Argentina / 10 julio 2026

temperature icon 10°C
Edit Template
  • Cultura
  • /
  • Juan José Becerra: “Trump y Milei tienen en común la maldad y la idiotez”

Juan José Becerra: “Trump y Milei tienen en común la maldad y la idiotez”

El escritor acaba de publicar “Milei, fenómeno verbal. El político que se hizo a sí mismo hablando”, por la editorial Siglo XXI. En esta charla desgrana por qué considera que un panelista exaltado puede convertirse en un dirigente de la ultraderecha, cuáles son las características propias de su discurso y por qué considera que el modelo que lo propulsó –que va desde Donald Trump a Jair Bolsonaro— está en su ocaso.

Compartir:

Compartir:

Imagen ilustrativa de Juan José Becerra

“Estamos en una rueda donde todo gira de la misma forma: (el presidente Javier) Milei corresponde a un fenotipo que es un emergente de la misma época”, dice Juan José Becerra en el inicio de esta conversación con 4Palabras y para poner blanco sobre negro de qué trata su nuevo trabajo. El autor acaba de publicar Milei, fenómeno verbal. El político que se hizo a sí mismo hablando, por Siglo XXI Editores, un libro que se inscribe en la larga tradición de análisis entre el lenguaje y la política, en una entramado que, quizás, intenta ir un poco más allá de la anécdota que perdurará de estos años.

El autor, con clásicos como los ensayos Grasa (2007), La vaca. Viaje a la pampa carnívora (2007) o Fenómenos argentinos (2018) y las novelas Santo (1994), Atlántida (2001) y El espectáculo del tiempo (2015), se sumergió en los programas de televisión, los canales de streaming, las redes sociales, los discursos en los mítines, en los libros, en las arengas plagadas de insultos, de gritos, de blasfemias, de procacidad, de analogías sexuales, para desentrañar las afrentas que lleva, casi de manera cotidiana y superpuesta desde 2015, el actual presidente de la Argentina. La pregunta, sin dudas, que ronda el trabajo es: ¿Hay algo interesante para decir de alguien que no para de hablar?

El resultado es un trabajo que indaga, finalmente, desde la mirada y el oficio de la palabra, en el pequeño arco que lo llevó de panelista de televisión de cabotaje a transformarse en el máximo exponente de la ultraderecha, en un abanico que considera por qué un panelista exaltado puede convertirse en un dirigente del mundo, con una cuidada confusión teórica, un revoleo de números falsos pero convincentes, un malhumor constante y un hiperrealismo combinado con la fantasía de un país que no existe. Becerra se pregunta cuáles son las características propias de su discurso y por qué considera que el modelo que lo propulsó –que va desde Donald Trump a Jair Bolsonaro— está en su ocaso. 

 

¿Cuáles son las principales características del habla de Javier Milei? 

Quizás sea esa especie de hibridez en las que él mezcla, de un modo bastante natural, la jerga economicista de la que se entiende poco (por no decir que no se entiende nada) y el lenguaje corriente incluso de la intimidad. Eso produce un efecto de cercanía y, por lo tanto, de identificación con aquellas personas que simpatizan con él. También debe producir algún tipo de recelo con aquellos que tienen antipatía por su figura. Creo que la pega con esa frecuencia mixta donde “se siente” la cercanía del economista al que no le entendemos la jerga de la economía pero, en cambio, le entendemos la pasión con que lo expresa. 

 

En tu nuevo libro se menciona que Milei es un presidente sin ayuda de consultores, sin experiencia, sin territorio ni maniobras dentro de la denominada “rosca política”. En definitiva, que triunfó –por decirlo de algún modo— solo con palabras, ¿por qué?

Es un presidente que llega sin consultores, sin experiencia, sin territorio, porque lo único que tenía a mano como recurso, y no para considerarse un político si no una figura pública, es el lenguaje. Es la única herramienta con la que contaba para poder sostenerse en los escenarios de la discusión pública. Por supuesto también podemos decir que esos escenarios fueron lo que posibilitaron el despliegue de ese discurso verbal. Sin esos escenarios hubiera sido poco lo que podría hacer hecho en verdad. Pero en el fondo llega a ese escenario por vía de los parlamentos, irrestrictos, sin ningún tipo de contención. El escenario público, donde se discuten estas cosas, compra ese personaje, en primer lugar, como una excentricidad y, luego, supongo se comienza a ver –de un modo muy calculado— que eso congeniaba con los modos de hablar y de sentir indignados de cierto sector de la población y que, de algún modo, generaba demanda. O sea, ese personaje que apareció una vez y que era un excéntrico, podría haber entrado por una puerta y salido por la otra. Sin embargo, permaneció, simplemente porque una vez que estuvo ahí nadie quiso que saliera.

 

¿Cómo definirías, de manera breve, ese arco que lo llevó de panelista de televisión exaltado a uno de los exponentes de la ultraderecha a nivel mundial? ¿Qué lugar ocuparon las redes sociales, como la nueva plaza pública, en ese entramado? 

No me parece que haya mucha diferencia entre ser un líder de ultraderecha y un panelista exaltado. El factor común, que es la exaltación, es intercambiable. De hecho, si uno ve personajes más o menos parecidos a Milei, o el origen del que vienen, no hay mucha diferencia. Jair Bolsonaro, por ejemplo, es un exaltado. Donald Trump también e, incluso, empezó su carrera en la televisión. Me parece que ni siquiera se necesita un acto o un recorrido de ese proceso para que una cosa se convierta en otra. Una cosa es la otra. Las redes sociales, claro, son el abono de ese tipo de actividad pública. Porque las posibilidades de tolerar o simpatizar con esa exaltación es propia de las redes sociales: me parece que está todo mezclado. Por eso creo que de la misma forma que un panelista exaltado puede ser un líder de ultraderecha, no sé, una persona que utiliza las redes sociales también podría serlo del mismo modo y, si se lo propusiera, podría llegar incluso a ser presidente. Es una rueda donde todo gira de la misma forma y corresponde a un fenotipo que es un emergente de la misma época.

“Milei es una persona que nació para arder, no para durar. Si a eso le agregamos la combustión propia de la época que pide velocidad tenemos dos altísimos momentos: la de él mismo y la que le demanda la actualidad. Si uno se pone a pensar en cuánto tiempo se agota un político, creo que eso está pasando antes de lo que se agotaban los anteriores”, señala Juan José Becerra.

Esta semana, en una entrevista en Futurock, Alan Pauls conversaba con Julia Mengolini y mencionaba que Milei “es la destrucción del lenguaje o su reducción a la máxima expresión que es el insulto”, ¿qué pensás sobre esto? 

Estoy de acuerdo con lo que dice mi amigo Pauls porque es mucho más fácil, sobre todo para haraganes, refutar a Keynes que mandar a alguien a la concha de su madre. Ahí hay un proceso de abreviatura pero también de impaciencia y de impotencia. Porque si bien uno puede decir que las discusiones públicas se dan a una altísima velocidad y no hay tiempo para argumentarlas, también se podría decir –en el caso de Milei— que es la impotencia la que lo lleva a la exaltación y al insulto, además de reducir grandes teorías o grandes despliegues ideológicos a una palabra. Quizás ocurre porque contribuye al hecho un poco de cada cosa. 

 

¿Por qué considerás que ese estilo incorrecto, violento, beligerante, decisivo en su ascenso, parece haber ingresado finalmente en una fase de agotamiento?

Creo que Milei, por lo que vemos, entró en una fase de agotamiento. Él no se va a cansar nunca de sí mismo pero arrancó la fase del agotamiento de los demás. En primer lugar, porque el espectáculo que está dando es siempre el mismo, con el mismo repertorio, y es bastante cansador –incluso para sociedades pacientes—: ver siempre el mismo espectáculo donde el folclorista recite siempre la misma zamba agota. Por otro lado, por las características de su personalidad: es una persona que nació para arder, no para durar. Si a eso le agregamos la combustión propia de la época que pide velocidad tenemos dos altísimos momentos: la de él mismo y la que le demanda la actualidad. Si uno se pone a pensar en cuánto tiempo se agota un político, creo que eso está pasando antes de lo que se agotaban los anteriores: por ejemplo, pensemos en Mauricio Macri. El proceso de recambio de Macri, que es donde vemos la prueba del agotamiento, fue un poco más demorado. De hecho, se esperaba que fuera candidato a su reelección y no parece que fuera a pasar, ahora, con Milei. Me da la impresión de que no tiene mucho combustible en el tanque por las características propias del personaje. Él mismo se ha encargado de agotar su tanque.  

 

En ese sentido también creo que Milei le copia a Trump muchos de sus gestos y estilos en la comunicación política, ¿qué intuís que quedará, en el discurso, después de esta debacle de la conversación pública? ¿Será una versión nueva de la degradación que conocíamos hasta ahora? 

Trump y Milei tienen en común la maldad y la idiotez: son como los elementos casi excluyentes que se rebela en sus figuras. Eso está implantado, aunque hay que ver qué es lo que va a pasar en el futuro, porque la historia también tiene sus crisis de fe y lo que se impone hoy no quiere decir que persista mañana. Pero me da la sensación de que puede quedar algo y que sería interesante que sea lo bueno de ese tipo de actitudes radicales. No en el sentido en que ellos la proponen si no en un sentido quizás positivista. Si Trump y Milei hablan y se expresan de esa manera, de un modo extremista desde el punto de vista del lenguaje, es porque se agotaron los modos clásicos de hablar de la política, que eran bastante tediosos, donde además se pasaban ocultando, detrás de los buenos modales, las agachadas. Entonces así como Milei y Trump tienen agachadas, y por lo que vemos son muchas, quizás llegue el día en que el político sea realmente sincero, en la medida de sus posibilidades, porque hay que estar ahí en el poder para lograr hablar con sinceridad, para que conecten con la sociedad a través de un vínculo que no sea el cinismo. 

 

Pero el cinismo ¿no está asociado, de manera intrínseca, con ciertos aspectos de los discursos y de la política? 

El cinismo es doble: porque la sociedad también es cínica para demandar a sus políticos. Les achaca lo que no se reprocha a sí misma por actos similares. Quizás, en algún momento, si es que ocurre, tanto la sociedad como los políticos entablen un diálogo más o menos sincero, en la medida en que pueda sostenerse esa sinceridad entre partes. 

 

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: