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García Cuerva en San Cayetano: “No nos resignemos y sigamos apostando por justicia social y salarios dignos”

El arzobispo de Buenos Aires pronunció una homilía en la misa central en santuario porteño de San Cayetano ante una multitud de fieles y columnas de trabajadores que desde allí marcharon hacia Plaza de Mayo. García Cuerva le puso nombre a las penurias que hoy afrontan los más pobres, reclamó a la dirigencia que aporte respuestas concretas a los problemas en base a la justicia social y la dignidad, en base a la doctrina social de la Iglesia predicada por Francisco y León XIV.

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Garcia Cuerva en S Cayetano

En la homilía de la misa en el santuario porteño de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, hizo un radiografía de la situación social y criticó la ineficacia de la política y de sus dirigentes para encontrar soluciones que den respuesta a las necesidades de los pobres. El obispo bendijo en el santuario de Liniers las herramientas de los trabajadores mientras miles de personas desfilaban ante la imagen de San Cayetano para agradecer y pedir favores, la mayoría vinculados con el trabajo y la calidad de vida. 

Durante su alocución el arzobispo no solo expuso con ejemplos concretos los problemas de las personas en su vida cotidiana, sino que demandó respuestas a la dirigencia política, reclamó justicia y volvió a insistir en la importancia de atender a la “doctrina social” de la Iglesia, recordando el magisterio del papa Francisco y de León XIV, quien visitará la Argentina en noviembre próximo.

García Cuerva se refirió a “un pueblo cansado de promesas incumplidas y dirigentes que hablan de los pobres, pero no están cerca de sus necesidades y se dan la buena vida”, el mismo pueblo que “sigue creyendo que el trabajo es un derecho, que el trabajo es dignidad”. Dijo también que ese mismo pueblo “no quiere resignarse a que el trabajo sea una mercancía y que haya que tener dos empleos para llegar a fin a fin de mes, o caer en la trampa de los créditos que endeudan y asfixian a muchísimas familias”.

Dirigiéndose a San Cayetano el arzobispo le presentó “un pueblo creyente con al fe heredada de los abuelos, que sabe que la responsabilidad y la solución concreta de los problemas económicos y sociales la tiene una clase dirigente que a veces parece mirar para otro lado  y poner toda su energía en descalificaciones y debates estériles que no resuelven la vida de nadie”.

Para García Cuerva “estamos un poco paralíticos”, estamos “lisiados” porque “nos duelen las heridas del odio, de la descalificación constante y de la discriminación” y estamos “ciegos” cuando “vemos todo oscuro, desesperanzados, cuando la mirada está empañada de prejuicios, nublada de ideologismos que hacen análisis teóricos que luego se estrellan con la realidad cotidiana que la gente sencilla y de a pie conoce muy bien porque la padece todos los días”.

El arzobispo también hizo referencia también a la resignación que se constata en parte de la sociedad y sostuvo que estamos “mudos” cuando “ya no gritamos lo que nos duele, cuando pasiva y silenciosamente nos resignamos a que las cosas aumentan” y mencionó expresamente “el boleto de transporte público, las tarifas, los alquileres, los alimentos”.  Poniendo nombre a los padecimientos de muchos que lo escuchaban en la fila de acceso al santuario, García Cuerva advirtió que “estamos mudos” cuando “no reclamamos pacíficamente que el sueldo no alcanza, y no decidimos nada ante hermanos que revuelven la basura para comer” quedamos “atragantados de bronca porque parece que el bienestar económico nunca va a llegar al ciudadano común”.

Para García Cuerva estamos “ciegos” cuando “vemos todo oscuro, desesperanzados, cuando la mirada está empañada de prejuicios, nublada de ideologismos que hacen análisis teóricos que luego se estrellan con la realidad cotidiana que la gente sencilla y de a pie conoce muy bien porque la padece todos los días”.

Frente a esta realidad el arzobispo manifestó que pese a ello “somos un pueblo esperanzado” que hace suyas las palabras del profeta Isaías cuando advierte que “se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos. Y elevó su plegaria al santo pidiendo “no ser indiferentes, no maquillar el sufrimiento, no empujarlo debajo de la alfombra para que todo parezca limpio y ordenado”. solicitando a Dios “que nos regale la empatía y la solidaridad, el compromiso y la amistad social”. Y recordó que el papa León XIV sostiene que “la libertad económica no puede ser absoluta y debe medirse en función del bien común y de la dignidad de la persona”, una referencia que, en el caso argentino,  enfrenta de lleno a los lineamientos del plan económico sostenido por Milei y La Libertad Avanza. 

En otro pasaje de su intervención el arzobispo pidió que “en nuestro país se multiplique el diálogo, la multiplique la búsqueda de consensos, se multipliquen las oportunidades laborales para los jóvenes, se multiplique el bien común”. En definitiva, dijo, “que se multipliquen la justicia social, aquella que León XIV define como una forma concreta de seguimiento de Jesús y de fidelidad a su Evangelio”.

Antes de cerrar su participación y mientras las columnas de trabajadores marchaban ya hacia la Plaza de Mayo exhibiendo sus reclamos, García Cuerva expresó “alegría” por la próxima visita del Papa a la Argentina. Y, “para ir preparándonos”, dijo, hizo suyas palabras de León XIV y que el actual pontífice reconoce “heredadas” de Francisco. De esta manera el arzobispo repitió que “en el centro de cualquier dinámica laboral no deben situarse ni el capital, ni las leyes del mercado, ni del lucro, sino la persona, la persona y su bien, respecto  a los cuales todo lo demás es funcional”. Y subrayó, utilizando también palabras de Francisco, esa “centralidad” que está “constantemente afirmada por la Doctrina Social de la Iglesia, debe tenerse muy presente en toda la programación y planificación empresarial, para que los trabajadores y las trabajadoras sean reconocidos en su dignidad y reciban respuestas concretas a sus necesidades reales”.

 

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