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El tipo que juega a hacer Paredes

Empezó deslumbrando en el baby fútbol con la herencia del enganche clásico y terminó adueñándose del mediocampo a fuerza de carácter y pinceladas de potrero. Más allá de las cicatrices y los giros tácticos, Leandro Paredes demuestra que se puede jugar al fútbol sin perder la elegancia del barrio.

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El futbolista Leandro Paredes vistiendo la camiseta de Boca Juniors.

Leandro Paredes es el clásico jugador de baby fútbol evolucionado: pisa la pelota, mira hacia adelante y arranca al toque. Supo reinventarse al pasar de enganche a volante central y, tras su regreso a Boca Juniors un 10 de julio de 2025 con 31 años, hoy es una de las máximas figuras de la Liga Profesional y referente insustituible de la selección nacional.

Combina voracidad y potencia con una técnica depurada y una perspectiva del campo de juego que muy pocos logran en su puesto dentro del fútbol argentino. Sabe de manera natural cuándo avanzar, cuándo pausar y cuándo encarar. Se anticipa y recibe siempre perfilado, ganándoles uno o dos segundos clave a la marca rival. En ocasiones, incluso sale «pisado», como se dice en el futsal.

Ejecuta cambios de frente, tiros libres y tiros de esquina como casi nadie en el medio local. A eso le suma gambeta y gol. Sin embargo, no duda en arremangarse cuando el partido lo exige: va al piso a la vieja usanza, pero no para hacer falta, sino para recuperar quirúrgicamente la pelota y salir jugando.

Su formación desde pequeño refleja a un futbolista al que, sencillamente, le gusta jugar: le agrada tocar, meter pases largos, cargarse el equipo al hombro y leer las jugadas según los momentos del partido. De hecho, quedó inmortalizada su charla con el técnico Lionel Scaloni durante un cooling break frente a Suiza, cuando intercambiaban miradas y opiniones sobre el esquema táctico, los problemas en la mitad de la cancha y las variantes que se necesitaban.

Su transición –de ser señalado como el «heredero de Riquelme» por su juego de enganche clásico a convertirse en un «5» de contención y distribución– representa una de las transformaciones tácticas más exitosas del fútbol argentino.

Suele enfrentarse a contratiempos físicos con bastante frecuencia, pero los afronta y supera en tiempo récord. Tanto en la selección como en Boca, parece tener una fórmula mágica para reponerse de las lesiones y volver en plenitud. El 9 de octubre sufrió un desgarro muscular ante Instituto, pero aceleró sus plazos de recuperación y estuvo solo 11 días fuera de las canchas.

Regresó y se convirtió en el héroe de la Copa Sudamericana. Tras perderse el encuentro de ida contra Vasco da Gama, volvió a jugar el pasado martes: ingresó a los 57 minutos para darle control al equipo y, sobre el cierre, sacó un zapatazo categórico para meter a Boca en la final del torneo. Además, ya está a disposición para disputar el clásico ante Independiente por el torneo local.

¿De dónde salió todo esto? Leandro Daniel Paredes nació el 29 de junio de 1994 en San Justo, La Matanza, uno de los corazones emblemáticos del conurbano bonaerense. Dio sus primeros pasos con la pelota a los cuatro años en clubes de barrio como La Justina de San Justo y San Pantaleón, y luego en Brisas del Sur, cuando su familia cruzó la General Paz para mudarse a Mataderos.

Cuentan que a los siete años recibió una propuesta para sumarse a River Plate, pero la rechazó porque tanto él como su familia eran hinchas de Boca. La oportunidad soñada llegó poco después: gracias al ojo clínico de Ramón Maddoni tras verlo romperla en el baby, se incorporó a las inferiores xeneizes con solo 8 años. Desde allí, todo fue vertiginoso, incluso su debut profesional.

Debutó el 6 de noviembre de 2010 con apenas 16 años, bajo la dirección técnica de Claudio Borghi. Entró en el segundo tiempo de un partido que terminó en derrota por 2 a 0 ante Argentinos Juniors. En esa época se lo comparaba con Juan Román Riquelme por su estilo, ya que aún no había iniciado su reconversión.

A los 18 años fue vendido a la Roma, pero al no lograr afianzarse salió a préstamo al Empoli. Allí se cruzó con el director técnico Marco Giampaolo, quien vio en él las condiciones ideales para retrasarlo en el terreno de juego.

Giampaolo se reunió con él un lunes tras un partido frente al Napoli y le propuso pasar a jugar como volante central. El entrenador consideraba que, al jugar de espaldas al arco y en espacios reducidos, Paredes perdía panorama; en cambio, ubicado de frente a la cancha y aprovechando su extraordinaria visión y pegada, podía dominar el ritmo del partido. Leandro aceptó el desafío y, a partir de ese momento, descolló en su nueva función.

Gracias a su enorme rendimiento en Empoli, Luciano Spalletti exigió su regreso a la Roma. Bajo su conducción, terminó de pulir los conceptos defensivos clave para el puesto: el retroceso, la marca, la ocupación de espacios y el quite, sin perder su natural claridad para manejar los tiempos desde el fondo.

Paredes hizo el camino inverso al de Riquelme: mientras Román comenzó en inferiores como «5» y luego se adelantó para ser el enganche más icónico de Boca, Paredes arrancó brillando arriba como conector puro y terminó retrasándose hasta consagrarse como el volante central campeón del mundo.

El salto definitivo llegó al ser transferido al Zenit de San Petersburgo en 2017, donde el prestigioso entrenador italiano Roberto Mancini lo plantó como el eje del mediocampo y le entregó las llaves del equipo. Fue allí donde Lionel Scaloni y su cuerpo técnico fijaron su atención en él, convencidos de que era el «5» ideal para iniciar el recambio en la Selección Argentina.

Curiosamente, la carrera de Paredes hizo el camino inverso al de Riquelme: mientras Román comenzó en inferiores como «5» y luego se adelantó para ser el enganche más icónico de la institución, Paredes arrancó brillando arriba como conector puro y terminó retrasándose hasta consagrarse como el volante central campeón del mundo.

En la selección nacional fue una de las grandes apuestas de Scaloni. El DT le entregó la camiseta número 5 y lo ubicó como el eje del equipo. En 2021 se coronó en la Copa América ante Brasil en Río de Janeiro, cortando una racha de 28 años sin títulos para el país, consolidando un recordado mediocampo junto a Giovani Lo Celso y Rodrigo De Paul.

Luego ganó la Finalissima a mediados de 2022, sumando otra estrella tras vencer a Italia por 3 a 0. Al Mundial de Catar 2022 llegó con lo justo desde lo físico. Aunque perdió la titularidad en la fase de grupos ante el enorme nivel de Enzo Fernández, se transformó en un auxilio de lujo y dejó momentos imborrables, como el pelotazo al banco de suplentes de Países Bajos en aquel picante cruce de cuartos de final. Además, convirtió con categoría sus penales en las tandas definitivas contra los neerlandeses y en la final ante Francia.

En la Copa América 2024 volvió a levantar el trofeo continental en Estados Unidos, consolidando una de las etapas más gloriosas en la historia del seleccionado. Y en el Mundial 2026, pese a volver a lidiar con molestias físicas, fue nuevamente un pilar en la mitad de la cancha cuando estuvo en condiciones, aportando para alcanzar el subcampeonato incluso jugando con un par de costillas fisuradas.

Así es Leandro: casualmente, un tipo que juega a hacer Paredes.

 

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