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Intervención de la UOM: un conflicto que se nacionaliza y marca el ritmo de lo que vendrá

La decisión de la Justicia de anular las elecciones e intervenir la UOM sacudió al sindicalismo. Luego del golpe, el oficialismo de Abel Furlán denuncia una persecución política del gobierno y Techint. El gremio apuesta a la movilización para revertir el fallo.

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Uom intervencion 2

El viernes una bomba judicial sacudió el mundo sindical. La decisión de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo de anular las elecciones de la  Unión Obrera Metalúrgica (UOM) e intervenir el gremio encendió las alarmas. Luego del golpe, el oficialismo metalúrgico de Abel Furlán intenta revertir la medida a través de una respuesta política, ubicando al gobierno como el principal responsable. Muchos temen que esto pueda extenderse a otros gremios.

El 18 de marzo pasado todo era sonrisas para Abel Furlán. Había logrado la reelección al frente de la UOM por amplio margen y su figura se posicionaba como una de las referencias opositoras a Javier Milei. Frente a un auditorio colmado de dirigentes metalúrgicos daba un mensaje a propios y extraños: “El escenario por delante es de mucha conflictividad porque estamos viviendo lamentablemente en un territorio en disputa”.

Aquel día Furlán fue apoyado en el Colegio Electoral del gremio por 48 de las 53 seccionales de todo el país. Solo se manifestaron en contra las de Capital, San Nicolás, Villa Constitución, Santa Fe y La Plata. A pesar del nivel de apoyo, había un peligro latente que el oficialismo metalúrgico prefirió minimizar. La oposición de la lista Naranja –con el apoyo de la empresa Techint– había logrado antes de la votación una cautelar judicial que ordenaba posponer la votación de la conducción de la UOM por supuestas irregularidades en los comicios de Campana. “Estos cuestionamientos ya fueron resueltos en otras cautelares similares”, afirmaban cerca de Furlán. La elección se hizo igual. Dos meses después, la Justicia la anuló.

La reacción de la lista de Furlán fue denunciar un “ataque institucional” y acusar a la oposición de buscar “conseguir en los juzgados lo que no logró en las urnas”. Para ellos, el verdadero orquestador de la movida es el gobierno nacional y el conglomerado Techint. “La intervención judicial no nació hoy. Es el desenlace de una operación política, judicial y empresaria que venimos denunciando desde hace meses y que tuvo siempre un único objetivo: disciplinar a la UOM”, denunciaron en un comunicado. Algunos argumentos a favor no les faltan.

Quienes firmaron el fallo que anuló las elecciones de la UOM, removió a la conducción electa e intervino el gremio fueron dos jueces muy cuestionados por el sindicalismo. Se trata de Víctor Pesino y María Dora González, quienes semanas atrás reactivaron la vigencia de la reforma laboral luego de dejar sin efecto una suspensión dictada por un juzgado inferior. El día después, el gobierno pidió la continuidad de Pesino en la Cámara a pesar de que llega a los 75 años, la edad que lo obliga a jubilarse. La CGT denunció ese acto como un “pago” por el fallo a favor del gobierno. Es difícil no vincular ambas cosas. La UOM lo hizo y salió a denunciarlo tras la intervención. 

La reacción de la lista de Furlán fue denunciar un “ataque institucional” y acusar a la oposición de buscar “conseguir en los juzgados lo que no logró en las urnas”. Para ellos, el verdadero orquestador de la movida es el gobierno nacional y el conglomerado Techint.

Una intervención que se nacionaliza

Hasta ahora el gobierno optó por el silencio. Ante las acusaciones mueve la cabeza de un lado al otro y niega estar implicado. “Es un tema de la justicia”, dicen por lo bajo. Pero el sindicalismo en su conjunto los señala y vincula la intervención con otros fallos favorables al gobierno, como aquel que consiguió que las causas contra la reforma laboral pasen del fuero laboral al contencioso administrativo, como quería el Ejecutivo.

Los únicos dirigentes sindicales que salieron a festejar la intervención fueron, obviamente, de la oposición Naranja. “A los gremios: cualquier apoyo a Furlán no es solidaridad, es bancar a un tipo que usa la UOM para sus negocios personales”, advirtieron. Pero nadie los acompaña.

Rápidamente, Furlán sumó apoyos en el sindicalismo y la política. La CGT rechazó la intervención en un comunicado breve: “Intervenir un sindicato es atacar la autonomía de las y los trabajadores”. No es un dato menor. Furlán mantiene una relación cordial, pero distante con la actual conducción de la central obrera. En los últimos meses, cuestionó su pasividad durante el debate de la reforma laboral y armó el Frente de Sindicatos Unidos (Fresu), un agrupamiento que actúa autónomamente de la CGT. A pesar de estos gestos mal vistos por el triunvirato, interpretan que la intervención puede extenderse hasta ellos. Por ahora, el apoyo llegó hasta el comunicado, pero la dinámica de la situación política podría motivar mayores acciones.

Quienes más se movilizaron hasta ahora fueron los miembros de Fresu. Es quizás una de las experiencias de oposición a Milei más frescas surtidas hasta ahora. Lo integran sindicatos de la CGT y las dos CTA. Un nutrido grupo de sindicatos se movilizaron hasta la sede central de la UOM para darle un abrazo simbólico. Entre otros dirigentes, estuvieron Daniel Yofra (Aceiteros), Cachorro Godoy y Rodolfo Aguiar (ATE), los tres del Fresu, y dirigentes que no forman parte, pero simpatizan con algunos de sus planteos, como Sergio Palazzo (La Bancaria) y Huguito Moyano, diputado nacional e hijo de líder camionero.

Desde la política, los apoyos más significativos provinieron del PJ Nacional conducido por Cristina Kirchner y del kicillofismo. “Sin autonomía sindical, con persecución y proscripciones, no hay democracia”, afirmó el PJ Nacional en un comunicado y envió al diputado Germán Martínez al abrazo simbólico, del que también participó Walter Correa, el ministro de Trabajo de Kicillof. El gobernador no se expresó públicamente, pero llamó a Furlán y envió a tres de sus ministros al abrazo simbólico. Tal vez sea para no desgastar su figura de cara a las elecciones del año que viene. Pero acompaña sin ponerse a la cabeza del reclamo.

 

La estrategia de la UOM

El oficialismo de Abel Furlán apuesta a torcer el fallo políticamente. Busca nacionalizar el conflicto y movilizar a los propios y a compañeros sindicales y políticos para instalar que el problema no son las supuestas irregularidades en las elecciones en Campana, sino el posicionamiento opositor de la UOM y su rol en el armado del sindicalismo duro. Recurrirán a la Justicia, pero apuestan a la calle como estrategia fundamental.

Uno de los puntos centrales es desconocer la intervención de la Justicia y defender la autonomía sindical. Para ello lanzaron su propio proceso interno de normalización estatutaria. Para ello reunieron al Consejo Directivo en la sede del gremio con la presencia de más de 2 tercios de los secretarios generales de las seccionales de todo el país.

Para la decisión se escudaron en los términos del artículo 22 del Estatuto Social de la UOM y designaron como delegado administrador a Daniel Daporta. En la seccional Campana a Emiliano Gallo, secretario general de la seccional Vicente López.

En paralelo, activaron todos los contactos políticos necesarios para sumar músculo al reclamo de normalización. Una delegación de secretarios generales que integran el Consejo Directivo de la UOM fue recibida por el bloque Justicialista de Senadores.

Si lograrán torcer la intervención está por verse. En parte dependerá del grado de movilización que logren en un país donde, hoy, rige la reforma laboral de Javier Milei.

 

@gonmagliano

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