¿Riesgo Político o falta de pragmatismo económico?: la calle no despega y Milei no la quiere ver
El establishment y el FMI ponen la lupa sobre el cepo, las reservas negativas, un superávit cuestionado y una actividad interna paralizada contradicen el optimismo oficial. Las razones detrás de un mercado que no termina de validar el plan de Milei.
- abril 21, 2026
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El soporte que encuentra el descenso del riesgo país es el tema que desvela a las autoridades económicas del gobierno de Javier Milei. El ministro Luis Caputo afirma haber realizado todo lo necesario para lograrlo con el fin de acceder al mercado de capitales y llevar la economía a un siguiente nivel. Esto permitiría cambiar el perfil de vencimientos de la deuda externa e inyectar mayor liquidez, lo que daría un fuerte impulso a la economía y atraería capitales privados. El ministro atribuye las causas de esta situación a factores netamente políticos asociados a la desconfianza persistente de un eventual retorno del peronismo al poder. Sin embargo, existen diversos aspectos y decisiones estratégicas del plan que el ministro soslaya y en los cuales tanto el mercado de capitales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) ponen el acento. Esto marca una grave disociación entre el diagnóstico de la principal autoridad económica del país y la visión del establishment.
En primer lugar, persiste la principal medida económica que ha impedido el crecimiento del país durante más de quince años: el cepo cambiario.
Actualmente, se mantiene un «pequeño cepo» para las personas físicas materializado en ciertas trabas para acceder a la compra del dólar oficial (o dólar ahorro). No obstante, el mayor obstáculo reside en el «gran cepo» que afecta la operatoria de las empresas que no han podido distribuir las ganancias obtenidas ni tienen libre acceso al mercado cambiario.
La fragilidad de las Reservas Internacionales
En relación con el mercado de cambios, la dinámica del dólar y las reservas, existe un punto central de fragilidad económica vinculado a la capacidad de honrar la deuda futura: el nivel de reservas internacionales del Banco Central. Al analizar los agregados en términos brutos, la relación entre las reservas y el Producto Bruto Interno (PBI) es ínfima comparada con el promedio de América Latina. Para alcanzar el estándar regional, Argentina debería contar con aproximadamente 100.000 millones de dólares en reservas, cuando hoy posee cerca de 45.000 millones.
Aún más relevante para la sustentabilidad de la deuda son las reservas netas, aquellas de las que el gobierno dispone libremente para, por ejemplo, pagar deudas. Argentina convive con una posición de reservas netas fuertemente negativa, de aproximadamente 10.000 millones de dólares. El Banco Central compra pero no acumula, no suma, no robustece su posición de solvencia, lo que evidencia un flujo de salida constante de similares proporciones.
La debilidad del mercado interno, que no logra reactivarse y enfrenta serios riesgos de caer en una recesión es otro factor de vulnerabilidad observable. Se trata de una economía que funciona a dos velocidades: una parte crece, mientras que la otra corre el riesgo de incluso decrecer.
La debilidad del mercado interno, que no logra reactivarse y enfrenta serios riesgos de caer en una recesión es otro factor de vulnerabilidad observable. Se trata de una economía que funciona a dos velocidades: una parte crece, mientras que la otra corre el riesgo de incluso decrecer. Este escenario impacta en la proyección futura de la recaudación fiscal, ya que el sector vinculado al mercado interno es precisamente el que aporta la mayor recaudación.
Sustentabilidad del superávit
Finalmente, la calidad del superávit fiscal también aporta riesgos a su consolidación vinculados a la sustentabilidad del ajuste (apoyado fuertemente en recorte de inversiones estratégicas y de infraestructura básica) y al artilugio de excluir a los intereses de la deuda en pesos (derivados de las famosas LECAPS) en el cálculo final de las cuentas del Estado.
La encrucijada del gobierno trasciende la mera desconfianza hacia el ciclo político argentino. Mientras el Palacio de Hacienda se escuda en el «riesgo político» como el único responsable de la brecha financiera, los datos sugieren una realidad más compleja: un falta de pragmatismo económico para resolver problemas estructurales como el cepo y la alarmante fragilidad de las reservas netas. Si «la calle no despega» es porque el soporte técnico del plan aún genera dudas que Milei no quiere ver, postergando la confianza necesaria para que el mercado de capitales finalmente valide su gestión.
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