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La movilización como respuesta
Frente al aumento de la pobreza y la parálisis política, la movilización popular y la resistencia colectiva emergen en las calles como la única alternativa para torcer el rumbo del país. La oposición tiene la obligación de ser alternativa, antes de que sea demasiado tarde.
- agosto 9, 2026
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Esta semana, como tantas en la Argentina, terminó siendo crucial. Pensaba en la consigna: “resistir, resistir, resistir”, como un mantra pronunciado al infinito cuando sentimos que nos falta el aire y nos flaquean las fuerzas para convivir con tanta crueldad y destrucción planificada. Pero no alcanza con resistir pasivamente, porque en algún momento esa energía necesaria para soportar la realidad se agota. Además de resistir hay que hacer, proponer, salir a la calle – como venimos reclamando desde esta columna quincenal- golpear puertas de despachos, incomodar a los que tienen responsabilidad, señalarlos y denunciarlos hasta que tengan que abandonar los cargos que pasan a ser de privilegio porque traicionan la voluntad popular. Porque en la Argentina siguen creciendo la pobreza y la indigencia, como lo acaba de registrar una nueva medición del Observatorio de la Deuda Social de la UCA en donde se informa que “la pobreza frenó su tendencia a la baja y aumentó al 30% en el primer semestre del 2026, lo que implica el sufrimiento de 600.000 personas más. Y también la indigencia que escaló al 6,5%”.
Más allá de la estadística, quienes ponen el cuerpo cotidianamente para acercar un plato de comida a los sectores más pauperizados, muchas de las personas que donaban tiempo, dinero y alimentos, hoy son comensales porque a ellos también les ha llegado la mishiadura, según su propio y doloroso relato. También está claro que los tiempos de destrucción y entrega son más veloces que la generación de conciencia. Sin embargo, nos vamos dando cuenta del fenómeno que produjo el Mundial y el efecto de la bandera sostenida por parte del seleccionado que decía: “Las Malvinas son Argentinas”.
Algo ocurrió allí. Lo que no hizo la política tradicional y profesional lo despertó un equipo de fútbol. De pronto un nacionalismo sano, la defensa del territorio, los bienes materiales y simbólicos de una Nación y la Patria aparecieron en primer plano y produjeron una dinámica que culminó en el espacio público ganado por miles de ciudadanos en distintos momentos que demostraron que poner el cuerpo y movilizarse no es en vano y que, como lo cuenta la historia de la humanidad, las victorias se construyen en la calle para derrotar a los tiranos.
Lo que no hizo la política tradicional y profesional lo despertó un equipo de fútbol. De pronto un nacionalismo sano, la defensa del territorio, los bienes materiales y simbólicos de una Nación y la Patria aparecieron en primer plano y produjeron una dinámica que culminó en el espacio público ganado por miles de ciudadanos.
Agosto arrancó con un paro docente en todos los niveles de la educación, con resultados dispares según las provincias, pero que no fue menor a la luz de la amenaza del gobierno de aplicar sanciones contempladas en la mal llamada ley de modernización laboral, a quienes no garantizasen el 75% del servicio habitual.
Distintas encuestadoras que pulsan el estado anímico de la población dan cuenta de que hay un 50% de la población que no soporta más ajuste económico (QSocial) y Zuban Córdoba contabiliza que un 60% de los consultados votaría por un cambio de gobierno.
Desde mi percepción aún no aparece claramente cuál es ese cambio y quién lo encarnaría. El Presidente, que también mira las encuestas, vuelve a recostarse en su estrategia de agresión, descalificación e insultos, intentando separarse de la política tradicional aunque hoy es más difícil para él no aparecer como “la casta”, cuando tiene a su gobierno cooptado por el PRO y los viejos dirigentes como Santilli, Bullrich, Caputo y Sturzenegger, entre muchos otros que ocupan lugares estratégicos de la administración. Ya está claro que a diferencia de la frase “donde hay una necesidad hay un derecho”, en el caso de gobierno “donde hay una ley hay un negocio para Milei y sus socios”.
En la oposición las cosas no están mejor. Sin embargo comienzan a escucharse algunas voces que más allá de hablar de la interna se están ocupando de decir qué harían si llegasen al poder. El gobernador de la Rioja, Ricardo Quintela, aún sabiendo que sus palabras espantarían al poder real, -además de al PJ- y sonarían a música celestial para quienes están esperando que los convoquen, dijo esta semana que si llegara el peronismo a gobernar “revisará todo lo que deba revisarse, si hay que nacionalizar se hará y si es necesario expropiar se expropiará”.
Quizá Quintela hoy sea uno de los que mejor está leyendo lo que pasa en la calle. La movilización contra la ley de inviolabilidad de la propiedad privada bajo la lluvia, con una represión feroz dio cuenta de que hay muchos y muchas que están dispuestos a defender a la patria, que la soberanía sigue siendo un valor y un activo a cuidar, defender y proteger contra los intentos cipayos de vender y extranjerizar todo lo que le permitirá a la Argentina crecer con desarrollo autónomo y posibilidades para la gran mayoría de la población.
Fueron los docentes primero, luego los profesionales prácticos y quienes pilotean los buques que paralizaron el comercio exterior e hicieron retroceder al gobierno. Luego miles de hombres y mujeres en las inmediaciones del Congreso que lograron sacar del proyecto de ley el capítulo de venta de tierras a extranjeros y manejo de ley de fuegos. Falta mucho, pero la Patria vuelve a estar presente a través de sus ciudadanos que entienden que es mejor salir a la calle que quedarse en casa deprimiéndose, que la realidad se puede modificar, que el presente puede torcerse y que no son pocos los que están dispuestos. Como siempre la dirigencia oficial y opositora deberá leer lo que está pasando, cómo encauzar tanta conciencia que crece y ofrecer una salida ordenada, porque de lo contrario el caos y la violencia pueden ser excusa para limitar más a una democracia que agoniza. Ya lo vimos también en la calle, esa es la única respuesta del gobierno. La oposición tiene la obligación de ser alternativa, antes de que sea demasiado tarde.
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