Argentina / 26 septiembre 2026

temperature icon 19°C
Edit Template

“¿Para qué sirven las Naciones Unidas?”

Es una frase pronunciada hace 47 años en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en New York. Si en aquella época interpelaba crudamente a una estructura global que no daba soluciones a los problemas básicos de la humanidad, hoy toma total actualidad en un contexto en el que el derecho internacional y la propia carta fundacional de la ONU dejaron de existir.

Compartir:

Compartir:

La imagen muestra al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante su intervención en el debate general del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2026, según informaron medios como UN News.

El 12 de octubre de 1979, en la XXXIV Asamblea General de las Naciones Unidas, el entonces presidente de Cuba y presidente pro témpore del Movimiento de Países No Alineados, Fidel Castro, cuestionaba la eficacia de la ONU en su rol de organismo responsable de aportar soluciones a la humanidad. “¿Por qué unos pueblos han de andar descalzos, para que otros viajen en lujosos automóviles? ¿Por qué unos han de vivir 35 años, para que otros vivan 70? ¿Por qué unos han de ser míseramente pobres, para que otros sean exageradamente ricos?” se preguntaba Castro, quien añadía otra batería de interrogantes: “(…) Unos países poseen, en fin, abundantes recursos. Otros no poseen nada. ¿Cuál es el destino de éstos? ¿Morirse de hambre? ¿Ser eternamente pobres? ¿Para qué sirve entonces la civilización? ¿Para qué sirve la conciencia del hombre? ¿Para qué sirven las Naciones Unidas? ¿Para qué sirve el mundo?”.

Durante esta semana se ha desarrollado el 81º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, como casi siempre, en Nueva York, ciudad sede de la entidad. Lo que hemos visto y escuchado nos deja la sensación de haber asistido al último de estos encuentros. ¿Qué sentido tiene toda esta puesta en escena? Está más que claro que no vale la pena montar tamaña escenografía para que venga Donald Trump a proclamar que él es el emperador del mundo y que se hará lo que su desquiciado criterio le indique. ¿Para qué dilapidar recursos en este montaje donde el coro de aplaudidores y loros del Occidente imperial alaban y le hacen eco a un señor que se autopercibe como el rey del planeta y sus alrededores?

Para que no queden dudas de que el sistema de relaciones internacionales regido por la ONU fue sepultado definitivamente el 3 de enero de 2026, cuando fuerzas especiales de Estados Unidos secuestraron al presidente venlezolano Nicolás Maduro y a su esposa, la diputada nacional Cilia Flores, el titular de la Casa Blanca vociferó: “En enero, por mi iniciativa, el ejército de Estados Unidos realizó una operación militar enorme, penetrando profundamente en la capital de Venezuela, Caracas. Incursionamos una base militar que estaba muy protegida, que supuestamente estaba a prueba de cualquier ataque. Y detuvimos a un criminal, a un dictador, Nicolás Maduro”. Es histórico: un jerarca imperial se jacta ante los representantes de todas la naciones de entrar de caño a una república soberana, secuestrar a su presidente y a una legisladora, acusarlos de criminales y el mundo sigue andando como si nada pasara.

Tras cartón, Trump reveló el verdadero objetivo de la “operación militar enorme” de enero: “El mes pasado firmamos el mayor acuerdo petrolero de la historia, 65.000 millones de barriles de petróleo. Eso va a beneficiar a Venezuela y a Estados Unidos (…) Las mayores compañías petroleras ya están entrando y las cifras son realmente increíbles. Y cuando combinamos Estados Unidos y Venezuela, eso representa más del 60% del petróleo de todo el mundo. (…) El vencedor se lo lleva todo”. También histórico: el líder de la piratería imperial alardea de hacerse con la principal reserva de crudo del mundo, reconociendo que el que somete a otro por la fuerza tiene potestad sobre sus bienes, y la obra de teatro sigue en escena como si tal.

Un capítulo aparte merece el desempeño de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien desde el atril de la Asamblea General, en su primera intervención como mandataria, y sin mencionar ni una vez a Nicolás Maduro ni lo que pasó con él, agradeció al presidente estadounidense, Donald Trump y a su Gobierno «por su disposición a tomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación». ¿Cooperación con un saqueador serial? Señora: ¿En qué medida se puede “cooperar” con quien se ha declarado su vencedor, el que se “lleva todo”?

En otro pasaje dedicado al barrio, Trump se despachó contra México, asegurando (o más bien amenazando) que “es el epicentro de la violencia de los carteles” y que “es inaceptable que Estados Unidos comparta una frontera de 2.000 millas con un territorio controlado por los carteles de drogas”. También Cuba cayó en la volteada: “Mi gobierno busca un cambio fundamental en la situación en Cuba”. “(Cuba) es un Estado fallido, un Estado fracasado. Ha fracasado como nunca antes y va a caer”, expresó en su mejor tono arrogante, mostrando que “su gobierno” es el que se encarga de ordenar el mundo juzgando qué Estado es fallido y cuál no. Esta vez hubo reflejos dignos y la delegación cubana abandonó el recinto.

¿Para qué sirven las Naciones Unidas? ¿Para que en esa gigantesca vidriera internacional venga Trump a decirnos que el mundo ahora funciona según su antojo? Es evidente que este personaje acaba de anunciar que un nuevo orden mundial -el suyo- está en marcha.

El mandatario estadounidense también anunció la anexión de Groenlandia a los Estados Unidos a través de un convenio de claudicación vergonzoso firmado por Dinamarca que viene a reemplazar el de 1951 y que otorga a Washington el control remoto de esa enorme isla. “Es un acuerdo que suscribimos con el Reino de Dinamarca, un país hermoso e increíble. Y el pueblo de Groenlandia da a Estados Unidos control permanente sobre la seguridad de todo su territorio. Tendremos la capacidad de hacer lo que sea necesario para defender el continente americano, Europa y todos los demás lugares”, dijo Trump. Lo que no dijo es que esta maniobra le permite estar más cerca de intentar cerrar el paso por el Ártico a Rusia. 

Tampoco se privó de calificar a Irán de «terrorista» amenazando con «aniquilar» a la República Islámica, sin que su ya tradicional tono zanahoria subiera a colorado, porque recordemos: fue él, junto con su gran aliado Benjamín Netanyahu, quienes emprendieron un ataque totalmente injustificado contra Irán el sábado 28 de febrero de 2026, cargándose ese mismo día la vida de 120 niños y niñas que estaban tomando clases en la escuela primaria Shajareh Tayyebeh, en la ciudad de Minab. Desde entonces, todo Medio Oriente entró en conflicto creciente y hoy hasta en estas pampas pagamos las consecuencias pues el barril de petróleo no para de subir.

Entonces, ¿Para qué sirven las Naciones Unidas? ¿Para que en esa gigantesca vidriera internacional venga Trump a decirnos que el mundo ahora funciona según su antojo? Es evidente que este personaje acaba de anunciar que un nuevo orden mundial -el suyo- está en marcha. Parece que ha llegado la hora de bajar la persiana de la ONU y crear una organización nueva y eficiente que ponga límites concretos a las prácticas imperiales de un Estado verdaderamente fallido representado por un señor con aspiraciones de dictador planetario.

 

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: