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Los obispos piden que “la persona humana nunca sea la variable de ajuste”

En el documento final de la Semana Social realizada en Córdoba, los obispos católicos reafirmaron su compromiso con la justicia social y prometen caminar junto al pueblo “escuchando el clamor de la tierra y de los pobres”. Sostienen que “la unidad supera al conflicto” y subrayan que la paz es fruto de la justicia y se cimenta en la verdad histórica.

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El hombre seleccionado en la imagen es Monseñor Dante Gustavo Braida, un destacado clérigo de la Iglesia Católica en Argentina.

La Pastoral Social de la Iglesia Católica emitió un documento al término de la Semana Social que concluyó el domingo y que por primera vez se realizó en Córdoba, para expresar que “el bien común no es una abstracción teórica”  sino “la forma social de la dignidad humana” y que “la justicia social es el criterio estructurador y la herramienta indispensable” para garantizar la equidad “tanto en el punto de partida como en el camino de nuestro pueblo”.

El evento fue encabezado por el obispo de La Rioja, Dante Braida, en su calidad de presidente de la pastoral social nacional, y del mismo participaron aproximadamente setenta personas entre académicos, dirigentes políticos, empresarios y sociales. Entre los oradores estuvieron también el presidente del episcopado, el arzobispo mendocino Marcelo Colombo, el cardenal Ángel Rossi, cardenal de Córdoba -presidente y vice de la Conferencia Episcopal, respectivamente- y el obispo de Quilmes, Carlos Tissera.

El documento, que reafirma la postura eclesiástica sobre la justicia social y analiza diferentes temas relativos a la crisis que atraviesa la sociedad argentina, resulta especialmente significativo a poco más de dos meses de la llegada al país del papa León XIV. Al respecto el texto de la Pastoral Social sostiene que la visita papal “nos convoca a disponernos al encuentro: recuperar la escucha y reconocernos corresponsables de una misma casa y de un destino compartido”.

Ahora la Pastoral Social afirma que “el acceso al alimento, a la vivienda, el trabajo digno, la educación y el acceso a la cultura, la salud, el transporte, la libre circulación de las informaciones, la tutela de la libertad religiosa, la salvaguardia del medio ambiente, la paz y el ordenamiento jurídico no son variables abstractas, sino exigencias concretas de la dignidad humana que debemos custodiar”.

Para los obispos católicos “el trabajo es el gran ordenador de la vida y una senda de realización personal” y piden que “la persona humana nunca sea variable de ajuste ante la eficiencia o el lucro”.

En una clara alusión a la crisis de la morosidad que ha ganado el centro de la atención pública en las últimas semanas, el documento episcopal señala que “queremos caminar estrechamente junto a nuestro pueblo, compartiendo el desvelo de tantas familias que, a pesar de esforzarse en múltiples empleos, se ven obligadas a asumir compromisos económicos y financieros que escapan a sus posibilidades reales”. Al tema se había referido el arzobispo Colomb reclamando una propuesta de salida al problema, después que el presidente Javier Milei afirmara que, por tratarse de un “asunto entre privados”, el Estado no tiene que intervenir.

El documento de la Pastoral Social afirma que “el acceso al alimento, a la vivienda, el trabajo digno, la educación y el acceso a la cultura, la salud, el transporte, la libre circulación de las informaciones, la tutela de la libertad religiosa, la salvaguardia del medio ambiente, la paz y el ordenamiento jurídico no son variables abstractas, sino exigencias concretas de la dignidad humana que debemos custodiar”.

Otra de las preocupaciones abordadas por el documento episcopal está referida al aumento de los suicidios. “Nos conmueve profundamente el sufrimiento silencioso expresado en la ansiedad y el aislamiento social -dice el texto de la Pastoral Social-, y nos comprometemos a no ser indiferentes ante el crecimiento de la tasa de suicidios, especialmente de adolescentes y jóvenes”. Y más allá de ello se hace mención al “flagelo de las apuestas on line” para recordar que “apostar no es un juego” y reivindicar la importancia de las capillas, los clubes de barrio y colegios como “comunidades indispensables para ordenar los impulsos, cuidar la interioridad y reconstruir la vida fraterna”. 

En otro párrafo los obispos dicen que “junto a quienes protegen los humedales, defienden el agua, el alimento sin derroche, recordamos descuidar la naturaleza es una falta de caridad y justicia hacia el prójimo” reconociendo su vez “la importancia de la tierra y el ambiente en la identidad del los pueblos originarios”.

En la declaración hubo también lugar para una referencia al 50 aniversario del golpe de Estado, después que los participantes hicieran una visita a la Casa de la Memoria en Córdoba. “Reafirmamos -dice el texto de Pastoral Social- que la paz verdadera es fruto de la justicia y se cimenta sobre la verdad histórica”. Y al honrar el testimonio de los “mártires riojanos” se recuerda palabras del beato obispo Enrique Angelelli, asesinado por la dictadura militar, quien sostenía que “la justicia social es un camino de fraternidad que debemos custodiar activamente”.

El documento finaliza con el pedido de “construir puentes para el bien común” y con un ruego a la Virgen y al Santo Cura Brochero, para que “nos enseñen a mirar la historia desde abajo para seguir tendiendo puentes de encuentro en esta magnífica humanidad”.

 

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