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Picada cultural: 50 años sin Haroldo Conti

La figura del autor de Sudeste resurge con la fuerza de una marea. Recorremos el mapa de homenajes que celebran su vida y su obra: desde teatro en Buenos Aires y recorridos por Chacabuco hasta navegaciones rituales en el Tigre. Además, analizamos la vigencia de David Viñas con la reedición de Los dueños de la tierra y exploramos la memoria latinoamericana en la nueva obra de Gerardo Pisarello. Una cartografía de afectos, libros y resistencia.

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Imagen ilustrativa de Picada cultural

A 50 años de su secuestro y desaparición, la figura de Haroldo Conti emerge como un artesano de las palabras que prefirió el barro del Delta y la pampa húmeda antes que el bronce de la academia.

En apenas quince años de producción —desde la mística ribereña de Sudeste hasta el lirismo épico de Mascaró— Conti edificó una geografía propia. Su mapa no entiende de fronteras rígidas: une el Delta con su Chacabuco natal, y la costa de Rocha con el asfalto porteño. Es una literatura de movimiento y contemplación, donde conviven la precisión seca de Ernest Hemingway y la melancolía rural del uruguayo Juan José Morosoli.

Para Haroldo, la vida siempre iba primero. La escritura era apenas el intento de pescar algo de ese fluir vital. Sus protagonistas son héroes marginados, pero nunca derrotados. Gente común, isleños y marginales que resisten aferrados a una ilusión.

Militante del PRT-ERP, Haroldo siempre se desligó del personaje del intelectual. Fue camionero, bancario, profesor de latín, publicista y hasta intentó rumbos insólitos como vender aletas de tiburón. En 1972, cuando el sistema le tendió la alfombra roja, renunció a la prestigiosa beca Guggenheim.

“Yo soy escritor nada más que cuando escribo, el resto del tiempo me pierdo entre la gente”, decía. Un 5 de mayo de 1976, la dictadura intentó silenciarlo, pero su prosa sigue navegando, potente y única, en manos de lectores que tienden mesas reales e imaginarias para recordarlo.

 

***

 

Como ya ocurrió durante el centenario de su nacimiento en 2025, por estos días la memoria de Haroldo Conti vuelve a brotar con la fuerza de una marea alta, multiplicando homenajes que rescatan su vida y su literatura. 

Este sábado 2 de mayo en su Casa Museo en el Tigre, la música de la orquesta que lleva su nombre se fundirá con la voz de familiares, isleños y escritores en un abrazo que es, a la vez, íntimo y colectivo. 

En la ciudad de Buenos Aires, el teatro también se vuelve refugio: el viernes 8 de mayo, la Sala Payró (San Martín 766) se llevará adelante la última función de Las huellas de Haroldo, la puesta con dramaturgia y dirección de Alfredo Martín, en la que Marcelo Bucossi le pone el cuerpo a la ausencia y al rastro del escritor.

El mapa de los afectos también tendrá como sede su Chacabuco natal, donde el sábado 9 se desandarán los «caminos de Haroldo”, en un recorrido peatonal que busca su sombra en las veredas de la infancia. La peregrinación continuará el sábado 16 con una visita al Álamo Carolina, aquel árbol que dejó de ser solo madera para transformarse en literatura pura; y culminará el 29 con el estreno del segundo episodio de Rapsodia contiana, la apuesta audiovisual de Julio Druetta y Emiliano Torres.

Para celebrar los 101 años de Conti, es en el Delta donde la mística se vuelve rito vivo. Allí, la cofradía contiana de navegantes —esos personajes de carne y hueso que habitan las islas y se sienten parte de su obra— se reunirá el 25 de mayo en los Bajos del Temor. Bajo el mando de embarcaciones como la Bambina de Quelo Tresk, repetirán la ceremonia de lectura y navegación que emula aquellos cumpleaños isleños que Conti inmortalizó en sus cuentos. 

El calendario de homenajes volverá a abrirse en julio con el estreno de Haroldo en la luz en el Portón de Sánchez de la Ciudad de Buenos Aires. Protagonizada por Osmar Núñez y Lorena Szekely, la obra intenta atrapar no solo al militante, sino al hombre de río y al maestro que supo ver riesgo en la ternura y libertad en la palabra. Tiene dramaturgia y dirección de Paula Mujica Lainez.

Imagen ilustrativa de picada cultural

Esta semana nos llegaron dos novedades de Fondo de Cultura Económica. Por un lado, celebramos la reedición de Los dueños de la tierra, el clásico de David Viñas —amigo cercano de Conti, no está de más recordarlo—. Publicada en 1958, incluso antes de las investigaciones de Osvaldo Bayer, la novela reconstruye los preludios de la Patagonia Rebelde de 1921. Viñas pone la lupa sobre un triángulo histórico que aún sangra: propiedad, Estado y violencia. Es una obra necesaria para entender cómo la concentración de la tierra y del capital persiste hoy, bajo formas más sofisticadas pero igual de brutales.

También ya está en nuestras manos Bajo este cielo abierto: viajes, amor y revolución de Gerardo Pisarello. Diputado del Congreso de España y ex vicealcalde de Barcelona, aquí narra un viaje desde Buenos Aires hacia el norte argentino que emprendió junto a una pareja amiga –Mario Santucho y Natalia Fontana– luego de la muerte de su esposa. El texto transita en dos planos –el geográfico y el histórico– ya que es un viaje hacia el pasado familiar del autor –su padre fue un abogado defensor de los derechos humanos asesinado por la dictadura– y la genealogía de las luchas latinoamericanas. Pronto ahondaremos con una entrevista a Pisarello.

Esto fue todo por hoy. Hasta la semana próxima, saludos cordiales de este humilde redactor.

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