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Frenar la extranjerización de la tierra, ¿y ahora qué?

A pesar del repliegue oficialista en la Ley de Tierras, el avance sobre los recursos naturales sigue en marcha. El desafío del campo popular es articular un nuevo proyecto de país que reconecte la soberanía con el acceso a la tierra y la producción.

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Al presidente Javier Milei se lo vio irritado tras la derrota de su proyecto para reformar la Ley de Tierras y de Manejo del Fuego. Tuvo que ceder para que la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada pudiera conseguir la media sanción del Senado, aunque sea desprovista de los capítulos que más le interesaban, pero despertaban mayor rechazo en la población. Sturzenegger parece que se lo tomó con más calma y se fue de viaje al Caribe. Patricia Bullrich fue la encargada de dar explicaciones y Alejandra Monteoliva mantuvo la protesta social a raya con una represión brutal.

En La hora de los depredadores, Giuliano da Empoli apunta que “la política es una profesión entre las más difíciles. Una actividad que expone permanentemente al riesgo de quedar en ridículo y de pasar por imbécil, sobre todo cuando uno no lo es”. No hay que subestimar a los dirigentes del oficialismo, ganarán tiempo con otros temas hasta que las negociaciones con los gobernadores, el clima social y la batalla cultural les aseguren los votos. Si es que eso sucede.

No alcanza con oponerse a la extranjerización de la tierra. La consigna sirvió como tal para unificar la movilización. Las consignas son reduccionistas, eso las hace eficaces para unir voluntades en tiempos en que el campo popular aparece disgregado. Un punto de acuerdo no es poco, pero no es todo. Ni la estrategia del gobierno se limita a esa propuesta, ni la estrategia de la oposición puede contentarse con frenarla.

La Ley de inviolabilidad de la Propiedad Privada, como se la dio a conocer para arrastrar adhesiones ingenuas, está ligada a una serie de medidas que el gobierno sí logró que el congreso dejara pasar, como la reforma a la Ley de Glaciares, la derogación de la Ley de Emergencia Territorial Indígena, la Ley de Bosques, el freno a la Ley de Humedales. A eso hay que agregar el desmantelamiento del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), los programas y organismos encargados de impulsar la Agricultura Familiar.

“Las Islas Malvinas son argentinas, la tierra y los recursos naturales también” es un buen comienzo para armar una alternativa, una ilusión que venga a desplazar la aporía libertaria. Una idea que hay que significar. Lo que viene ahora es encontrar los caminos para que los jóvenes, los trabajadores y los emprendedores puedan acceder a la tierra y los recursos, cuidarlos y aprovecharlos para el crecimiento propio y el desarrollo social.

Además, el proyecto de ley derrotado en la calle por la movilización contenía otros aspectos discutibles, algunos no pasaron, como la reforma a la Ley de Manejo del Fuego que frena la explotación inmobiliaria en terrenos que han sufrido incendios, para desalentar las quemas especulativas.  Otros sí, como limitar la acción del Estado para expropiar tierras en función del bien común o facilitar desalojos exprés de arrendatarios.

“Las Islas Malvinas son argentinas, la tierra y los recursos naturales también” es un buen comienzo para armar una alternativa, una ilusión que venga a desplazar la aporía libertaria. Una idea que hay que significar; el mismo concepto de soberanía requiere actualizarse en tiempos de cambio climático, aumento de la desigualdad y transformación tecnológica. Lo que viene ahora es encontrar los caminos para que los jóvenes, los trabajadores y los emprendedores puedan acceder a la tierra y los recursos, cuidarlos y aprovecharlos para el crecimiento propio y el desarrollo social.

Todavía quedan muchas familias chacareras que accedieron a sus campos gracias a políticas de Estado que buscaban afianzar la agricultura familiar, a los pequeños y medianos productores rurales, sobre todo bajo el peronismo. Eso estimuló el crecimiento de las clases medias y el progreso de las ciudades y pueblos de provincia. El desafío es pensar estrategias para que las nuevas generaciones accedan a la tierra, y puedan volcar allí su trabajo y sus estudios. Acceder a la tecnología necesaria y poder ser parte de su evolución, incorporando talento argentino a las cadenas de valor. Eso necesita un sistema financiero al servicio de la producción, y no especulando sobre la venta de nuestros recursos al extranjero.

Desde mediados de los ’70, se ha intentado convencer a los industriales que vendan o cierren y se dediquen a las finanzas o a importar, ahora quieren convencernos de deshacernos de la tierra.  Con defender las leyes actuales no alcanza. Es necesario un ideario político que involucre a la sociedad en el cuidado y explotación de nuestros territorios; de lo contrario, terminarán, tarde o temprano, convenciéndonos que es mejor dejar la tierra y los recursos en manos del capital extranjero.

 

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