Bioeconomía y vida cotidiana. Una economía basada en la transformación de los recursos naturales por medio de las biotecnologías. Su incidencia en la cadena agroalimentaria y sus resultados en la seguridad alimentaria. Argentina tiene un recorrido de casi tres décadas en el desarrollo e impulso de la bioeconomía.
Por Bernardo F. Carnelli, Secretario Ejecutivo del Instituto de Estudios y Formación para la Igualdad (IEFI)
- enero 29, 2026
- Lectura: 3 minutos
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¿Por qué hablo de bioeconomía? Porque como otros temas que no aparecen en la agenda diaria de las redes sociales y de los medios de comunicación, tienen una incidencia en nuestra vida cotidiana de modo indirecto ya que determina el uso de los recursos naturales. Porque es una economía basada en la transformación de los recursos naturales por medio de las biotecnologías y se ha establecido como una nueva alternativa a los modelos de desarrollo. Porque se focaliza en la disponibilidad y el uso del suelo, con las potenciales consecuencias, no necesariamente positivas, que puede tener el uso de bioinsumos sobre otros recursos y productos como por ejemplo el agua o los bosques. Porque incide en la cadena agroalimentaria y sus resultados en la seguridad alimentaria. Y aunque prime un cierto consenso acerca de las contribuciones socioeconómicas y ambientales que este modelo podría lograr, es conveniente y necesario discutir, o al menos contribuir al debate sobre las implicancias que puede tener el desarrollo de este nuevo paradigma.
Una definición: La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) define bioeconomía como «la producción, utilización y conservación de los recursos biológicos, incluidos los conocimientos relacionados, la ciencia, la tecnología y la innovación, para proporcionar información, productos, procesos y servicios a todos los sectores económicos con el objetivo de avanzar hacia una economía sostenible».
En la actualidad es un concepto muy amplio, con límites difusos, donde predominan tres visiones: una visión biotecnológica, otra de bioinsumos y una tercera bio-ecológica. Nuestro país se puede ubicar en una visión ampliada de los bioinsumos (J. Sarmiento 2022)
Las políticas públicas en Argentina han contribuido de modo dispar en el impulso de la bioeconomía, con resultados positivos y limitaciones, y con una marcada tendencia hacia la cadena agroindustrial y agropecuaria. La biotecnología aplicada a las semillas genéticamente modificadas (Ej. soja GM) y la producción de biocombustibles (Ej. biodiesel de soja) han sido dos “estrellas” de este proceso.
¿Por qué hoy este tema en Argentina? Argentina tiene un recorrido de casi tres décadas en el desarrollo e impulso de la bioeconomía. Desde las presidencias de Menem hasta la de Fernández inclusive (1989-2022) se han diseñado numerosos marcos legales e institucionales con ese objetivo, no sin controversias y conflictos de los sectores involucrados.
Las políticas públicas en Argentina han contribuido de modo dispar en el impulso de la bioeconomía, con resultados positivos y limitaciones, y con una marcada tendencia hacia la cadena agroindustrial y agropecuaria. La biotecnología aplicada a las semillas genéticamente modificadas (Ej. soja GM) y la producción de biocombustibles (Ej. biodiesel de soja) han sido dos “estrellas” de este proceso. Esto no excluyó el desarrollo simultáneo, en escalas diversas, de energías renovables o bioenergías; biofertilizantes; bioplásticos; gestión de residuos del sector ganadero, agrícola y forestal; bioquímicos, y otros productos.
Algunos ejemplos de esos procesos de transformación los podemos ver reflejados en la vida diaria, en el uso de envases y bolsas biodegradables; en la reutilización de los aceites comestibles; en los insumos –fertilizantes y bioquímicos- que se aplican en la producción de granos, frutas, verduras que consumimos; en el biodiesel que se usa en el transporte de cargas y en maquinarias agrícolas; en los granos genéticamente modificados que alimentan ganado vacuno, porcino, aviar; la lecitina de soja que está presente en innumerables productos de la industria alimentaria; entre otros.
Cuestionamientos: De todo lo expuesto, se abren al menos dos cuestionamientos; uno al interior del modelo como paradigma de desarrollo sustentable y otro a la realización de los Ejes Estratégicos de la Dirección Nacional de Bioeconomía, dentro del programa de gobierno –si es que hay alguno, y no sólo objetivos- de Javier Milei.
Interrogantes provisorios: Ahora bien, si nuestro país tiene, en sus enormes reservas y sus recursos naturales una de las mayores fortalezas, ¿es posible garantizar que la explotación de esos recursos se haga de modo racional, minimizando los impactos ambientales? ¿todos los procesos bioeconómicos son sostenibles? ¿cuál es el camino a recorrer para obtener el mejor y más racional aprovechamiento de los mismos? ¿el modelo de agronegocios y el de bioeconomía pueden hacerse cargo de estos cuestionamientos?
Para su desarrollo a la bioeconomía le es imprescindible articular con el complejo científico-tecnológico, por lo que es ineludible el lugar de las políticas públicas en materia de ciencia, tecnología e innovación. Entonces, otra pregunta subyacente que se desprende es ¿cuál es el rol que le compete al Estado en la coordinación y administración de los recursos naturales?
Aseveraciones: La metodología de la bioeconomía, que incluye el concepto de circularidad, depende de la transversalidad del accionar de actores públicos: universidades, centros e institutos de investigación y desarrollo tecnológico, tales como CONICET, INTA, INTI, CONAE, INVAP, ARSAT, Agencia I+D+i, etc.; y privados: laboratorios, empresas de base tecnológicas diversas. Esta articulación siempre necesita contar con instrumentos de promoción y financiación, para cuya concreción es central el rol del Estado.
El accionar del Poder Ejecutivo encabezado por Javier Milei, al desmantelar el Estado, impide la realización de un cambio estructural con enfoque de sostenibilidad tal como lo propone ese modelo de producción.
Como en la mayoría de sus acciones el gobierno nacional es un cúmulo de contradicciones en sus políticas públicas, atentando contra el bien común de nuestro pueblo, el cuidado del medio ambiente, la casa común y la soberanía de nuestra patria.
Más desafíos para pensar alternativas a los modelos hegemónicos. Reinventarnos, resistir, insistir, persistir.
4Palabras
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- DANIEL RAMOSenero 30, 2026 at 3:38 pm
La sostenibilidad parece una mala palabra en esta gestión. Primero la renta, Sin renta, no se compite…si no se puede competir, corresponde ir a la quiebra… Otros actores ocuparán ese nicho del mercado,,, UN ESPANTO
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