Por qué los clubes grandes andan para atrás
Entre crisis futbolísticas, sospechas económicas y tramas políticas que cruzan a todas las identidades partidarias, los clubes grandes de la Argentina viven en estado de urgencia. Un recorrido por las trastiendas de River, Boca, Racing, Independiente y San Lorenzo en la era de la desesperación.
- agosto 4, 2026
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Es muy difícil saber exactamente por qué se toman determinadas decisiones en los círculos de poder de los clubes de fútbol, la cultura, la economía o la política. Es un saber incierto. Y no porque estén inventando la pólvora, sino porque estas decisiones se toman a veces en caliente, por bronca con alguien que no tenemos idea y, una que otra vez, por cuestiones deportivas, políticas, económicas y pocas veces sociales.
River Plate está último. Perdió 5 partidos seguidos. Hace más de un siglo que no le pasaba. Quedó fuera de la Copa Libertadores y —escuchate esta— tiene a 14 jugadores apartados del plantel profesional en un “container”. Sí. Por decisión de la dirigencia encabezada por Stéfano Di Carlo, estos players entrenan en otro predio y tienen como vestuario y baño un container de mercadería. Enojados los dirigentes con el rendimiento deportivo de estos muchachos, los enviaron a esta especie de “centro de detención de la Bahía de Guantánamo” (chiste). No los venden, vacían el plantel y, por otro lado, compran por millones de dólares a jugadores como Nicolás Otamendi, Ángel Correa y Thiago Almada.
¿Qué pasa después? Un equipo que quiere ir para adelante, pero no sabe bien cómo. Un técnico –Chacho Coudet– que aparenta que en cualquier momento es parte del container. Una hinchada enojadísima escalando contra la dirigencia. Ah, y vienen de demoler al hombre que se había transformado en estatua, símbolo e ídolo como el “Muñeco” Marcelo Gallardo.
El equipo de exestrellas de selección, chicos y demás juegan corridos por todo este escenario. Desesperados por hacer goles, ganar, sacarse el partido de encima y calmar a las plateas, al técnico, a los dirigentes y a los operadores que siguen sus órdenes. Quieren hacer el tercero antes que el primero y así, obviamente, no funciona la cosa. Parecen enchufados a 360.
A esto hay que agregar que agrandaron el estadio y construyeron otro en Ezeiza que no queda claro para qué. ¿Se trata de un entramado de intereses económicos y políticos que, como decíamos al principio, es muy difícil de desentrañar, o es la fiesta loca de los millonarios? Pronto lo sabremos.
Boca Juniors también navega los últimos puestos de la tabla de posiciones de la Liga Profesional y pasa raspando fases de la Copa Sudamericana ante rivales a los que en otras épocas les hubiese pasado el trapo. No le va como a River. Va zafando con lo justo por ahora. También compra miles de players que pocas veces juegan. Uno se entera de que llegaron y al mes no se sabe más nada de ellos. ¿Quizás Boca tenga su propio “container”?
Acierta con los de la selección argentina, como es el caso de Leandro Paredes, que despliega su jerarquía cada vez que puede, aunque también sufre un domingo de una tarde gris en Rosario frente a Newell’s y sobre todo con los pibes. El primer equipo aparece de golpe poblado de jugadores muy jóvenes que andan como una “máquina”, como Tomás Aranda, Leonel Flores, Dylan Gorosito.
Pero estos equipos monstruos del fútbol argentino van construyendo capas geológicas de jugadores en el plantel, que a veces juegan o nunca, pero siguen en el club. Y, por otro lado, la figura del presidente Juan Román Riquelme. Ídolo absoluto como futbolista, pero más compleja o dividida está su valoración como dirigente, a quien muchos asocian al peronismo/kirchnerismo/kicillofismo. La dimensión política es intrínseca al deporte, y al fútbol en particular, y repercute en cómo se juega también. De paso les recordamos que Mauricio Macri había anticipado que iba a ser primero presidente de Boca para después ser jefe de gobierno y, una vez ahí, llegar a la presidencia de la Nación.
Pero también se construyen capas geológicas de dirigentes de diferentes colores políticos a nivel club. Esto hace que no podamos identificar a un club con un determinado sector político. Puede que haya prevalencia, pero conviven en la misma institución peronistas, macristas, mileístas, kirchneristas y sigue la lista.
En Boca ahora el peronismo es el que prevalece, pero en una convivencia cruda con el macrismo. Eso lleva a la construcción de la imagen de monstruo que crearon los medios de comunicación sobre Riquelme por intereses políticos y económicos, más allá de que su personalidad no sea la más cómoda para el mainstream. Lo cierto es que los pibes y alguna de Paredes le vienen por ahora salvando las papas en lo futbolístico. A veces caen en la trampa de apostar más a la segunda pelota que a la primera, pero hay que ver cómo continúa sosteniendo esta fina maquinaria. Él hace lo que puede en medio de tironeos políticos, económicos y, por qué no, decisiones personales al menos apresuradas. Pronto lo sabremos.
Todos corridos por la desesperación de ganar o llegar a fin de mes, los grandes del fútbol pasan por la era del “se juega como se vive”, como decía César Luis Menotti. A veces acertando y otras errando. Prevalece lo físico, el empuje y la pierna fuerte, salvo excepciones. Nunca la gambeta. Correr y correr y reventarla antes que pararla, pensar un segundo y dársela a un compañero. Hay equipos grandes que salen a jugar y no tienen circuito de juego. Se derrama en las tribunas que aplauden una falta antes que un taco. También los hinchas están corridos por la desesperación de ganar un partido o llegar a fin de mes.
Racing venía bien. Ganando campeonatos en la última década, cosa que no le ocurría antes. Con una dirigencia respetada, que gestionaba el éxito deportivo a nivel nacional y también internacional. Víctor Blanco llevó de esta manera el club por once años donde peleó y ganó torneos, con planteles cargados de jugadores de las inferiores y otros de renombre que lograban objetivos. Esto parece haberse roto luego de las últimas elecciones y con la llegada al poder de Diego Milito, acompañado por el economista Hernán Lacunza, exministro de Economía del macrismo. Acá podemos observar un giro en la gestión: más ligada al peronismo con Blanco, a otra muy cerca del expresidente Mauricio Macri con Milito. Diego, también súper ídolo como jugador, comienza a enfrentar un camino sinuoso en lo deportivo e institucional. Dejó prácticamente en la calle al “hombre Racing”, Gustavo Costas, que venía siendo el entrenador del que nadie duda de su porcentaje de racinguismo en sangre desde que era alcanzapelotas en 1966.
Lo cierto es que la pelotita ahora no entra en el arco rival como antes. Se comen dos de local en el primer tiempo contra Tigre. También apuestan a la segunda pelota y hasta a la tercera. Literalmente tirarla a la tribuna, donde se empiezan a mirar y después a putear a algún jugador, al otro partido al técnico y después ya se escala con la dirigencia.
Con los resultados actuales, navega en la mitad de la tabla. Un poco a los tumbos. Suma 25 unidades en el acumulado anual y se encuentra fuera de los puestos de clasificación a la Copa Libertadores y la Sudamericana, lo que seguro le va a generar quilombo a Milito. Por el prestigio de jugar y por la papela que entra.
Desmantelan casi por completo el equipo de un torneo a otro, con pocas incorporaciones y derrotas que suelen llamar la atención del público desprevenido. Parece un equipo en transición a la caída. Los pibes en la cancha también corren detrás de las urgencias. No piensan. No hay tiempo ni lugar para pensar y crear. Debemos recordar que hace unas décadas se fue a la quiebra y tuvo un gerenciamiento privado.
Independiente parece eludir un poco esta situación en base a que la pelotita en este caso está entrando. Tiene un buen entrenador como es Gustavo Quinteros, a pesar de que también le cambian el repertorio en el vestuario cada vez que se cierra un torneo. Con la presidencia de Néstor Grindetti, que asumió la conducción en 2023 luego de haber ejercido de manera interina tras la imprevista renuncia del “periodista” Fabián Doman. Grindetti es el mismo que se desempeñó como jefe de gabinete de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tras ser intendente de la localidad bonaerense de Lanús, entre otros cargos.
Su vicepresidente primero es Carlos Montaña, histórico funcionario kirchnerista que supo ocupar secretarías en el edificio de 9 de Julio 1925; quedó como vice 1.° y el vicepresidente 2.° está vacante como el Quini 6. Mientras tanto, también recambia jugadores y tampoco se sabe adónde va la plata, pero el equipo juega un poco más suelto. Se da un ratito para pensar qué hacer con la pelota. Con eso saca diferencia y va primero en su zona. Parece tener más aire como para que el nueve, Gabriel Ávalos, pueda dormirse una siesta en algunos partidos.
Por último, San Lorenzo de Almagro. Ese “interminable sobresalto”, esa “carga que se arrastra en la vida con tanto desconcierto y orgullo como la de ser argentino”, según palabras del inabarcable Osvaldo Soriano. En las últimas décadas tiene un devenir de gloria, caída, letargo, tragedia y saqueo tanto en lo deportivo como en lo económico y político. Lleva más de diez años sin salir campeón. Acá la pelotita sí que no entra. Los equipos y los técnicos pasan tan rápido que ni siquiera a veces hay tiempo de recordarlos. Se debe recurrir a buscadores o a IA para saber quiénes formaron parte del equipo de San Lorenzo de 2022, por ejemplo.
Un poco la llegada de Rubén Darío Insúa le había devuelto ciertos resultados y la recuperación del sanlorencismo, pero terminó mal y se fue resquebrajando de a poco otra vez. Entre las presidencias del conductor de TV Marcelo Tinelli y el empresario y exministro albertista Matías Lammens, cargadas de promesas de torneos, estadios nuevos y vueltas a Boedo no cumplidas, se hizo que el socio se sintiera lastimado y terminó con Marcelo Moretti como presidente por unos días, quien protagonizó calamidades de todo tipo. Ahora, para cumplir su mandato, hubo una triste elección en la que votaron muy pocos y ganó Marcelo Culotta, que combina una extensa militancia vecinal con un armado respaldado por sectores específicos de La Libertad Avanza (LLA) que logró derrotar al candidato del oficialismo local apoyado por el PRO, Sergio Costantino.
Sus equipos siguen detrás o delante de esta desesperación por ganar un partido. Recién la semana pasada ganaron uno después de tres meses. Van y vienen jugadores, enloquecidos por hacer goles sin saber muy bien de qué forma. Saben el porqué: para sobrevivir y calmar un poco a la creativa hinchada, hastiada de tanto pesar y putear, y al desfile de dirigentes y técnicos. Al igual que en Independiente o Racing, Boca y River, hay que hacer un trabajo de investigación para conocer a los once que van a salir a la cancha el lunes a la noche o el martes a la tarde. Porque además van perdiendo prestigio con el paso del tiempo y la debacle.
Todos corridos por la desesperación de ganar o llegar a fin de mes, los grandes del fútbol pasan por la era del “se juega como se vive”, como decía César Luis Menotti, a veces acertando y otras errando. Salvo las excepciones que contamos, prevalece lo físico, el empuje y la pierna fuerte. Nunca la gambeta. Correr y correr y reventarla antes que pararla, pensar un segundo y dársela a un compañero. Hay equipos grandes que salen a jugar y no tienen circuito de juego. Llega uno y a los dos días juega. Se derrama en las tribunas que aplauden una falta antes que un taco. También los hinchas están todos corridos por la desesperación de ganar un partido o llegar a fin de mes.
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