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Fragmentación productiva: una “K” como foto de la economía

Mientras los sectores exportadores impulsan la actividad, la industria y el consumo interno se paralizan. Con una caída del EMAE de 2,1% y moras que asfixian cada vez más a las familias, la economía argentina se divide entre una recuperación selectiva y una crisis de empleo que exige políticas de estado para evitar que la brecha productiva se vuelva insalvable. La K como foto de la economía.

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El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC registró en febrero de 2026 una caída interanual de 2,1% y una variación desestacionalizada mensual de -2,6% respecto de enero.  Los datos indican una recuperación parcial y sectorial: algunos sectores transables y exportadores muestran dinamismo, mientras que ramas intensivas en empleo y orientadas al mercado interno permanecen debilitadas. El resultado es una creciente fragmentación productiva: una K que tira para abajo.

Según esos registros, se registraron subas en la molienda de oleaginosas y liquidaciones del agro (+32,7% interanual), producción de gas y petróleo y refinación con crecimiento interanual, y en minería y pesca. Por el contrario, el sector que viene sufriendo los coletazos del modelo es el sector de la industria manufacturera en su conjunto, que acumula una contracción relevante: la utilización de la capacidad instalada se ubica alrededor del 53%. 

La recuperación encabezada por sectores capital-intensivos y orientados a la exportación genera divisas y actividad, pero tiene limitada capacidad de generar empleo y reconstituir masa salarial. En paralelo, la contracción en industria, comercio y buena parte de la construcción reduce la ocupación formal y presiona la recaudación tributaria.

El consumo permanece retraído, con ventas en supermercados en baja y el índice de confianza del consumidor en descenso. El endeudamiento de hogares y empresas es un componente central de la actividad y la supervivencia económica hoy en día. Cerca de 16 millones de personas mantienen deudas con bancos y 12 millones con fintech y entidades no financieras. Las tasas de mora rondan el 11,2% en entidades bancarias y el 28,4% en entidades no financieras en febrero. En algunas plataformas las tasas superan el 150% anual.

La combinación de altos niveles de pasivos, plazos limitados y mora creciente restringe la recuperación del consumo, encarece el riesgo crediticio y puede erosionar el capital de trabajo empresarial mediante incapacidad de cobro de cuentas y menor liquidez y rotación de inventarios.

El Gobierno ha implementado reducciones en algunas tasas y líneas crediticias (programas para PyMEs, descuento de cheques). Sin embargo, las líneas subsidiadas podrían no alcanzar a sectores productivos en situación crítica si las entidades financieras las excluyen por incumplimientos de cuotas de préstamos, cheques rechazados o balances débiles como ocurre en la práctica. Entonces, existe riesgo de que el crédito se canalice hacia agentes con mayor capacidad y se acentúe la concentración. 

La falta de alivio en financiamiento de consumo (préstamos personales y tarjetas) deja a hogares endeudados vulnerables ante una escalada de la mora.

Frente a este contexto el desafío político debería orientarse a buscar el consenso necesario para desarrollar políticas coordinadas que actúen de forma simultánea en varios frentes. Uno, es mantener y diversificar la actividad exportadora sin sacrificar la competitividad industrial. A través de políticas cambiarias y arancelarias selectivas, junto con incentivos a la inserción exportadora de PYMES. 

Por otra parte, incentivar inversión productiva y renovación tecnológica: créditos blandos focalizados en adquisición de maquinaria y adaptación productiva, con condiciones (tasa, plazo, cofinanciamiento público-privado) y criterios de elegibilidad vinculados a planes de inversión controlables. Además, proteger la capacidad de pago y mitigar la mora sistémica: reperfilamientos temporales de deudas para familias y empresas viables que hayan perdido capital de trabajo; regulación para limitar tasas abusivas en plataformas no reguladas; programas condicionados de reestructuración que exijan planes de viabilidad para evitar riesgo moral.

Frente a una restricción de recursos, las medidas de alivio deben combinar elegibilidad y supervisión para minimizar asignaciones distorsivas y riesgos de llegar a sectores que no lo necesitan como tantas ocurrió en la Argentina.

La situación demanda un estado fuerte y eficiente, sin una acción integral y coordinada, la recuperación permanecerá fragmentada: ganadores en sectores exportadores y capital-intensivos y pérdidas sostenidas en ramas que generan empleo y sostienen la demanda interna. 

Para cambiar ese curso se requieren instrumentos que preserven la actividad exportadora, financien la modernización productiva y desactiven la espiral de mora que limita cualquier reactivación del consumo. 

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