Volvió a caer la actividad y el “modo serrucho” frena las expectativas
El estimador de la actividad económica del INDEC retrocedió 1,5% mensual en abril y reconfirmó la inestabilidad. Se consolida el modelo extractivista: el agro y la minería sostienen el acumulado del cuatrimestre en terreno positivo. Pero el desplome del consumo, la industria y el comercio retail enfría las expectativas de recuperación para este año.
- junio 30, 2026
- Lectura: 3 minutos
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La economía argentina parece no encontrar un rumbo de estabilidad lineal y vuelve a exhibir la intermitencia que la caracterizó en el último tiempo. Durante abril, la actividad económica sufrió un tropiezo al registrar una caída del 1,5% en términos desestacionalizados respecto a marzo, según los datos oficiales publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
De esta manera, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) interrumpió de forma abrupta el repunte que había mostrado en el tercer mes del año, cuando se había expandido un 3,5%. Este vaivén mensual, técnicamente denominado por los analistas como un “modo serrucho”, expone las dificultades del sistema productivo para consolidar una senda de recuperación sostenida en el tiempo, al punto de que el indicador oficial no logra encadenar dos meses consecutivos de crecimiento formal desde el bimestre comprendido entre agosto y septiembre de 2025.
A pesar de este marcado freno en la comparación mensual, el balance general del primer cuatrimestre del año logra sostenerse en terreno positivo debido a la inercia de los meses previos. En la comparación interanual, el estimador oficial arrojó una suba del 1,6% respecto al mismo mes del año anterior, una cifra que evidencia una desaceleración pronunciada si se la compara con el incremento del 5,5% anualizado que se había registrado en marzo.
Al evaluar el desempeño acumulado entre enero y abril, la actividad económica de nuestro país muestra una expansión del 2,1% frente al primer cuatrimestre del año anterior. Sin embargo, diversos analistas del sector privado advierten que este resultado favorable se debe en gran medida al arrastre estadístico positivo que dejó el fuerte avance del segundo semestre del año pasado, especialmente apuntalado por el desempeño de diciembre.
La realidad detrás de los números globales revela una profunda disparidad entre los diferentes sectores productivos, marcando una brecha cada vez más nítida entre los rubros vinculados a la exportación de recursos naturales y aquellos que dependen exclusivamente del consumo doméstico. La reactivación estuvo traccionada de manera casi exclusiva por la explotación de minas y canteras, impulsada por el petróleo y la minería con un alza del 17,1%, y por el fuerte aporte del sector de agricultura, ganadería, caza y silvicultura, que avanzó un 10,9%. Juntos, el campo y la energía le aportaron casi dos puntos porcentuales de crecimiento al índice general.
En una escala menor de mejoras también se ubicaron los servicios públicos de electricidad, gas y agua, el sector de la intermediación financiera, el rubro de transporte y comunicaciones, el cobro de impuestos netos de subsidios y los servicios sociales y de salud, mientras que el sector hotelero y gastronómico se mantuvo totalmente estancado y sin variaciones.
La realidad detrás de los números globales revela una profunda disparidad entre los diferentes sectores productivos, marcando una brecha cada vez más nítida entre los rubros vinculados a la exportación de recursos naturales y aquellos que dependen exclusivamente del consumo doméstico.
En la otra vereda, la recesión golpea con dureza a las ramas ligadas a la mano de obra intensiva y al mercado interno, configurando el principal factor de arrastre negativo para la economía general. El desplome más severo lo sufrió la actividad pesquera con una contracción cercana al treinta por ciento, seguida de cerca por el retroceso de la industria manufacturera y el comercio mayorista y minorista. A estas caídas se sumaron las contracciones en los sectores de la construcción, los servicios comunitarios y sociales, la administración pública y defensa, y en proporciones menores las actividades inmobiliarias y la enseñanza. Esta debilidad generalizada del entramado urbano fabril y comercial restó casi un punto porcentual completo a la medición del organismo oficial, dejando en claro que la demanda interna sigue muy deprimida, con un consumo general que retrocede a un ritmo constante del 3% y una inversión productiva que se hunde un 12%.
Consultoras privadas advierten que el potencial efecto derrame de los sectores ganadores hacia el resto de las actividades urbanas e industriales será sumamente limitado a corto plazo. Si bien existe una menor volatilidad macroeconómica apalancada en la estabilidad cambiaria, el nivel actual del tipo de cambio tiende a reducir de forma drástica los márgenes de ganancia de aquellas industrias que emplean mayor cantidad de personal.
Bajo este escenario, los especialistas sostienen que ni el incipiente impulso del crédito bancario por la baja de tasas de interés, ni la muy leve recuperación de los salarios reales por la desaceleración inflacionaria, alcanzarán para revertir la tendencia por sí solos, lo que proyecta un crecimiento total de la economía nacional por debajo del 3% para el cierre del año.
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