Argentina / 31 agosto 2026

temperature icon 18°C
Edit Template

Cerimedo, el impostor atrapado

De asesor estrella de las ultraderechas latinoamericanas y estratega de la desinformación a quedar detenido en Bolivia acusado por el intento de femicidio. El perfil de un fabulador serial que intentó construirse a sí mismo pero terminó acorralado.

Compartir:

Compartir:

Cerimedo, el impostor atrapado

El relato que Fernando Cerimedo vendió sobre su propia vida incluye una beca en Harvard a los 19 años, un paso por los Navy Seals (la fuerza de élite de la Armada estadounidense), un doctorado en la Universidad de Phoenix y una colaboración decisiva en la campaña de Barack Obama de 2012. Ninguno de esos hitos resiste la verificación. Las universidades mencionadas negaron su paso por sus aulas y en el comando demócrata de aquellos años nadie recuerda su nombre. Su ascenso muestra un camino más terrenal: registros como empleado de una empresa de taxis en Mar del Plata, un paso por una compañía de seguros, un empleo en una fábrica de plásticos y algunos meses como docente de secundaria en la Ciudad de Buenos Aires.

Su paso por los tribunales antecedió a sus servicios de consultoría. En 2016, la Justicia de Mar del Plata lo condenó a dos años y medio de prisión en suspenso por estafa y defraudación. El hecho fue simple: vendió un mismo departamento a dos compradores distintos en un lapso de tres meses y se quedó con el dinero de ambos. La condena no le impidió reinventarse. 

A través de la agencia Numen Publicidad y con la creación de La Derecha Diario, Cerimedo comprendió antes que otros en estas pampas el valor de la desinformación como mercancía política. Se especializó en lo que él mismo definió como campañas negativas, articuladas mediante granjas de cuentas falsas destinadas a manipular la conversación pública.

Su crecimiento fue meteórico en la medida en que las ultraderechas de la región demandaron sus servicios. Ya se había hecho un experto en la creación de fake news con la configuración de su propio curriculum vitae. Tenía colgada una medalla que exhibía a los cuatro vientos. Relataba a sus potenciales clientes que su tutor en la Universidad de Phoenix había quedado maravillado con su tesis y lo había llevado a trabajar en la campaña de Barack Obama en las primarias del Partido Demócrata. Luego del triunfo, en el que él había tenido por supuesto un rol central, comenzó a dirigir equipos para las elecciones presidenciales. La victoria lo hizo desembarcar en la Casa Blanca, donde ocupó un cargo en la oficina de “International Affairs”. De ahí saltó a una agencia gubernamental que tenía como objetivo ayudar a políticos latinoamericanos que “despertaban interés” en los Estados Unidos. Pero los equipos de campaña de Obama señalaron que no conocían a Cerimedo. Tampoco a su tutor de tesis. Y la Casa Blanca no tenía una oficina con el nombre de International Affairs.

En Argentina fue una pieza en el esquema comunicacional que acompañó el crecimiento de la figura de Javier Milei. Administró la estructura digital de ataque en redes y se autoproclamó impulsor de hitos de proyección internacional.

Pero esos supuestos pergaminos lo llevaron a trabajar con el expresidente Jair Bolsonaro en Brasil luego de entablar una amistad con su hijo Eduardo. El origen de ese vínculo también es dudoso: dicen que se conocieron en Harvard, en un posgrado de Comunicación Política en 2010. “Éramos los dos latinos que hablábamos en portuñol. A Eduardo le gusta mucho todo lo vinculado a la policía y, como yo tengo formación militar, entrené mucho tiempo con los Navy Seals, pegamos buena onda”, contó. Desde Harvard señalaron a Chequeado que no había registros de Eduardo Nantes Bolsonaro ni de Fernando Gabriel Cerimedo como estudiantes. Ante la negativa, Cerimedo explicó que había hecho “cuatro cursos sueltos”.

En 2022, desde su canal de YouTube, puso en marcha una campaña para sembrar dudas sobre la fiabilidad de las urnas electrónicas brasileñas. La transmisión alcanzó cientos de miles de espectadores y sirvió de insumo para la impugnación del escrutinio que derivó en los ataques a los poderes públicos en Brasilia. Por esas maniobras la Policía Federal brasileña lo situó como el núcleo de la red de desinformación investigada por el intento de golpe de Estado. Logró ser sobreseído.

En Argentina fue una pieza en el esquema comunicacional que acompañó el crecimiento de la figura de Javier Milei. Administró la estructura digital de ataque en redes y se autoproclamó impulsor de hitos de proyección internacional, como la entrevista con el presentador estadounidense Tucker Carlson. Antes de pisar fuerte en La Libertad Avanza, había dado cursos de militancia digital para el PJ de La Matanza.

Su ambición en el campamento libertario no era modesta. En una entrevista con la revista Noticias en 2022, llegó a formular su deseo de máxima: convertirse en el Héctor Magnetto de la derecha. Váyase a saber en qué cuadrante del campo ideológico incluía al líder del Grupo Clarín. Pero el sueño revelaba su fascinación por el poder mediático tradicional, aunque había arrancado primero el camino del sicariato digital.

La Derecha Diario compartió el ascensor de la movilidad social ascendente junto a Milei. Inició sus publicaciones en 2018 en redes sociales y se convirtió en un sitio  web  en  2019,  pocos  meses  antes  de  la  pandemia global de COVID. Luego fueron ampliándose a otros países latinoamericanos hasta vender la mitad del paquete accionario al español Javier Negre.  

La expansión de Cerimedo como consultor lo llevó a intervenir en los procesos constitucionales de Chile, en las elecciones de Honduras y a instalarse en Bolivia como asesor personal del presidente Rodrigo Paz. Dicen que pisaba fuerte en la petrolífera estatal. Fue en Santa Cruz de la Sierra donde la ficción terminó por desmoronarse. La policía boliviana lo detuvo en el aeropuerto Viru Viru, investigado por su presunta vinculación con un atentado a balazos contra su expareja, la abogada Nadia Beller. De forma previa, en la Argentina también había quedado involucrado en la causa ANDIS por su relación con Diego Spagnuolo, el director de la agencia de discapacidad y abogado personal de Milei.

Steven Spielberg dirigió a principios de este siglo Atrápame si puedes. Allí Leonardo DiCaprio encarna a Frank Abagnale Jr., quien antes de cumplir los veinte años amasó una fortuna haciéndose pasar por piloto de avión, médico y abogado. La destreza de Abagnale para la falsificación era tal que el FBI terminó contratándolo como asesor. Una investigación posterior concluyó que hasta buena parte de sus delitos eran imposturas. 

La historia del capitalismo suele maravillarse con estos personajes que convierten la fabulación en un activo financiero. Cerimedo ahora parece atrapado entre causas judiciales por estafa, investigaciones por desinformación electoral y corrupción de fondos públicos y una detención por un hecho de violencia criminal. Parece una reversión cruel de aquel personaje cinematográfico encarnado por Di Caprio: el impostor al que la realidad, tarde o temprano, termina por alcanzar. Tal vez es certera aquella máxima que señalaba que la única verdad es la realidad.

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: