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El mapa de la final: táctica, herencia de baby fútbol y la pasión latente

La selección argentina llega a una nueva final de una Copa del Mundo impulsada por su rebeldía y una potencia implacable en los momentos límite. Frente a la España de la posesión y el libreto europeo, la Scaloneta se apoya en su fuego sagrado, sus piezas clave y esa pasión irracional que se transmite de generación en generación.

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¿Cómo se imaginan otra final del mundo? ¿Luchada, peleada, con el equipo tirado atrás esperando una contra? ¿O dominando el juego con pases precisos, cortos y largos para la llegada al vacío de algún volante o delantero? ¿O será que la progresión del juego los lleve, que las transiciones entre las líneas y el adelantamiento en base a pases entre líneas encuentren los huecos para filtrar los balones y poner de cara al arco a los delanteros? También puede que hagan la dormilona ambos equipos, buscando que el juego mismo los lleve al arco rival en superioridad numérica y posicional. 

Lo que es claro es que hay una sola pelota. Los dos no la van a poder tener.

¿Cómo llegamos? A pura épica, coraje, rebeldía dentro de la cancha y una o dos marchas más que las demás selecciones que se enfrentaron. A diferencia del Mundial 2022, donde la selección arrancaba dominando el juego, ganando y después padecía la dificultad para sostener el resultado —y otras veces sufriendo empates y yendo a penales, como contra Holanda y Francia—, esta vez es totalmente al revés.

Salvo la primera fase, con un Lionel Messi fuera de lugar y tiempo, donde alcanzó con sus goles y su magia para ganar todo, en las series definitorias el equipo arrancó sin poder dominar la pelota, perdiendo juego y fluidez en ataque, contención y tenencia, pero desatando una fuerza, una potencia implacable y de alta efectividad pocas veces vista en un mundial.

Y está la pasión, chicos y chicas. Porque ustedes, ¿vieron a alguno de los otros equipos festejar, llorar, reír, agarrarse los huevos y quedar literalmente desarmados o rotos en el suelo al final de cada partido como lo hacen los jugadores argentinos? Yo no. Eso también se aprende desde muy pequeño en los clubes de baby fútbol y en las casas. Y se transmite de generación en generación.

Porque tiene un plus, fuego sagrado, una marcha más o como lo queramos llamar, que hace que el equipo se desate al verse en desventaja. Una fuerza, una velocidad y una inteligencia colectiva que estuvieron latentes en el partido y que ante la adversidad se despiertan como un volcán.

Porque, según las propias palabras del técnico, “son chicos que van para adelante, no piensan en que se quedan afuera, sino que juegan al fútbol, no tienen miedo, no les pesa la responsabilidad y eso lo aprendieron muy de chicos en cada uno de los clubes donde jugaron”.

Quizás esas palabras de Lionel Scaloni nos den un poco de claridad a la hora de contar por qué Argentina está una vez más en una final del mundo. Sospecho que hay una cosa más. En ese momento tan especial que se viene dando en los últimos minutos de los partidos definitorios, está presente la palabra y la estrategia del entrenador, los cambios que generó en el último partido con Inglaterra, pero también está el debate y la discusión, como ocurrió con la charla del cooling break con Leandro Paredes.

Y está la pasión, chicos y chicas. Porque ustedes, ¿vieron a alguno de los otros equipos festejar, llorar, reír, agarrarse los huevos y quedar literalmente desarmados o rotos en el suelo al final de cada partido como lo hacen los jugadores argentinos? Yo no. Eso también se aprende desde muy pequeño en los clubes de baby fútbol y en las casas. Y se transmite de generación en generación.

Entonces se combinan dosis de planificación, táctica y estrategia con juego, toque, gambeta, caño y pasión irracional, lo que se convierte en una masa energética que pone su punto de atracción en determinado momento en el arco de enfrente y no para de fluir de forma efervescente hasta conseguir la victoria.

Y así van, con tropezones, corazones explotados, risas y llantos. El Dibu Martínez, que en los últimos partidos demostró algo de lo que tiene para dar, hasta acá, la verdad es que tuvo un mundial tranquilo. Se debe haber suturado su herida del dedo. Los centrales Cuti Romero y Lisandro Martínez, que están fuertes, marcan, se asocian y se adelantan para hilvanar jugadas en ataque. Contra Inglaterra hasta tiró un pie a pie Romero. Cuando entra Nicolás Otamendi, parece que va a la guerra.

A Nicolás Tagliafico se lo ve cada vez más sólido. Recuperado de la lesión y muy firme en la marca, quizá falta que llegue un poco más en ataque. Por la derecha la cosa sigue floja. Nahuel Molina no hace pie y Gonzalo Montiel ojalá pueda repetir y estirar en el tiempo la entrada que tuvo en el último partido.

El medio, que era el bloque con más dudas y dificultades cuando empezó el torneo, comenzó a recuperarse. Alexis Mac Allister está jugando en diferentes posiciones en un mismo partido, cumpliendo, marcando y llegando a posición de gol; y Enzo Fernández parece haber recuperado la memoria futbolística del 2022.

Leandro Paredes se transformó en el futbolista más inteligente y con mejor visión del juego de todo el equipo, aunque en lo físico se lo nota tocado. Cumple también diferentes funciones y planes según conversa con Scaloni.

Y Rodrigo De Paul, el amigo incondicional de Lionel Messi, necesita acelerar el ritmo, conectarse con los otros del medio y estar cerca de Lionel. Ser motor y rueda de auxilio del 10. Ir de una banda a la otra. Con los ingleses algo de eso mostró.

Messi ya lo hizo todo, pero sabemos que va a seguir haciendo más. Tiene la gran oportunidad de volver a ser campeón, goleador de la Copa del Mundo y contarle en la cancha a los españoles por qué esperó el llamado de la selección argentina de chico y no se dejó tentar por las promesas españolas. Creo que es una linda oportunidad para explicarles con la pelota, en un mano a mano de una final de mundial, sus razones.

El chico este, Julián Álvarez, ya vimos que juega de cualquier cosa y lo hace bien, que corre adentro de la cancha como nadie, que tiene un sentido de la ubicación extraordinario y una potencia física espectacular. Yo quiero uno o dos goles más. Eso le falta completar. Lleva el 9 en la espalda.

Lo mismo para Lautaro Martínez. Potencia goleadora, ganas y una mirada que da miedo no le faltan. Sí debe seguir ajustando la mira y hacerse de los espacios para definir con lo que sea, la cabeza o el derechazo que rompe redes. Se necesita otro Gabriel Omar Batistuta, se tiene que animar.

Lionel Scaloni apostó por el grupo antes que por el recambio que no supo o no pudo encontrar. Dicen que lo dijo y que, es más, fue un pedido de los propios jugadores priorizar al grupo del ’22 y no hacer más cambios. De esta forma también se entienden errores y virtudes.

 

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