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Las inútiles: El universo barroco, musical y monstruoso de Nubia Bado

A partir de su reciente novela "Las inútiles", la escritora y música Nubia Bado indaga en los mandatos sociales, el humor políticamente incorrecto y la belleza de lo monstruoso.

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“Teníamos 15 años y todavía no sabíamos hacer nada”, así arranca Las Inútiles, el libro de Nubia Bado, que ganó la primera mención del Premio Futurock de Novela. Encontrar una gracia para justificar la existencia es un mandato de un mundo quebrado e hiper productivo, sobre todo para las mujeres. Nubia Bado cree que todas las personas, en algún momento, han tenido este pensamiento. Por eso se interesó, entre otras cosas, en construir un universo absolutamente femenino, donde los hombres no tienen línea de diálogo, ni voz ni peso, pero donde las mujeres poderosas siguen reproduciendo estereotipos de los que parecen no terminar de liberarse. 

Pero a veces, la inutilidad no es real. Y este es el caso. Las protagonistas, Alicia y Elisa, hermanas siamesas, son consideradas inútiles por las mujeres que las rodean, y eso cala tan hondo, que ellas se nombran a sí mismas de esa forma. “El sistema de hiperproductividad constante hace creer a todo el mundo que es un inútil. Todos, en algún punto, sentimos que tenemos que producir, hacer y llegar a la perfección bajo mandatos muy fuertes”, dice Bado en diálogo con 4Palabras

En la novela, lo monstruoso se vincula con lo exótico y lo distinto. A Alicia y Elisa su madre y una corte extravagante y bizarra las han convencido de no servir para nada. Esta búsqueda estética no es nueva; data desde su primer libro, Criaturas, publicado por la editorial Odelia. Bado se ve rodeada de una especie de obsesión con poder reconocer algo de belleza en personajes que tienen oscuridad, o que poseen algo monstruoso y fuera de lo normal.

Los personajes de Las inútiles se mueven en un universo estrechamente ligado al arte. La autora también es música —flautadulcista— y encuentra en la atmósfera de los conservatorios y de la música académica referentes artísticos y culturales que aparecen en la obra súper caricaturizados. Reconoce allí a mujeres que, con todas sus contradicciones, son para Bado un lugar de inspiración.

Este universo barroco y fantástico se despliega en grandes momentos musicales, con ópera y escenas en el Teatro Colón, pero también a través de ritos y músicas de raíz popular o folclórica de diferentes lugares del mundo. Hay sonoridades sagradas y antiguas que la autora confiesa ni siquiera saber cómo suenan. 

Hay, claro, cierto registro ocampista, pero la oligarquía de Las inútiles es una oligarquía desquiciada, ordinaria e impúdica. Fantástica. A Bado le interesaba mostrar esas contradicciones porque, de repente, “hay personajes que pareciera que pertenecen a las altas esferas o que son personas de familias patricias, pero al mismo tiempo se pone en juego una crítica hacia todo eso. No se termina de saber de qué lado están, o quizás estas señoras están de los dos lados”. La apuesta, que funciona con eficacia, era jugar a atravesar todos esos mundos sin quedarse detenido en ninguno.

También apela al uso del humor, en el sentido de habilitar a reírse de cosas que son políticamente incorrectas. Bado dice que cuando escribe necesita divertirse, pasarla bien. También le gusta saber que eso le pasa a los que leen. “Creo que el humor puede surgir en cualquier lugar, incluso en lo que es más tabú. Nos podemos reír prácticamente de cualquier cosa, siempre y cuando haya una conciencia también de qué es esto que estamos haciendo. Sin caer en cuestiones éticas o morales, porque la literatura excede a todo eso. El humor es un excelente recurso para decir cosas que de otra manera pueden ser mucho más complejo, incluso muy doloroso, y a veces hasta innecesario de contar, pero que a través del humor se ablandan y cambian su forma, y se pueden digerir de una mejor manera”, dice. 

 

Es una escritora versátil y fructífera. Aunque los procesos de escritura de un cuento y una novela no son los mismos, la escritora trabaja con comodidad en ambos registros. No es la primera vez que escribe una novela, aunque sí es la primera vez que la publica. Tiene decenas de proyectos -ejercicios de escritura- que aún no vieron la luz, pero que encontrarán su momento.

 

Con Las inútiles, enseguida se dio cuenta que iba a ser una novela “porque estaba muy entusiasmada”. Trabajó en el taller de escritura de Félix Bruzzone en el que, de forma asincrónica, había un grupo de compañeros con los que se leían cada semana y donde, cada uno con un proyecto bien diferente se hacían devoluciones, comentarios. “Sabés que tenés que escribir o subir algo para ese día y que hay gente que lo está esperando y que lo va a leer”, cuenta. 

 

Sus dos libros fueron presentados en concursos. Los dos ganaron y obtuvieron menciones. “A mí los concursos me sirven mucho para darle un cierre a una obra que si no quizás queda abierta. O la sigo escribiendo. Es una excusa. Después, ganar, salir premiado, es un plus maravilloso”, cierra.

4Palabras

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