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Picada cultural: los mundiales de Víctor Hugo + Borges sobre fútbol + novedades editoriales

Del relato eterno del “barrilete cósmico” y la mirada irónica de Borges y Bioy Casares sobre el fútbol-espectáculo hasta los nuevos lanzamientos editoriales. Un recorrido por la memoria deportiva y una serie de lecturas recomendadas que invitan a reflexionar sobre la pasión, la historia y la actualidad de nuestro país.

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Esta imagen muestra al reconocido relator Víctor Hugo Morales en un puesto de transmisión.

22 de junio de 1986. El relator tiene el torso desnudo. Una toalla blanca empapada en los hombros. 40 grados o más marcan los termómetros en el Estadio Azteca de la Ciudad de México. Maradona corre, salta trampas de piernas inglesas, elude uno, dos, tres, mil. Amaga y acelera, al mismo tiempo. Está construyendo la jugada de todos los tiempos. El relator con el puño apretado, lanzado sobre el pupitre ubicado en una platea, envuelto en cables y auriculares, hace historia de la historia. En tiempo real. Si Maradona demuestra que es más que un futbolista, que es un artista de la zurda, Víctor Hugo Morales también cincela su relato hasta convertirlo en una pieza icónica de la cultura contemporánea. Barriletes cósmicos que se elevan en el cielo mexicano. “Era la más bella, osada, corajuda e inventiva de las películas que el fútbol había producido en toda su historia”, escribe el relator uruguayo, cuarenta años después. Aunque más que leerlo, parece que lo escuchamos.

Escrito con la colaboración de Diego Tomasi y Julián Capasso, el libro Mis mundiales (Fondo de Cultura Económica) recorre la vida de Víctor Hugo Morales como relator de las Copas del Mundo de fútbol, desde Argentina 1978 a Catar 2022.

Aunque el recuerdo de su primer Mundial es el de Suiza 1954. Justicia poética: esa memoria es auditiva. Es la voz del relator Carlos Solé gritando el empate transitorio de la selección uruguaya ante Hungría. Víctor Hugo es un niño de seis años, en el pueblo uruguayo de Cardona, que descubre dos pasiones que luego supo reunir a lo largo de su vida: la radio y el fútbol.

Su debut como relator en los mundiales, sin embargo, se demoró. Una y otra vez. Por razones contractuales. Recién se dio cuando ya tenía 30 años: Argentina 78. Se preparó: con los ojos más grandes que nunca, el corazón dispuesto a lo que venga, una garganta que se salía de la vaina por gritar goles. Así lo hizo hasta la final que le dio el título a la selección de César Luis Menotti frente a Holanda.

Esa tardanza, sin embargo, no le impidió conseguir un récord. Es el único que relató cinco títulos mundiales de la selección argentina de fútbol: los juveniles de 1979 y 2005; y los tres del equipo mayor: Argentina 1978, México 1986 y Qatar 2022. “Estar en un campeonato del mundo es lo más lindo que le puede pasar a un relator”, reconoce con sencillez. 

El libro se detiene en la figura de Diego Maradona: su velocidad, su sentido artístico, su belleza. También en su repentismo verbal, en el compañerismo. Capítulo a capítulo, mundial a mundial, futbolista y relator trazan un recorrido conjunto que, incluso, terminó reuniéndolos en Brasil 2014 y Rusia 2018, en aquellos programas que realizaron para Telesur.

Sin embargo, Víctor Hugo dice que no mira el fútbol como hincha. Relata. Siempre. Trata de estar arriba de la pelota, conjugando el nivel descriptivo con el conceptual. Apela a una concentración obsesiva, para buscar “la objetividad del hecho”, para tener siempre dispuesta la “capacidad de decir la verdad”. Como cuando señaló, también aquel 22 de junio de 1986, que Maradona había hecho el primer gol con la mano. 

Escribe sobre su relación con el Grupo Clarín, la defensa de la ley de medios, la renuncia a relatar para la TV Pública para no dar pasto a las fieras. Sin pararse en el atrio, de modo oblicuo, deja una enseñanza para estudiantes de periodismo. Se entrena de modo obsesivo. Se nutre de libros, películas, canciones populares, óperas, mitologías, recorridas por museos. Suma elementos culturales, históricos, sociales para luego convertirlos en palabras disparadas a toda velocidad. En el momento preciso. 

 

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Se cumplen 40 años de la muerte de Jorge Luis Borges. Bien y mejor lo recuerda Néstor Leone en este medio. Pero salta a mi memoria un relato futbolero, por definirlo de algún modo. En “Esse est percipi”, Bustos Domecq, el personaje creado por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, comenta: “Viejo turista de la zona de Núñez y aledaños, no dejé de notar que venía faltando en su lugar de siempre el monumental estadio de River”.

Azorado, el narrador se acerca hacia las oficinas de un viejo amigo, Tulio Savastano, a la sazón presidente del club Abasto Juniors. Dando una chupada postrímera a su bombilla exhausta, Savastano lo introduce en la realidad del fútbol argentino: “No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es una patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del ’37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”.

Con fina ironía, los escritores advierten –en aquel relato publicado en 1976– sobre el avance del poder de las cadenas televisivas sobre el fútbol. Hoy la comercialización de los derechos de transmisión representa la piedra basal de los ingresos de los clubes y las asociaciones de fútbol. En este Mundial, se introdujo la pausa de hidratación y se extendió el entretiempo de la final para potenciar la venta de publicidades. Como dice el amigo Walter Isaía, los árbitros ahora también tienen que trabajar de camarógrafos y sonidistas, munidos de vinchas tecnológicas que les permiten registrar las incidencias desde el campo de juego.

Futbolistas, entrenadores y referís se someten a una lógica implacable: hoy ser es ser visto. “Esse est percipi”. Señalan Borges y Bioy en aquel cuento: “El género humano está en casa, repantigado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marca gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone”.

 

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En estos días llovieron libros sobre nuestra redacción. Futurock Ediciones nos envió La imaginación sindical: política y cultura en la CGT de los Argentinos, de Valeria Caruso, que ahonda en ese gran laboratorio político que se gestó en los años sesenta –bajo el liderazgo de Raimundo Ongaro– y supo reunir y potenciar a muchos cuadros dirigenciales, intelectuales, artísticos de nuestro país. También nos llegó El camino de la santidad, de Lucía Alba Ferrara, ganadora del Premio Futurock de Novela 2025.

La editorial Entropía publicó Estación Saturno, la nueva novela de Fernanda García Lao, que tiene como protagonistas a dos hermanos que buscan el gato de un tercer hermano que acaba de morir. Anticipan que presenta una prosa afilada y rotunda, con mucho humor, para dar cuenta de una historia en la que se combinan el absurdo y la crítica política. También ya está en las librerías Madre mía, el primer libro de la enorme actriz Mercedes Morán, que narra su vida y sus vínculos bajo la perspectiva de la educación emocional y sexual que recibió de su madre. 

Junto al libro de Víctor Hugo, FCE acercó la novela gráfica Matar al comisario: un documental anarquista, de Jorge Consiglio, Paula Brecciaroli e Iñaki Echeverría. Por su parte, Sudamericana editó Malmö, una historia argentina, de Mónica Szurmuk, que posa la mirada sobre las niñas y los niños víctimas del terrorismo de Estado que fueron retenidos en instituciones durante la última dictadura. Prometemos abocarnos de lleno a la lectura de cada uno de estos ejemplares.

De paso, les contamos que desde 4Palabras también tenemos nuestro primer libro, La salud mental como campo de disputa: entre derechos, políticas y vida colectiva, que realizamos junto a la Asociación de Psicólogas y Psicólogos de Buenos Aires (APBA) y la editorial cooperativa Huvaití. De distribución gratuita, reúne artículos de diversos especialistas que proponen alternativas comunitarias frente a las lógicas gubernamentales del ajuste y el encierro.

Hasta aquí llegamos por hoy, nos volveremos a encontrar la semana próxima. Saludos cordiales de este humilde redactor.

 

4Palabras

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