Zaffaroni: “La ley penal juvenil no responde a ninguna necesidad”
El exjuez de la Corte Suprema advierte que la baja de la edad de imputabilidad impulsada por el Gobierno ignora la psicología evolutiva y carece de un diagnóstico real sobre el delito adolescente. "Es una molestia para la policía, no una crisis de seguridad", afirma.
Por Manuel Barrientos, Washington Uranga y Martina Dentella
- julio 13, 2026
- Lectura: 3 minutos
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En septiembre comenzará a regir la reforma de la ley penal juvenil impulsada por Javier Milei y Patricia Bullrich sin que medie un profundo debate sobre la eficacia, las violaciones a los derechos humanos en el sistema penal vigente, ni las condiciones de los espacios de encierro. Desde su casa en Flores y como parte de un extenso diálogo con 4Palabras, el exjuez de la Corte Suprema, Eugenio Raúl Zaffaroni, advierte que no existe cuadro de situación sobre delitos cometidos por adolescentes, que durante la dictadura se intentó y a los pocos años se dio marcha atrás porque el país no cuenta con infraestructura para contenerlos, y que la ley no puede ignorar la psicología evolutiva. En esta última entrega de tres, uno de los juristas más distinguidos internacionalmente y más cuestionado puertas adentro de su país dice que baja de edad de imputabilidad “fácticamente no responde a ninguna necesidad”.
El jurista sostiene que “siempre que hubo algún brote autoritario sale el asunto de la ley penal juvenil”. Y argumenta: “Desde que yo soy chico eventualmente se dice que el problema es la delincuencia infantil, pero la incidencia que tenemos en menores de hasta 16 años en delitos graves, en homicidios, es completamente despreciable”.
Al respecto, asegura que en la Ciudad de Buenos Aires a veces hay un homicidio por año perpetrado por un menor, a veces hay dos y a veces no hay ninguno. “El delito del pibe de 15 años en general es un delito de hurto, o puede ser alguna distribución de marihuana o algo por el estilo, que le resulta muy molesto a la policía, pero nada más”.
“Siempre que hubo algún brote autoritario sale el asunto de la ley penal juvenil”, sostiene Zaffaroni.
Tampoco existe, aclara, una crisis de seguridad en el sentido de peligro de vida. El homicidio viene bajando en el país, sobre todo en la Ciudad de Buenos Aires, donde bajó a la mitad en poco más de una década. Pero, advierte, “tenemos tan poco interés en prevenir nada que ni siquiera hay un estudio de esas cosas. Mal podés prevenir algo si no tenés el cuadro de situación de lo que pasa”.
El problema de bajar la edad de imputabilidad, explica el exmagistrado, es operativo: “No sé qué van a hacer los jueces de menores, existe un serio problema con dónde los metés. No los podés meter en la cárcel de adultos, obvio. No hay lugar”. Pero ese problema no es nuevo. Menciona la ley 22.278, sancionada en 1980 por Videla, que bajó la edad de imputabilidad a 14 años y luego la dictadura misma tuvo que dar marcha atrás en 1983, “justamente porque no había dónde meterlos”.
También recuerda su propia experiencia en los juzgados “cuando se armó el lío porque empecé a soltar a los pibes con el porro. Venían con un porro procesados. Entonces planteé que la tenencia era inconstitucional. Ahora va a pasar más o menos lo mismo. Quizás pase alguna barbaridad en el medio que genere algún escándalo. Fácticamente eso no responde a ninguna necesidad. Sí responde a alguna molestia que le causa a la policía, no otra cosa”.
Consultado sobre la presentación hecha por la Comisión Provincial por la Memoria y Adolfo Pérez Esquivel en la que se sostiene la inconstitucionalidad de la ley penal juvenil, Zaffaroni adhiere: es inconstitucional.
Para el especialista, existe un argumento central que desarma la postura oficialista:
–Dicen que “el pibe sabe que eso que está haciendo es ilícito”. Sí, lo sabe. Porque a partir de los 13 años más o menos tenemos ya instaladas todas las neuronas que van a empezar a deteriorarse hasta llegar al estado que yo tengo. De modo que inteligencia tiene. Lo que no tiene es madurez emocional. Si yo a los 14 años le tiraba una tiza a un compañero en la escuela, el otro me lo podría festejar, el celador me pondría amonestaciones. Pero si hoy en la reunión de la facultad le tiro una tiza al rector, llaman a mi familia: ‘Pobre, vengan a llevárselo’. Porque se supone que a los 14 años no tenés la madurez emocional que tenés después. Ese es el problema.
Entonces, el reproche penal, el reproche de culpabilidad, el que se le hace a un sujeto por la autonomía que tiene, por haber usado mal su libertad, “no puede ser el mismo para un pibe, un adolescente, que para un adulto, desde el punto de vista de la madurez emocional no es lo mismo”. Pero además, insiste, la ley no puede ignorar la psicología evolutiva y “uno llega más o menos a su madurez a los dieciocho años o por ahí”.
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