Argentina / 22 abril 2026

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Luján: el mensaje que Milei no quiso escuchar

Justicia social y periferias: el Episcopado marcó la cancha en el aniversario de Francisco. El legado del Papa incomoda al oficialismo. Sin alzar la voz, Colombo recordó que Francisco se la jugó por los pobres, los descartados y la causa de la paz y la justicia.

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Luján: el mensaje que Milei no quiso escuchar

La misa convocada por los obispos argentinos en la basílica de Luján para recordar –a un año de su muerte– la trayectoria de Francisco, el primer papa argentino y latinoamericano de la historia de la Iglesia Católica, concentró las miradas no solo del mundo religioso sino también del espectro político en general. Los ojos y los oídos no estaban puestos solo en quienes se harían presentes en la ceremonia y en lo que diría en su homilía el presidente del Episcopado, el arzobispo Marcelo Colombo, sino en la consecuencias sociales y políticas de lo que allí aconteciera. 

Se sabía que el presidente Javier Milei –de viaje en Israel– no iría al acto religioso. Se lo comunicó el canciller Pablo Quirno al secretario general del episcopado, el obispo Raúl Pizarro, en una visita informal que el canciller realizó la semana anterior a la sede de la Conferencia Episcopal. El viernes pasado el presidente le envió una carta a Colombo para enviar un “cordial saludo” en la fecha “significativa en la que recordamos la partida a la Vida Eterna de Su Santidad Francisco”. En la misma misiva, Milei –que en reiteradas ocasiones tuvo palabras muy descalificativas contra Bergoglio– valoró “positivamente” sus encuentros con el papa fallecido.

En la nota destacó la “lucha de Francisco para proteger la vida desde la concepción” y “promover el diálogo interreligioso”. Ni una palabra sobre la justicia social, la opción por los pobres, el cuidado de la casa común, los derechos humanos, el respaldo a los movimientos sociales y los “descartados” que han sido centrales en el magisterio de Francisco. 

En Israel, el martes por la mañana, Milei se acercó al Santo Sepulcro. Aquí, desde la Casa Rosada, se dejó trascender que fue en reconocimiento y en memoria de Francisco. El presidente prefirió guardar silencio cuando fue interrogado sobre el tema por la corresponsal de La Nación, Elisabetta Piqué.

En Buenos Aires, la noche anterior, a través del subsecretario de Culto, Agustín Caulo, el gobierno le había confirmado al episcopado que los ministros Manuel Adorni, Alejandra Monteoliva, Federico Sturzenegger, Diego Santilli, Carlos Presti, Mario Lugones y Sandra Pettovello participarían de la misa de Luján.

Por la suya, Victoria Villarruel aseguró también su presencia. 

Evidentemente la evaluación del oficialismo fue que no lo beneficiaría dejar vacío ese lugar cuando, como estaba previsto, la oposición política –pero también la dirigencia sindical y los movimientos sociales– se congregarían en un acto que –aunque no fuese pensado de esa forma— podría haberse convertido en una demostración de suma de fuerzas opositoras al gobierno. También en respaldo a la jerarquía de la Iglesia que ha sido crítica con las políticas oficiales y que intentó –sin éxito– ponerle freno a iniciativas del oficialismo en cuestiones como la baja de edad de imputabilidad de los menores en conflicto con ley, las reformas de la ley laboral y de la protección de glaciares, entre otras. Una jerarquía que también reprochó públicamente la represión contra los jubilados, los trabajadores de la salud y las personas con discapacidad que reclamaron por sus derechos. 

En su homilía el presidente del Episcopado Marcelo Colombo destacó las virtudes del fallecido papa Francisco e hizo eje en algunos aspectos centrales de su magisterio. Dijo que “Francisco puso de manifiesto, con audacia evangélica, su ministerio pastoral en favor de toda la humanidad, especialmente en las periferias existenciales”.

Hasta Luján llegaron Adorni y los suyos. A su lado también estaba el presidente de Diputados, Martín Menem. Villarruel nunca estuvo en el templo. La vicepresidenta aseguró a los medios que su faltazo se debió a que se había congregado “lo peor de la casta política”.

Axel Kicillof, junto a la mayoría de sus ministros y muchos intendentes, estuvo sentado en el primer banco del ala izquierda de la basílica tomando como referencia el altar principal. También se lo vio al senador Wado de Pedro, habitual “embajador” de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Los funcionarios de La Libertad Avanza estaban ubicados en el ala derecha. 

Entre la multitud que poblaba la basílica se mezclaron dirigentes políticos de diferentes alineaciones partidarias. Afuera, en la explanada, había referentes sindicales y de movimientos sociales. 

Llegado el momento Colombo encaró su homilía –cuyo texto no había trascendido hasta entonces—destacando las virtudes del fallecido papa Francisco y haciendo eje en algunos aspectos centrales de su magisterio. Dijo que “Francisco puso de manifiesto, con audacia evangélica, su ministerio pastoral en favor de toda la humanidad, especialmente en las periferias existenciales”. Subrayó que Bergoglio aspiraba a que  “estas personas que están ahora en la periferia se conviertan en protagonistas del cambio de la sociedad”. Y recordó que “Francisco nos propuso asumir los desafíos pastorales que conllevan la situación de los excluidos, descartados, así como el protagonismo de los movimientos sociales articuladores de la solidaridad profética de los pobres”.

Dijo también que el papa argentino “se jugó hasta el final de sus días por la sublime causa de la paz, sobre todo en sus reiteradas apelaciones a la construcción de una sociedad más justa a través de la interacción comprometida de los distintos sectores y dirigencias”. E incorporó a su discurso un párrafo que Bergolio pronunció en su encuentro con los movimientos populares en el Vaticano en 2024: “Nuestro camino sigue soñando y trabajando juntos para que trabajadores tengan derechos, todas las familias techo, todos los campesinos tierra, todos los niños educación, todos los jóvenes futuro, todos los ancianos una buena jubilación, todas las mujeres igualdad de derechos, todos los pueblos soberanía, todos los indígenas territorio, todos los migrantes acogida, todas las etnias respeto, todos los credos libertad, todas las regiones paz, todos los ecosistemas protección”. Este es “el camino correcto” afirmó entonces Francisco y ahora repitió Colombo.

El presidente del Episcopado insistió varias veces en la importancia y en la necesidad del diálogo porque -dijo- “la falta de diálogo implica que ninguno, en los distintos sectores, está preocupado por el bien común, sino por la adquisición de los beneficios que otorga el poder, o en el mejor de los casos, por imponer su forma de pensar”.

Y se lamentó porque no se lo trató bien a Francisco en la Argentina. Hemos sido “mezquinos como sociedad e incluso como iglesia, al no acoger sus propuestas bien inspiradas, al desconfiar y retacear nuestro apoyo a tantas iniciativas en favor de nuestro pueblo”. Por eso, agregó, “nos queda aprender de una buena vez y no seguir castigándonos con la indiferencia, el desinterés, la agresividad permanente en el lenguaje y los gestos violentos”.

¿Por qué no estuvo Milei en Luján? Porque no quería escuchar este discurso de parte de Colombo hablando en nombre de los obispos. Porque al presidente le molesta sin duda que se le recuerde que las convicciones y las propuestas de quien, según él reconoce, “ha sido el argentino más importante de la historia” contradicen de manera terminante su pensamiento político, social y económico.

Y porque prefirió viajar por tercera vez a Israel para ratificar su alianza con Benjamín Netanyahu, y gozar los aplaudidores que le coleccionó en aquel país su amigo guerrerista. En Israel sería fruto de agasajos y recogería aplausos cómplices. En Luján, aunque sin nombre propio, hubo afirmaciones y sentencias que le molestan y que prefiere no escuchar. 

Pero la noche no terminó con el acto de Luján, del que los funcionarios se retiraron de manera apresurada sin hacer comentarios. A última hora del día la Conferencia Episcopal le envió una carta a Milei para agradecerle su misiva, para insistir en que Francisco promovió “la cultura del encuentro”, la importancia de “trabajar por el bien de nuestros pueblos” y para expresar el deseo de los obispos de que la celebración en la basílica haya sido “un punto de partida para renovar los vínculos fraternos entre todos los argentinos, como parte de un mismo pueblo”.

 

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