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Los tres monos ¿sabios?

De símbolo de sabiduría a mecanismo de control: un análisis sobre cómo el poder manipula relatos, tecnología e imaginario colectivo para inhibir el pensamiento crítico. Por qué la organización comunitaria sigue siendo la respuesta frente a las nuevas trampas del algoritmo.

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Estas son esculturas de los tres monos sabios realizadas en madera.

 “Así hicieron los dioses. Así hacen los hombres”

El mito del eterno retorno, de Mircea Eliade



El trío de monos del santuario Toshogu solía considerarse epítome de sabiduría. Se dice que Occidente tergiversó la profundidad de su mensaje al sintetizarlo: “No ver, oír y callar”.

Los consejos serían: “No escuchar lo que lleve a malas acciones”, “No naturalizar las malas acciones como algo natural” y “No hablar mal de nadie sin fundamento”.

Se creía que su cumplimiento fomentaba el respeto mutuo y el trabajo en equipo.

Las directivas se basan en un mito. Los tres monos fueron enviados por los dioses a la tierra, con la misión de evitar las malas acciones humanas. Kikazaru, sordo como una tapia, estaba encargado de verlas e informarlas al mono ciego Mizaru. Ni lerdo ni perezoso, Mizaru las susurraba a Iwazaru, el responsable de juzgar y aplicar los castigos. Posiblemente, su mudez justificara la carencia de explicaciones o la definición de “malas acciones” y los motivos del extraño procedimiento.

En cambio, la moraleja es clara y directa.

Los seres humanos deben abstenerse de prestar atención, comentar o castigar las malas acciones… tres ejercicios reservados a los elegidos por los dioses.

Por cierto, los mitos apenas disimulan su función de fábulas.

La curiosidad de este relato es la propuesta simultánea de un modelo de conducta que excluye al pensamiento crítico y la descripción de un paradigma de espionaje.

 

Trabajo de monitos

Aunque se ignore el objetivo pedagógico de las imágenes en un templo; unos pocos datos más profundizarán las dudas sobre la inocencia de los monitos.

La construcción del santuario se realizó entre 1617 y 1636, en Nikko, cerca de Tokio y en homenaje al fundador de la dinastía Edo.

Es decir, en pleno periodo Sakoku (1), próximo al castillo y a la memoria, del célebre Shogun y comandante general, Tokugawa Ieyasu.

La información aprueba leer al grupo simiesco como nítidas advertencias. 

Otras referencias culturales confirman la sospecha.

Varios estudiosos consideran que los simios de Nikko guardan estrecha relación con la famosa novela china del siglo XVI, “Viaje al Oeste”.

La ficción relata las aventuras del mágico guerrero mono Sun Wukong, y fue inspirado en otros dos héroes; el dios chino Wuzhiqi y Hanumán, Rey Mono del libro sagrado Ramayana.

En suma, tres héroes valientes y populares que se rebelaron ante las injusticias y privilegios de los dioses, fueron sustituidos por tres promotores del “no-te-metas”.

Si estas antiguas trampas no sorprenden al lector, es porque, en nuestra época, se han multiplicado monerías similares.

El objetivo de los estímulos a la confusión humana continúa siendo el mismo: la apropiación del imaginario popular; y continuamos sufriendo toxinas subjetivas y sus efectos sociales, políticas y económicos. 

Si bien, contamos con modernas herramientas. Teóricas y prácticas. Para detectarlos; persisten tres problemas.

Las víctimas de la adulteración de símbolos, colores y hechos históricos, tienden a reproducir y aceptar los mensajes directos.

Las farsas son tantas y tan elaboradas que reclaman una agotadora ingeniería de reversa. 

Y no menos importante, como decía una vieja propaganda, se precisan soportes legales y medios de difusión.

En tiempos que el trolleo de las máquinas impide escuchar las voces de la calle, hay que juntarse. Ampliar debates permite justipreciar compañeros y diseñar planes comunes. Los proyectos florecen cuando se respetan los compromisos consensuados en la alegría del abrazo colectivo.

La mano que mece la cuna

Tampoco es sorpresa que los señores feudales procuren controlar las subjetividades.

Para lograrlo, como en Nikko; llevan siglos construyendo poderosas estructuras.

Las novedades tecnológicas cumplen metas similares y con alcance mundial.

El ciberespacio opera de nodriza sobreprotectora y ofrece gratis (2), “todo lo que se necesita”. 

A cada actualización de aplicaciones, algún algoritmo se ocupará de ajustar los perfiles de usuario.

Nunca se detuvieron en el mercadeo de productos y servicios.

Ahora, se nota mucho porque imprimieron mayor velocidad al modelaje de gustos y elecciones.

Una rápida mirada a las redes exhibe un suministro constante de violencia, miedos y despliegue de conflictos.

Vale subrayar que la difusión de prejuicios y discriminaciones solo está al alcance de los pequeños clientes de las redes; cuando los delegados de los dioses así lo permiten. La democracia les resulta cada vez más incómoda. 

 

¿Entonces?

Tal vez, el primer paso es reconocer que las batallas culturales nunca se ganan ni pierden del todo.

Hacia adelante, es tan significativo develar los mensajes; cuanto asumir el desafío de nuevas estrategias.

En este estadio del conocimiento global y ante el contraste de recursos materiales, debe destacarse que la principal materia prima de los proyectos de comunicación no son los emprendedores solitarios.

Las mismas grandes corporaciones, que se auto adjudican el derecho a representarnos, existen gracias al esfuerzo colectivo que representan los Estados nacionales. 

Es raro que el talento para los negocios incluya gratitud.

No son argumentos románticos.

Todavía hoy se surten de las investigaciones que producen prestigiosas universidades; públicas y privadas, (nunca del todo), del apoyo común.

Otra condición ineludible es la organización de equipos multidisciplinarios.

Los desarrollos eficientes (para bien y para mal) suman sapiencias y destrezas de ciencias exactas y ciencias sociales

Hasta Charles Darwin, súbdito leal del Imperio Británico, admitió que los mamíferos están condicionados a sumar voluntades para sobrevivir o abordar grandes proyectos.

Monos y humanos requieren la participación solidaria en comunidades mayores.

Alcanza un repaso a la historia universal para registrar que el amor (y no el odio) ha impulsado el bienestar de una especie tan frágil, como la humana.

En tiempos que el trolleo de las máquinas impide escuchar las voces de la calle, hay que juntarse.

Ampliar debates permite justipreciar compañeros y diseñar planes comunes.

Los proyectos florecen cuando se respetan los compromisos consensuados en la alegría del abrazo colectivo.

Es así y por eso, que “Las Malvinas son Argentinas” y “La Patria no se vende”.


  • El Sakoku o “política exterior de aislacionismo” tenía por objeto aislar al Shogunato de cualquier influencia extranjera.


  • El precio se paga en migraciones forzosas, recursos naturales y privación de justicia social. 

 

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