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Comenzó el juicio por responsabilidad civil en el secuestro de obreros en Molinos Río de la Plata
La causa fue iniciada por los hijos de trabajadores que fueron sacados de la planta por un grupo de hombres de civil. El que era jefe de personal de esa fábrica del grupo Bunge & Born está acusado de ser partícipe necesario de, al menos, tres detenciones ilegales.
- octubre 25, 2026
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Francisco Fernández, Santos Ojeda y Roberto José Rivolta Bonino fueron a trabajar por última vez el 7 de julio de 1976. Ese día, entre las cinco y las ocho de la mañana, fueron detenidos por un grupo de hombres vestidos de civil. Los apresaron cuando estaban entrando o saliendo de la fábrica y pasaron a integrar la lista de desaparecidos. Lo que empezó a juzgarse el último 10 de septiembre es si el entonces jefe de personal de la planta de Avellaneda de Molinos Río de la Plata, Emilio Jorge Parodi, fue “partícipe necesario” de esos secuestros que se realizaron dentro del predio de la empresa.
“Los eventos investigados no se podrían haber ejecutado sin la colaboración del imputado, quien facilitó la consumación de las detenciones de las víctimas poniendo a disposición de los captores las instalaciones de la fábrica”, señaló el juez el juez Ernesto Kreplak al elevar la causa a juicio oral, que lleva adelante el Tribunal Oral Federal 2 de La Plata, integrado por los jueces Pablo Wilk, Maria Costa y Nelson Jarazo.
Durante la década de 1970 y, sobre todo a partir del golpe de Estado de 1976, la empresa se convirtió en una de las más grandes del país. Y la política económica neoliberal y represiva contra la organización sindical colaboraron en ese proceso: “Pasó de soportar pérdidas al cierre del ejercicio 74/75, a obtener ganancias en los dos períodos siguientes. Los resultados se incrementaron en un 358%”, precisa el informe de la Oficina de Investigación Económica y Análisis Financiero de la Procuraduría General que es parte de la causa.
Esta argumentación es también la que sostienen las querellas para explicar los motivos y señalar a los responsables: los secuestros se produjeron en el momento en que los trabajadores debían buscar su tarjeta de asistencia y “ficharla” para dejar constancia de su horario de ingreso y egreso. Allí fueron identificados y capturados. Esa zona, según la denuncia y los testimonios que se comenzaron a recoger en el juicio oral, estaba a cargo de un área denominada “Bomberos”, pero que -más allá de su nombre- cumplía funciones de vigilancia y monitoreo del personal. Ese sector respondía -según los testimonios- a la Jefatura de Personal. Allí estaba Parodi, que ocupó ese puesto desde 1975 hasta 1979 y luego fue alcanzando lugares de mayor jerarquía dentro de Molinos Río de la Plata, que había sido fundada en 1902 y hasta los ‘90 perteneció al grupo Bunge & Born.
La causa que involucra a Parodi, quien se negó a declarar en la primera audiencia y se encuentra en prisión domiciliaria, fue iniciada en 2013 por Analía Fernández, Roxana Freitas y Ceferino Mataboni, hijas e hijo de tres obreros desaparecidos. A esa querella se sumaron el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), la Subsecretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, la Federación Aceitera y Desmotadora de Algodón (FTCIODyARA) y el Sindicato de Obreros y Empleados de la Industria Aceitera (SOEIA Capital y Gran Buenos Aires).
Esa denuncia incluye a 23 trabajadores y ex trabajadores de Molinos Río de la Plata -la Federación Aceitera y el Sindicato habla de “por lo menos 27 casos”- pero hasta ahora la prueba recolectada permitió que llegaran a juicio oral los secuestros de Fernández, Ojeda y Rivolta Bonino. El martes 27 de octubre a las 10.30 se hará la próxima audiencia.
Hijas e hijos
“Mi papá era un muchacho de 27 años que creía en los derechos y en la justicia social. Militaba en la Juventud Peronista y tenía la convicción de defender los derechos de los trabajadores”, dijo Analía Fernández a poco de iniciar su declaración. Fue la primera en hablar ante el tribunal oral y estaba acompañada por una psicóloga del Centro de Asistencia a Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos “Dr. Fernando Ulloa”, que se sentó a su lado.
El papá de Analía era mecánico y había empezado a trabajar en la planta de Avellaneda en 1973. Fue detenido cuando fue a buscar su tarjeta de ingreso a la oficina de vigilancia. “La ficha de mi papá no estaba. Sus compañeros continuaron hacia sus puestos de trabajo y vieron como a mi papá lo apartaron. Nunca llegó a su puesto. Un grupo de tareas se lo llevó junto con sus compañeros Ojeda y Rivolta”, dijo Analía, que llevaba una remera blanca con la leyenda “Causa Molinos Río de la Plata” y las fotos de los rostros de obreros desaparecidos. Una de ellas era de su papá, que había sido integrante de la agrupación 17 de Octubre, que lideraba la comisión interna dentro de la planta Avellaneda en oposición a la conducción del sindicato aceitero.
También declaró su mamá, Ana María Pérez, que luego del secuestro de su marido se quedó sola con sus tres hijos. “Un vecino que trabajaba en la fábrica vino a decirme que lo habían detenido y que, si quería saber algo más, debía ir hasta la empresa”, contó ante los jueces, pero en la fábrica no tuvo mayores datos de parte de Parodi, que le dijo que se lo habían llevado los militares desde adentro de la planta.
El 14 de octubre declararon Ceferino Mataboni y Roxana Freitas. También tuvieron a su lado a una psicóloga. “Mi padre era amenazado por Parodi, que lo llamaba a su oficina. Era activista gremial, reclamaban por mejores salarios y condiciones laborales. Había muchos que eran contratados, tercerizados. Mi mamá estaba muy al tanto y eso me contó ella”, declaró Ceferino, que es el menor de diez hermanos y tenía cinco meses de vida cuando el 3 de diciembre de 1976 se llevaron a su padre, Rubén, que ya se había ido de Molinos porque la represión había hecho estragos en la planta.
“Nos robaron a nuestros amigos. A mí me robaron un hermano. Quiero que haya condena y que vaya preso”, declaró Jorge Palacios, extrabajador de Molinos.
“Mi mamá, una mujer de 39 años, se quedó con diez hijos, sola. El mayor tenía 15 años y había presenciado el secuestro de su padre y yo era el menor de todos. Pasamos miseria. Mi mamá no volvió a conformar pareja. Mis hermanos más grandes fueron los que padecieron los hechos”, profundizó Ceferino para dar cuenta de cómo cambió la vida de la familia tras la desaparición de su padre.
Ese día también declaró Roxana Freitas, hija de Avelino. “Mi papá militaba en la juventud peronista y era delegado del sindicato aceitero. Trabajaba en Molinos y, según me contaron sus compañeros, peleaba por los derechos de sus compañeros. No había duchas ni vestuarios en la fábrica y él peleó hasta que los consiguió, acompañado por sus compañeros”, dijo Roxana.
“Lo secuestraron cuando se iba al trabajo a la mañana. Lo sabemos por un vecino que también fue detenido ese día. Pasó un camión de los militares, lo detuvieron, lo apuntaron con una escopeta y le pusieron una capucha. Lo llevaron a la Comisaría Cuarta de Avellaneda. Al vecino lo liberaron y le fue a avisar a mi abuelo. Mi abuelo lo fue a buscar, pero ya no estaba ahí, eso le dijeron en la comisaría”, agregó Roxana y precisó: “La empresa sabía los movimientos de él, los horarios, por eso creo que ellos lo entregaron. Lo venían persiguiendo. A un tío mío, mi papá le dijo que si le pasaba algo a él nos llevaran a Paraguay, donde mi mamá era nativa”.
Los obreros y la fábrica
El 15 de octubre comenzaron a declarar los ex trabajadores. Al igual que los hijos de los obreros secuestrados lo hicieron con una psicóloga sentada a su lado.
El primero fue Jorge Palacios, de 79 años, que llegó caminando con dificultad. Contó que vio a Fernández antes de ingresar a la planta, el día que se lo llevaron. Habían estado juntos en un bar cercano a la fábrica, donde solían ir a tomar un café antes de iniciar la jornada laboral.
“Los bomberos te vigilaban. Tenían una oficinita al lado (de donde se marca tarjeta). Llegué a mi sección y ahí comentaron que se llevaron a un muchacho y dijeron ‘un tal Fernández’. Se llevaron a otros también. Nunca más supimos de ellos. El que nos comunicó que se habían llevado a Fernández fue un delegado”, dijo Palacios y explicó la diferencia entre los dirigentes gremiales de la fábrica y la conducción del sindicato: “Teníamos un problema grande porque al sindicato lo manejaba Molinos. El secretario general ‘vivía en la fábrica’, siempre estaba en la oficina del gerente. El secretario general venía seguido y siempre estaba en la oficina de Personal”.
Después fue el turno de Guido Almaráz, también de 79 años, que tiene un hermano, que era compañero de la fábrica, que está desaparecido.
“Las condiciones laborales eran lamentables. Faltaba todo: lugares para comer, baños, duchas. Se empiezan a hacer reclamos. Se elige comisión gremial para que nos represente y en 1974 tomamos la fábrica. Hicimos dos tomas fuertes. La primera nos sacaron a patadas porque no estábamos preparados, no sabíamos. No teníamos apoyo del sindicato. No teníamos ningún respaldo”, señaló Almaráz.
A su hermano lo secuestraron el 7 de julio de 1976. “Entraron a su casa y se lo llevaron junto con su esposa. Lo llevaron a la comisaría cuarta de Avellaneda y ahí les perdimos el rastro. Tenían un hijo de 8 años que lo dejaron con un vecino y lo pudimos recuperar y lo crió mi mamá, que se quedó sin un hijo”, dijo con la voz quebrada.
Almaráz precisó que unos días antes del secuestro habían llamado a su hermano desde la Oficina de Personal, donde “le ofrecieron un cheque y le dijeron que pusiera el número que quisiera”. Aclaró: “No puedo decir que estaba Parodi porque no le pregunté quién estaba en esa reunión”.
“A mi mamá, Florentina Verón, no la recibió Parodi, que era jefe de Personal y se decía que Parodi entregó una lista”, agregó Palacios y cuando terminó de declarar, con un hilo de voz, miró de frente a los jueces y les pidió: “Nos robaron a nuestros amigos. A mí me robaron un hermano. Quiero que haya condena y que vaya preso”.
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