Argentina / 17 junio 2026

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Messi, siempre Messi

Con un hat-trick inolvidable, Lionel Messi se recortó de la historia y destrabó un debut mundialista que venía con carga dramática ante Argelia. Pese al juego cortado, el 10 hizo fácil lo difícil, se convirtió en el máximo goleador histórico de las Copas del Mundo y le dio aire al equipo de Scaloni.

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messi siempre messi

“Messi, siempre Messi”, solía decir Ronaldinho. El brasileño que lo llevó de la mano en el Barcelona, cuando Lionel era un adolescente que se abría paso en el club. El tipo que está a punto de cumplir 39 años se convirtió en el jugador con más goles en la historia de la Copa del Mundo.

Si bien con el paso del tiempo fue variando su posición en el campo de juego —se fue tirando atrás, pensando y ejecutando más el armado del juego—, hay algo que lo vuelve a hacer ese adolescente del Barcelona, o ese chico de las infantiles de Newell’s que ganaba los partidos solo a fuerza de gambetas y goles.

Es cierto que ya no gambetea de la misma forma y con la misma intensidad, pero mantiene la capacidad goleadora intacta. Tiene 120 goles con la camiseta argentina, algo impensado hace algunas décadas.

Luego del Mundial de 1978 se dio una suerte de sobreactuación de lo difícil que es el primer partido para Argentina en los mundiales. Un poco es cierto: obedece a su historia, en la que no le fue muy bien, más cuando venía de salir campeón, como fue en España 82 (donde perdió con Bélgica) y en Italia 90 (donde cayó ante Camerún).

A este cuento se le puede sumar que el equipo de Lionel Scaloni también perdió en su debut en el 2022 ante Arabia Saudita. Si le sumás que el Dibu Martínez venía con el dedo roto, Gonzalo Montiel lesionado y sin Ángel Di María, las razones para la sobreactuación dramática estaban fundadas.

Pero el 10 se recortó del contexto, de la historia, de las frases de ocasión y al paso, y la hizo fácil. Cada vez que tuvo contacto con la pelota, la hizo fácil, que es lo más difícil de hacer en el fútbol.

El partido arrancó no apto para espectadores con ataques de pánico. A los 4 minutos, una buena jugada de Alexis Mac Allister para Lautaro Martínez, que se dio vuelta y la tocó al pique de Messi; este definió por arriba del hijo de Zidane y ponía el primero, pero tenía un hombro en offside.

Tres minutos después, gran jugada de Argelia: pase filtrado para el 10, Faris Chaïbi, que definió al primer palo y la metió, pero tenía también el hombro en offside. Era todo vértigo hasta ahí el partido. Iban y venían en un puñado de minutos, algo a lo que la selección no está acostumbrada.

A los 16 minutos, el 14 de Argelia tenía que marcar a Messi, se distrajo con un rebote, Rodrigo De Paul se avivó, se paró de número cinco entre los centrales y le hizo un pase fuerte, rasante y justo, tipo fútsal, al 10, que la recibió, se dio vuelta para quedar solo entre las líneas de los mediocampistas y los defensores y darle al arco. Cierto es que no le pegó al ángulo ni mucho menos, pero el hijo de Zinedine Zidane puso las manos como yo, y gol de Argentina.

Y Messi, siempre Messi. Déjenlo que se recorte del contexto, de la realidad, que se enfoque. A veces los jugadores no escuchan ni ven a su alrededor más que su conexión con el juego. Déjenlo ser libre, que baje, que descanse, que toque, que habilite, que la vaya a buscar y que haga goles para hacer felices a millones de argentinos.

Claramente el jugador más inteligente de Argentina en el partido, después de Messi, fue Rodrigo De Paul. Metió ese excelente pase para el primer gol, tocó, corrió, jugó al espacio y hasta tuvo una chance de meter un gol en el segundo tiempo, pero no se animó. Se tiró de número 8 cuando vio que Montiel no estaba en las mejores condiciones físicas y colaboró en la marca por la punta derecha. Se asoció con Mac Allister y Enzo Fernández en el medio solo cuando pudieron, porque el técnico de Argelia, Vladimir Petković, les metió varios jugadores en el medio, supongo que con la idea de que estos tres no se transformen en los demonios que suelen ser en algunos partidos; por momentos lo logró, sobre todo en la segunda mitad del primer tiempo.

Digo así porque con esto de la pausa de publicidad e hidratación, la cosa se va deformando y por momentos parecen cuatro tiempos. Dos tiempos seguidos ya no son más. Hay que ver si, más allá de las publicidades que sirven a las arcas de la FIFA y a las señales de TV que transmiten los partidos, esto también les sirve a los jugadores y a los técnicos para pensar y repensar lo que están haciendo y poder realizar variantes.

Parece que al tal Petković el break le vino bien y a partir de ahí fue el mejor momento de los argelinos. Un tal Faris Chaïbi se convirtió en el hombre que los argentinos no pudieron leer. Ya había avisado en el gol anulado por offside. El pibe se paró un par de veces entre la línea de defensores y volantes, se animó varias veces a encarar y llegó.

Tuvo una chance calcada a la de Messi, pero no es el 10 argentino y le pegó afuera. Y unos minutos más tarde se escapó entre Medina y Lisandro Martínez, le dio al arco y forzó a que el arquero argentino, Emiliano Martínez, pusiera sus manitas lastimadas por única vez en todo el primer tiempo para sacarla al córner.

Esa parte fue la más incómoda de Argentina. Le robaron la pelota en el medio, le ganaron por los costados, le anticipaban en los rebotes y la cosa se fue poniendo pareja. No pudo controlar el juego a partir de la tenencia y se volvió un equipo que dudó mucho, sin poder imponer su estilo.

En el segundo tiempo entró Nahuel Molina por Montiel, a quien se lo vio mucho mejor desde lo físico y lo técnico. Y Messi comenzó de nuevo a recortarse del contexto que parecía, no sé si adverso, pero parejo. Muy buena recuperación y asistencia de De Paul para Lionel, al que dejaron solo; le pegó esquinado, pero se le fue afuera. Al toque, quedan mal parados los argelinos saliendo, De Paul se va por la derecha pero no se animó a pegarle y se diluyó la jugada. Enseguida, habilitación de Messi para Lautaro Martínez y tapó el arquero.

El técnico Lionel Scaloni, que sabe eludir respuestas y pensamientos ante la prensa, metió a la cancha a uno de sus favoritos, Nico González, por Thiago Almada (a quien no le sale lo que quiere), y a Julián Álvarez por Lautaro Martínez. Y a los 15, Messi hace jugar a González, que tiró el centro; despejó un muchacho de Argelia como pudo y le quedó a Mac Allister, que le dio al medio del arco y el hijo de Zidane se la dejó a Messi, que entró solo —pero solo, solo— por el medio del área como si estuviera en el patio de su casa para dar un pase a la red y declararse con 15 goles en las Copas del Mundo.

Habría que analizar dos cosas: qué pasa por la cabeza del técnico de Argelia cuando sus jugadores dejan solo y pierden a Messi, permitiendo que se las esté metiendo de todos lados; y por otro lado, qué pasa con el 10, que se les escapa a uno, dos o tres tipos que saben que es el mejor jugador del mundo y lo tienen que marcar de cerca. Agrego una más: dio la sensación en este partido que Messi por momentos fue el estratega arrancando de atrás, por momentos guardó energías y también se dio cuenta de la ausencia de los delanteros, entonces fue a buscarla para meterla todas las veces que pudo.

Las cámaras mostraron en los palcos al Gringo Giusti, a Mario Kempes, al Chiqui Tapia, a Oscar Ruggeri, pero en otro momento hicieron un primer plano de Zinedine Zidane con cara de padre enojado. Qué se va a hacer, Zidane, a veces el pibe no juega bien. No se enoje, porque en una Messi se fue solo para convertir y esa vez su pibe puso las manos y se lo tapó.

A los 75, jugada colectiva de Argentina como si fueran las Eliminatorias Sudamericanas. De Paul para Messi, que la abrió para González; la aguantó y esperó a que llegara el 10 a la puerta del área, se la devolvió y Messi le dio junto al palo derecho: 3 a 0. Tres de Messi, y Scaloni lo sacó de la cancha para que no robe más. Entraron Nico Paz y Nicolás Otamendi por Romero.

El partido estaba liquidado. Si bien los argelinos siguieron yendo a buscar con el ingreso de Riyad Mahrez y las gambetas ya no del 10, sino de Ibrahim Muzza, no pudieron descontar y el partido se convirtió en un zafarrancho hasta el pitazo final.

Sin Messi en la cancha es difícil que Argentina llegue con claridad y facilidad. Lisandro Martínez es un jugadorazo en la línea central; Facundo Medina tuvo un buen debut, corrió, metió y se le escaparon pocas veces. El arquero, por suerte, no tuvo que tocar la pelota con el dedo roto. Le faltó más circuito de juego a Alexis y a Enzo, que por momentos estuvieron imprecisos y muy encimados, y a los delanteros les falta bastante juego y gol.

En estos días que tienen hasta el otro partido, el zorro Scaloni sabrá ver, con la ayuda de Pablo Aimar, qué mover y qué no en el tablero. Pablito por momentos parecía que estaba escuchando la radio durante el partido. Y Messi, siempre Messi. Déjenlo que se recorte del contexto, de la realidad, que se enfoque. A veces los jugadores no escuchan ni ven a su alrededor más que su conexión con el juego. Déjenlo ser libre, que baje, que descanse, que toque, que habilite, que la vaya a buscar y que haga goles para hacer felices a millones de argentinos.

 

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