sin ritmo; lo mismo pasa con Nahuel Molina. Scaloni probó a Agustín Giay e incluso parecía que se quedaba, pero finalmente no lo incluyó en la lista de 26. Pero sigue entrenando con el equipo. Por ahí se puede sumar de lateral Nico González o el propio Lisandro Martínez. También a último momento el cuerpo técnico sumó a Facundo Medina, que venía de jugar en Talleres de Córdoba de marcador central y se fue a Europa; sin embargo, lo tendría para jugar de lateral. Por eso insistimos: el técnico esconde. Lo mismo pasa con Valentín Barco: el ex Boca puede andar de lateral por izquierda o se puede sumar al medio. Tiene potencia, habilidad y gol.

En el medio está la “sala de máquinas” que arman Rodrigo De Paul (que en las Eliminatorias roba mucho, pero no tanto en los Mundiales), Alexis Mac Allister y Enzo Fernández. No paran: marcan, corren y juegan. Entre los tres buscan dominar la pelota y el juego interno. Rotan, varían sus posiciones, a veces no se sabe bien de qué juega cada uno. Son los motores para que el juego les llegue a los de arriba y para cortar el avance rival.

Lionel Scaloni se enfrenta a lo más difícil en la historia de los Mundiales, que es ganar dos campeonatos seguidos. César Menotti no lo logró y Carlos Bilardo estuvo cerca. Solo Brasil pudo hacerlo en tiempos en los que la Copa del Mundo y el fútbol eran otra cosa. ¿Y si lo hace bien? ¿Y si le va bien?

En principio, tratan de jugar en la cancha del otro. Si no tienen la pelota, buscan recuperarla en tres cuartos de cancha si el rival se los permite; si no, se cierran más atrás, cerca de los defensores, cuando los de enfrente aprietan. Después está Leandro Paredes, un histórico de este equipo. Se desempeña como un cinco más clásico, tiene gran pegada, sabe leer las jugadas y los momentos. Giovani Lo Celso, “centralista» en sus comienzos, empezó más como un 10 y después se fue convirtiendo en esta especie de jugador que ocupa varias posiciones en el medio, aunque su fuerte sea la creación. Lo Celso y Paredes son más corpulentos y lentos que Mac Allister y Fernández, pero tienen mucha técnica, visión de juego y alternan en el equipo según las circunstancias. Pueden ser titulares o suplentes, eso dependerá del rival.

El que aparece como promesa en el medio de la cancha por su habilidad es Nico Paz. Tiene cosas de Fernando Redondo, pero es más ofensivo, habilidoso y lleva la pelota para adelante. Es diferente a los supuestos titulares. Quizás De Paul sea el más parecido a ellos, pero tal vez la búsqueda del cuerpo técnico sea alternar, tener jugadores con diferentes características y complementarlos en distintas situaciones del juego, dependiendo de los rivales o de cómo se encuentren físicamente y cómo los vaya viendo con el transcurrir del torneo.

Adelante está Lionel Messi, que juega libre, como quiere y como entiende que necesita el equipo en cada partido, convertido ahora más en el estratega. Ya es leyenda. No tiene que demostrar nada más. Pero insiste. Tiene récords de todo tipo y no se cansa de jugar ni de escuchar a De Paul, que no para de hablarle en ningún momento ni lugar. A pesar de los años, sigue siendo el jugador más desequilibrante. No tiene quien lo reemplace ni lo va a tener, y tampoco se formó a nadie similar. Tipos como él o como Diego Maradona no salen siempre, pero hubiese estado bueno tener al menos un Aimar, un Ortega o un Riquelme; pero bueno, esos tampoco salen de la heladera. Quizás Thiago Almada pueda cumplir esa función, al menos en algunos partidos, para gambetear juntos, tirar paredes y jugar lindo y divertido.

Acompañando a Messi están –además de Almada– Julián Álvarez y Lautaro Martínez, quienes no suelen jugar juntos. Entra uno o el otro. Martínez tiene un juego más potente y es el típico número nueve. Julián Álvarez, si bien juega en la misma posición, se asocia más al juego de los volantes, retrocede y aparece por diferentes lugares del ataque. Ahora se suma en la delantera Gio Simeone, que corre por todos lados; el técnico lo pone por derecha o por izquierda, siendo uno de esos que llaman extremos. También Nico González aparece en estos puestos, a quienes otros denominan “jugadores híbridos”. Hay técnicos a los que les encantan estos futbolistas que pueden jugar en casi cualquier posición, y es cierto que son muy útiles. Ante la falta de nuevas figuras, parece que los nuevos entrenadores echan mano de ellos. Scaloni también sumó a José Manuel “el Flaco” López, que viene de jugar en Brasil. 

Queda claro que el cuerpo técnico optó por la continuidad del proceso y de los jugadores en los que confía y que vienen jugando desde hace años. El trasvasamiento generacional es difícil en la política y en el fútbol, y no parece haberse dado en principio. De hecho, la mayoría jugó el Mundial anterior.

De todas maneras, la historia de los Mundiales para el seleccionado argentino marca que siempre hubo cambios: nunca el equipo que jugó el primer partido fue el mismo que jugó el último. Pasó en 1978, en 1986 y en 2022, contando los torneos en los que les fue bien. De la misma forma hubo rotación y cambios en los otros seleccionados argentinos a los que no les fue tan bien, y en algunos casos fueron esos mismos cambios los que no ayudaron.

Como vemos, ser técnico no es fácil. Hay miles de opciones y situaciones que resolver todo el tiempo, ya sea en largas horas o en milésimas de segundo. También se dan situaciones que pueden cambiar las cosas en los planteles: en la convivencia, en lo físico, en la actualidad de cada jugador y en la evolución de la competencia.

Solía decir un holandés que acá solemos valorar que el fútbol era una mezcla de arte, inteligencia, técnica y control del espacio: “Jugar al fútbol es sencillo, pero jugar un fútbol sencillo es lo más difícil que existe”. Su filosofía buscaba el dominio de la pelota y la posesión como la mejor forma de defender, y que los que más saben con la pelota jueguen cerca del área.

Lionel Scaloni se enfrenta a lo más difícil en la historia de los Mundiales, que es ganar dos campeonatos seguidos. César Menotti no lo logró y Carlos Bilardo estuvo cerca. Solo Brasil pudo hacerlo en tiempos en los que la Copa del Mundo y el fútbol eran otra cosa. ¿Y si lo hace bien? ¿Y si le va bien?

 

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