Argentina / 21 julio 2026

temperature icon 10°C
Edit Template
  • Inicio
  • /
  • Deportes
  • /
  • Subcampeones del mundo: un dolor de pie, con raíces que no se rompen

Subcampeones del mundo: un dolor de pie, con raíces que no se rompen

En un país roto y desigual, la pelota genera complicidades únicas y forja campeones desde el barro. España se quedó con la copa, pero la identidad de nuestra potencia deportiva sigue intacta.

Compartir:

Compartir:

6P7JOMPTYVAJ7PHS2UAFU4X5NM

Ya sabemos que esta es la crónica de un partido que nadie quiere escribir. Pero hay que bancarse el momento, tragar saliva, respirar hondo, buscar en el cielo a algún ser querido que ya no está con nosotros y abrazarse fuerte con los más chiquitos, con los que nos van a dar otra ilusión. Puede que pase tiempo para volver a vivir esta sensación única de jugar una final del mundo, pero va a llegar de nuevo porque hay una herramienta deportiva, social y cultural que pocos países en el mundo tienen.

Sabemos que en el partido le salió todo mal al equipo argentino. Parecía un fantasma de lo que fue en otros encuentros. Nunca estuvo en partido. Los volantes corrieron siempre a destiempo y a contrapierna, presionaban mal. Los defensores eran desbordados por los costados y no podían parar a los delanteros que llegaban por las bandas y por el medio.

España dominó el juego desde que empezó el partido. No tuvo tantas llegadas en el primer tiempo, pero en el segundo fue como un vendaval. Argentina no podía siquiera hilvanar un avance, menos una llegada, y menos aún un tiro al arco.

También vimos cómo se fueron lesionando jugadores como Lisandro Martínez y el Cuti Romero, producto del cansancio acumulado, de haber llegado mal físicamente al Mundial y de correr de atrás al rival todo el tiempo, cosa que te vuelve loco.

Otros salieron del juego por muy mal rendimiento, como Rodrigo De Paul, y los que fueron entrando de recambio en España lo pusieron peor. No paraban de llegar y el Dibu Martínez se multiplicaba para mantener el arco en cero. Casi al final del partido, Enzo Fernández fue expulsado por doble amarilla y ahí la cosa se puso insostenible.

También vimos que se forzó ir al tiempo suplementario y en la primera parte siguió el monólogo de España yendo por todos lados, jugando a voluntad, con Argentina refugiada en el fondo y Lionel Messi totalmente desconectado de todo. No tuvo ni una.

Y ya sabemos que el técnico Lionel Scaloni no acertó una. Debe haber sido una de sus peores tardes. Y al minuto del segundo tiempo suplementario no pudieron cortar un centro largo que bajó Nico Williams para la entrada de Ferrán Torres, que puso el 1 a 0 final. Argentina intentó ir ya casi con nueve, porque Nicolás Tagliafico siguió en cancha lesionado, y España esperó el final.

Cuesta, es duro y suena feo, pero fue la peor final del mundo que jugó un equipo argentino. Pero es subcampeón del mundo. Y venía de ser campeón del mundo. Y bicampeón de América. Una epopeya histórica difícil de igualar. Eso sabemos que tampoco hay que olvidar.

Pero mañana todo empieza de nuevo porque hay una dinámica, una maquinaria deportiva, social y cultural que no se detiene; porque los pibes que juegan en las infantiles, en las inferiores, están tristes, pero van a ir a entrenar y sus técnicos van a seguir enseñando y dando indicaciones para que mejoren todos los días un poquito.

Porque a veces no se trata solo de jugar bien al fútbol: hay que estar al lado, acompañar, aconsejar cuando se puede, hablar, ayudar y dar todo lo posible, en la cancha y sobre todo afuera. Para crear mejores jugadores y mejores personas.

Argentina tiene esa extraña realidad de forjar jugadores como Diego Maradona y Lionel Messi. Y uno a veces se pregunta: ¿cómo es que pasa esto acá? No somos una potencia mundial en lo económico, pero sí en el fútbol.

Tenemos un país roto, profundamente desigual. Con personas que se vuelven multimillonarias y gente que duerme en la calle. No es el único país del mundo donde ocurre, pero es acá donde nos duele.

Y en ese contexto es donde se forjan estos jugadores. Porque en el fútbol se generan ciertas complicidades, encuentros, convicciones y determinaciones grupales que en otros ámbitos de la vida política, económica, social y cultural no se dan; simplemente no se dan.

Mañana empieza todo de nuevo: algunos más tristes, otros con bronca y otros con la misma alegría de siempre. Pero la máquina de campeones y subcampeones del mundo no se detiene por nada.

Por supuesto que en el fútbol también se reproducen las desigualdades a nivel nacional, regional e internacional, pero somos potencia. Sacamos una cantidad de jugadores talentosos que otros países no logran. Y somos hinchas de fútbol como nadie en el mundo.

¿Y cómo se hace eso? Todos los días se construye un jugador de fútbol. En el club del barrio, en la plaza, en los recreos de la escuela, en la canchita, en la vereda, en el patio, en el fondo de la casa o en la terraza. Con convicción, con determinación, con inteligencia, con ímpetu, con abrazos, con risas, con cargadas, con palmadas en el hombro cuando hace falta, con enojos, rabietas, berrinches y lágrimas también, ¿cómo que no?

Es una máquina de fútbol que está en funcionamiento todo el tiempo, con sus altibajos, con sus golpes, con triunfos y derrotas, con lesiones y campeonatos, con frustraciones y alegrías, pero es una dinámica deportiva, social y cultural que a nadie se le ocurre por un segundo detener.

Y con una solidaridad muy particular que se da en este ámbito. Con padres, madres, hermanos, tíos, tías, abuelos, abuelas, amigos, amigas que siempre dan una mano. Que cuando uno no puede llevar al hijo al entrenamiento o a un partido, aparece alguien del grupo y enseguida dice: “Yo te lo llevo”.

Eso se replica miles de veces durante todas las semanas del año, desde hace décadas, en las divisiones infantiles, en las inferiores, en el baby fútbol, en el futsal y el fútbol de 11. Una dimensión que merece ser vivida y reconocida. Forjadora de jugadores y de hinchas, única en el mundo.

Porque de ahí, de parte de esa maquinaria que se extiende por todo el país, salieron todos los jugadores que estuvieron en todos los mundiales. En este, en el del 26, salvo el caso extraño de este chico Nico Paz, que nació en España y se formó en el San Juan de Tenerife. Lo demás es sencillo, escuchá:

El Dibu Martínez empezó en Atlético General Urquiza de Mar del Plata; Gerónimo Rulli, en el Club Ateneo Popular de La Plata; Juan Musso salió del Club Regatas, de la ciudad de San Nicolás. Cristian Romero, del Club San Lorenzo de Las Flores, en Córdoba.

Enzo Fernández empezó en el Club La Recova de Villa Libertad, en San Martín; Julián Álvarez empezó en el Club Atlético Calchín de Córdoba; Nicolás Otamendi salió a la cancha del Club Villa Real de Villa Luro.

Marcos Senesi empezó en el Club Salones de la ciudad entrerriana de Concordia. Nahuel Molina, del Club Náutico Fitz Simón de Córdoba; Gonzalo Montiel, del Club “El Tala” de González Catán. Facundo Medina se inició en el Club “El Rayo” de Villa Fiorito, la tierra del 10.

Leandro Paredes jugó en “La Justina” y después en “Brisas del Sur” de Mataderos; Rodrigo De Paul empezó a darle a la pelota en el Club Deportivo Belgrano de Sarandí; Giovani Lo Celso empezó a jugar en el Club Atlético San José de la ciudad de Rosario y Lionel Messi arrancó con su magia en el Club Abanderado Grandoli, también de Rosario.

Lautaro Martínez, en el Club Liniers de Bahía Blanca; Thiago Almada empezó a jugar en el club “Santa Clara” del barrio Fuerte Apache, la tierra de Carlos Tevez. Alexis Mac Allister, de una de las escuelas más importantes de la Ciudad de Buenos Aires, como el Club Social y Deportivo Parque. Nicolás González también arrancó en Parque, pero después se fue a Sportivo Belgrano.

Exequiel Palacios, del Club de la Junta Vecinal de José Ingenieros, de la localidad bonaerense de San Martín; Lisandro Martínez arrancó en el Club Urquiza y después se fue al Libertad de Gualeguay, en la provincia de Entre Ríos.

Nicolás Tagliafico, que nació en Rafael Calzada, en la provincia de Buenos Aires, y jugó en el Club Villa Calzada; Valentín Barco deslumbró en el Club Atlético Sportivo de 25 de Mayo. Giuliano Simeone empezó de manera recreativa en su infancia en el Club GEBA, de Buenos Aires, y José Manuel López, en el Club Atlético El Progreso, de la localidad correntina de San Lorenzo.

Porque ahí nadie se rinde. Mañana empieza todo de nuevo: algunos más tristes, otros con bronca y otros con la misma alegría de siempre. Pero la máquina de campeones y subcampeones del mundo no se detiene por nada.

Así que, amigos, amigas, se puede tardar más o menos en volver a una final; también podemos poner un poco la energía en otra cosa que nos fortalezca como colectivo social, y también pegar un ojo y ver ahí, donde no cabe ninguna duda, que la potencia deportiva, social y cultural no se va a detener y va a generar otros campeones de América y del Mundo. No tengan dudas.

 

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: