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Por qué los bancos están acorralando a las Pymes

La quita de descubiertos y el recorte en la venta de cheques recuerdan a las crisis de 2001 y al crack del 2008. Con gerentes sin margen de maniobra en las sucursales, el sistema financiero busca liquidez o anticipa una recesión.

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Por qué los bancos están acorralando a las Pymes, profesionales, cuentapropistas

El termómetro financiero del sector privado comenzó a mostrar datos alarmantes. Microempresarios, profesionales, emprendedores enfrentan un escenario que no se veía desde los momentos más dramáticos de la historia económica reciente: un freno de mano repentino y agresivo por parte del sistema bancario.

Incluso aquellos actores de la economía real que mantienen un nivel de actividad dinámico –con facturaciones que rondan entre los cien millones de pesos mensuales– reportan que las entidades financieras les han recortado drásticamente herramientas clave de financiamiento cotidiano, como los giros en descubierto y la venta de cheques.

“Los gerentes de sucursal ya no tienen atribuciones para acompañar a los clientes. El recorte es total y discrecional”, coinciden fuentes del sector Pyme, que comparan este nivel de parálisis en el financiamiento únicamente con los colapsos de 2001 y la crisis global de 2008.

El fenómeno no discrimina a los clientes por su nivel de cumplimiento. Aunque el foco está puesto en los índices de mora de las familias, cada vez más endeudadas para comprar alimentos o llegar a fin de mes, en el segmento de los que aún sobreviven a este sistema y producen, el diagnóstico es el mismo: los están acorralando.

La pérdida de autonomía de los gerentes de sucursal es la primera señal de un repliegue. Las decisiones crediticias ya no se toman analizando la relación de confianza o el historial comercial del cliente en el mostrador, sino a través de directivas rígidas dictadas desde las casas matrices.

Un consultor Pyme con una importante cartera de clientes en el sector agroindustrial advierte sobre el mecanismo de contagio de esta crisis y dice que hay dos razones por las que los bancos no están renovando las líneas de crédito, e incluso las han acortado, específicamente al canal PyME y en parte del canal agro. Primero, porque tienen una cartera en mora del resto de la economía. Pero también porque lo que pueden estar previendo los bancos es el mecanismo de transmisión de la economía: que las familias que son las que se endeudaron, con bancos y billeteras, luego se sigan endeudando con el resto de la cadena con la que comercializan.

Esta perspectiva explica las exigencias desmedidas en los mostradores bancarios, afectando incluso a las firmas con balances sólidos: “Lo que se ve es una estrategia muy agresiva de los bancos de no aumentar límites de crédito, estar totalmente exhaustivos con documentaciones, carpetas al día, legajos, pedidos de garantías, y sobre todo con empresas que no han tenido una mala performance”, dice. 

Se observa un peligroso desfasaje entre los costos financieros y las proyecciones de inflación, un fenómeno que ya golpeó a las familias y ahora amenaza a las pequeñas y medianas empresas.

Por otro lado, también está la velocidad de recuperación de la economía, que todavía no sucedió, y “entonces los bancos cuentan con ese pronóstico de una economía interna plana, al menos ese es el escenario más probable”. 

Desde el corazón de las organizaciones empresariales, el director de la Asociación de Empresarios y Empresarias Nacionales para el Desarrollo Argentino (ENAC), Diego Ojeda, expone la profundidad del deterioro del sector y el rol que juegan las entidades financieras. Asegura que la problemática bancaria tiene que ver, en primer lugar, con que “los bancos prestan nuestra propia plata cuando deberían traer, sobre todo los bancos extranjeros, capitales extranjeros, para financiar y no hacer uso, a través del encaje, el disponible de nuestro capital”. 

En los últimos tres años cerraron 28.500 Pymes, se perdió el poder adquisitivo y la apertura indiscriminada de importaciones, entre otros factores, rompieron el tejido productivo. En ese contexto, “al perder flujo de caja, al perder ventas, el banco toma decisiones que van en contra de nuestras necesidades”, dice Ojeda. El directivo da cuenta de que hay más de 300 mil cheques rechazados en el sistema y detalla cómo impacta en la práctica este cambio de reglas y el encarecimiento desmedido del crédito: “Al hacerte una nueva calificación, mucho más estricta, y en función a tu actualidad, empezamos a perder los acuerdos que teníamos”. También explica que si tenían un acuerdo en descubierto de 30 millones, el banco ahora decide que. en función de la situación, según la calificación, le va a dar 15 millones. 

A eso se suma el valor de las tasas. Hoy una tasa de descubierto ronda entre 70 y 90% según el banco. “Es una tasa recontra usurera. Te acompañan dándote el empujón para caerte al abismo. El banco deja de ser una ayuda o deja de ser un socio virtuoso, y pasa a ser un problema”, expone el director de ENAC. 

Ante este escenario, la pregunta que vale hacer es: ¿por qué aprietan los bancos en este momento? La historia da cuenta de que el sistema financiero sólo actúa de forma tan drástica ante escenarios de máximo riesgo. Por un lado, la anticipación ante una corrida o devaluación lleva a los bancos a endurecer sus líneas de financiamiento, recortando giros y créditos para rescindir la mayor cantidad de pesos circulantes en el mercado, cubrirse y ganar liquidez inmediata. La otra posibilidad es que prevean una recesión más profunda, en la que el sector intermedio de la economía perderá la capacidad de pago en los próximos meses.

A este diagnóstico se le suma un peligroso desfasaje entre los costos financieros y las proyecciones de inflación, un fenómeno que ya golpeó a los hogares y ahora amenaza a los sectores medios. Ahí aparece un tercer motivo por el que los bancos no están prestando ni aumentando la capacidad de crédito es exactamente por lo que sucedió con las familias. Como las tasas de interés no terminan de converger o acoplarse al resto de las principales variables de la economía (como la inflación) los bancos saben que si prestan al 70% con una inflación a 12 meses que podría estar entre el 20 y el 30%, ese crédito se vuelve un crédito impagable. 

En 2025 se lo hicieron a las familias y la tesis se confirmó: los hogares no pudieron pagar. Si lo hacen en 2026 con las pymes, podría significar que en el 2027 van a tener la mora con ese sector. Aquellos que son el verdadero motor del empleo, de la producción local, se están quedando sin oxígeno. 


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